Humor Gráfico, L'Avi, Número 86, Opinión, Xavier Latorre
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Buenos y malos

Por Xavier Latorre / Viñeta: L’Avi. Viernes, 3 de noviembre de 2017

El maniqueísmo radical se sale de momento con la suya. Algunos tipos como el popular Albiol, que pasa revista a los policías acampados en Cataluña, o el republicano Rufián, que habla en cámara lenta, paladeando sus, pretendidamente, ingeniosas frases, van expidiendo carnés como rosquillas de personas buenas o malas, de tipos situados o no en el lado correcto de la Historia.

Cuando Ada Colau no permitió abrir los colegios públicos de Barcelona para votar el 1-O era un ejemplo a seguir para las tropas mediáticas del Gobierno. Esos mismos voceros (mayoría absoluta en los kioscos y en los diales radiofónicos), decidieron hace unos días sentenciar a esa alcaldesa por unas declaraciones ajenas por completo al argumentarlo oficial. Su presencia en el Objetivo de la Sexta soliviantó a más de uno que empezó la cacería contra esa mujer que ha demostrado no casarse con nadie. Ahora toca repudiarla en público no sea cosa que saque más votos de los inicialmente previstos. Los cínicos de guardia obligan a que se le machaque de forma inmisericorde. Ni antes era Juana de Arco ni ahora la bruja Piruja.

El día después del caótico referéndum, la prensa, sobre todo la de Madrid, fue categórica, fue unánime: los Mossos eran unos traidores. El acuerdo en los titulares exhalaba el tufillo a que algunas portadas eran dictadas sin recato desde un oscuro negociado de la Moncloa. La policía autonómica no se había sumado al festín represor, al absurdo golpe de porra, al robo procaz de urnas de plástico made in China. ¡Qué rabia, se negaron a repartir estopa!  El Major Trapero era expuesto ante todos como un secuaz de la subversión y le tocó desfilar ante los tribunales en Madrid. Ahora, su segundo, con el que se hacía escuchitas todo el tiempo, ha sido aupado al cargo, es un héroe y ya toma cervecitas con el ministro del ramo en Madrid. Los periodistas adictos al orden constitucional (donde todo cabe) proclaman que Ferrán López es de los suyos; el otro, un vendido. Ahora escarbarán en las miles de horas de grabaciones registradas entre los 17.000 funcionarios policiales hasta pillar una frase inoportuna con la que lapidarle. Sin embargo, nunca nos enteraremos de las caóticas instrucciones y de algunos improperios que se gastó el coronel Pérez de los Cobos, vaya personaje siniestro, y sus secuaces el día del reparto de las hostias, un señor que ahora no aparece por ningún lado, justo al contrario de su llegada, que desfiló ufano y altivo ante las cámaras de televisión.

El líder socialista catalán Miquel Iceta, otro que tal, era un maléfico político cuando reclamaba hace nada mejorar la financiación autonómica catalana, elaborar un estatuto en el que quepa la mayoría y actualizar la Constitución. Ahora en cambio es un santo, valiente y patriota, por desfilar con Rivera y hacerse una selfi con la plana mayor del PP prendido a una pancarta. Cuando TVE organiza tertulias sin independentistas en el plató es neutral; en cambio, cuando la TV3 lleva a dos invitados, como Montserrat Nebrera, que llaman burros y más cosas a los soberanistas, es una cadena sectaria. Cuando la 1 no conecta en directo o no abre ventanas informativas, cuando se arma la de San Quintín, es una televisión moderada y ecuánime; cuando la catalana monta un despliegue informativo para contar lo que ocurre en las calles se propone intervenirla (se salvó por los pelos). Cuando el delegado del gobierno en Cataluña, Enric Millo, pide disculpas por los heridos y por los posibles excesos en las cargas policiales se lanzan a su yugular, lo desautorizan de lo lindo. Cuando ofrece desde el atril el resumen de lo tratado en un Consejo de Ministros extraordinario celebrado en Barcelona es una persona fiable, responsable y veraz.

Todos son buenos y malos, según las circunstancias del momento. Todos reciben su correspondiente certificado de idoneidad: la alcaldesa socialista de l’Hospitalet o la de Santa Coloma; los consellers que se quedan en Bruselas o los que se han vuelto, el que enseña el voto en el Parlament antes de meterlo en la urna o el que lo lleva plegado entre sus dedos, los empresarios que se han ido de Cataluña o los que se han quedado, el ministro de Justicia o el juez Garzón que disiente de la versión y de la maneras oficiales. Algunos son excomulgados con una rapidez inusitada. Muchos (entre ellos columnistas de prestigio) son despedidos sin contemplaciones o incinerados en una pira hecha con papeles de prensa maniatada y vendida. Los medios extranjeros son buenos o malos según los intereses a los que sirvan sus titulares de portada. Cuando Puigdemont aparece transfigurado de Gandhi es un héroe nacionalista, cuando desaparece como el Lute, o se esfuma como Houdini, es un canalla y un cobarde.

La ONG Oxfam acaba de denunciar que la inversión española en paraísos fiscales se ha multiplicado por cuatro en el último año; eso no interesa. Si merecen prisión los Matas, Mato o Rato, no procede en estos momentos. La reclusión penitenciaria se la merecen otros osados que han aprobado cosas raras en su Parlament sin cuidar las formas y saltándose a la torera algunas reglas básicas. Buenos o malos, ya ven.

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L'Avi

@AviNinotaire

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