Humor Gráfico, Luis Sánchez, Luis Sánchez, Número 88, Opinión
Comentarios 2

A medio cocer

Por Luis Sánchez. Viernes, 1 de diciembre de 2017

Luis Sánchez

Tras el cristal de la ventana, lo veo deslizarse a cámara lenta, va con el andador: es el señor Enrique, un vecino octogenario por el que siento una entrañable simpatía (su hijo, ya fallecido, y yo éramos amigos de la calle). Y me acuerdo de la película No es país para viejos (2007), de los hermanos Coen, con un Javier Bardem que se sale, ¡y que acojona! Y el acojono, ahora, está más que justificado cuando nos paramos a pensar cómo están nuestras pensiones (por cuarta vez consecutiva, sólo aumentan el 0,25% anual). Y, encima, pretenden que optemos por un plan de pensión privado, ¡con los sueldos despeñados que se cobran en este miserable país!

No es el nuestro un país de segundas oportunidades, sino de oportunidades perdidas, de asignaturas pendientes; un país de segunda mano: de remiendos, chapuzas y trapicheos. Y tampoco es el nuestro un país para jóvenes, pues los que pueden (mejor o peor cualificados) se marchan a Europa a buscar trabajo.

Desde el punto de vista psicológico, el orgullo, la envidia, el resentimiento y la inquina nos abren en canal (y eso, por no hablar del Canal de Isabel II –¡menuda reina!– y de sus tejemanejes hidrográficos: operación Lezo y la trama Púnica).

Un país ensimismado, cautivo de su pasado glorioso (reserva espiritual de Occidente y madre patria); un país anacrónico y rancio, en un presente inacabado, un país a medias… “Y todo a media luz, crepúsculo interior…”, que bambolea el tango de Gardel.

La inercia –o mejor, el inmovilismo– nos impide aprovechar todo el potencial (como lugar de paso, de contacto, de mezcla, de unión entre pueblos y culturas) y encaminarnos en la dirección correcta (vertebrar y explotar la riqueza plurinacional).

Un país de espada y cruz, que no sabe sumar ni multiplicar, sino restar y dividir.

Un país de cachiporra y corota que, en un momento de conflicto, apuesta por doblegar al otro antes que dialogar. No hay reconocimiento del otro (la diferencia); el otro debe ser vencido (y humillado). Es el espíritu de conquista, de cruzada, y se exige la rendición sin condiciones. Un patriarcado pastoral y guerrero, que cuando gana, no gana unas elecciones, gana una guerra y, por lo tanto, arrambla con todo lo que pilla, sin distinguir entre lo público y lo privado: es el botín de guerra.

El otro fue ayer el vasco; hoy es el catalán. Y ahí andamos: con el eterno problema del encaje territorial. Pero el sentimiento de independencia siempre es una reacción a políticas del desdén: acción-reacción.

El nuestro es un país que sigue poniendo el principal foco de atención en la tierra (turismo y construcción), en vez de apostar por la industria y la investigación. El nuestro es un país que sigue la línea que marcaron los tecnócratas del Opus Dei, durante los años 60 del siglo pasado, para que quedase todo atado y bien atado –¡nudo gordiano!–, como quería el Caudillo, que lo fue “por la gracia de Dios” (absolutismo; ver numismática).

Pero nuestra feraz tierra clama por una reforma agraria (¡los latifundios!) y no por más especulación: Ley de Costas (2013), Ley de Montes (2015), desorbitado trazado del AVE…

La estructura de la propiedad de la tierra aún arrastra la huella de la Reconquista. El modo de producción feudal pervivirá, en nuestro país, hasta el siglo XIX (caciquismo). Finalmente, cambiamos los castillos por hoteles. Y continúa la despoblación rural.

Un detalle: como resultado de los recortes sociales, en España, la tasa de pobreza está en el 27,9% (casi 13 millones de personas), muy superior a la media europea; dato correspondiente a 2016 y facilitado por Eurostat. Sin comen-tario (ni sabor). Y como contrapunto, amnistía fiscal y 40.000 millones de euros del rescate perdonados a la Banca. No, el señor M. Rajoy no gobierna para España, sino para los suyos (oligarquía financiera).

Un presidente que consigue cuadruplicar el número de independentistas en Catalunya (soy equidistante) y, por otra parte, logra que la venta de banderas españolas se multiplique por cuatro, un presidente con ese talante no es trigo limpio, no señor, semejante presidente tiene un espíritu mesetario y maniqueo. ¡Mariano, y cierra, España!

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

2 Kommentare

  1. Luis Sánchez dicen

    Me encanta la ironía; aunque no hablo de mí, sino de este maravilloso país, que lo sería aún más, si no hubiera tanta inquina y corrupción. Héroes anónimos existen por doquier (en este y en cualquier otro país). Un cordial saludo, seas quien seas, amable lector (o lectora).

  2. parvez dicen

    ¡Lo que debes sufrir en el peor país del mundo! Debes ser un héroe

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *