Javier Montón, Número 84, Opinión
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Regiones devastadas

Por Javier Montón / Viñeta: Iñaki y Frenchy. Viernes, 6 de octubre de 2017

@jjmonton

Si los médicos aconsejan que el número de horas de sueño ideal es de ocho, entonces mi ayuntamiento me debe cinco. Las fiestas aprietan pero el concejal del ramo no ahoga y, en un gesto de magnánima piedad, a los infieles de la Sagrada Trinidad (toros, cubatas y reggaetón) nos concedió la noche del miércoles tres horas de descanso entre tonada tropical y tonada tropical. El asueto comenzó a las cinco y acabó exactamente 180 minutos más tarde, a las ocho, periodo que los regidores consideran suficiente para reponer fuerzas después de un día de trabajo, estudio o ‘dolce far niente’. A las ocho de la mañana, con puntualidad alemana y exquisita educación británica, o viceversa, la alegre muchachada recibió la orden de dar otra vuelta de tuerca al suplicio patronal y lo celebró con una mixtape de eructos, berridos, conversaciones nivel sillón eñe minúscula y variados juegos de artificio.

“Perreo para el nene, perreo pa la nena”

Al equipo de gobierno, que se dice de izquierdas, no se le ocurre mejor manera de congraciarse con la Virgen que someterle, a ella y a sus convecinos, a un continuado arsenal de cañonazos rítmicos que conformarían la banda sonora ideal de cualquier puticlub que se precie: el bajo a todo trapo, preferiblemente hasta que tiemblen los cristales de la vivienda de enfrente; batería machacona y voz desagradable, ora de fémina en celo, ora de macho en los prolegómenos de una erección. Una batidora sónica que anula las neuronas de la ESO y que, mezclada con las hormonas en permanente ebullición de adolescentes y adolescentas, amenaza con hacerlas explotar en cualquier momento.

“A mí me gustan mayores, de esos que se llaman señores”

¿Y los papás y mamás? Bien, gracias. Más que bien, muy bien, por no decir requetebién. Vamos, como Dios. Por la mañana envían a sus cachorros al instituto y por la tarde-noche-madrugada les dan plenos poderes para convertir en un frenopático con vocación expansiva el local infecto en el que se hacen fuertes. Bien lejos, eso sí, de sus dominios, que una cosa es que el nene se divierta y otra que sea a mi costa. Si el lunes una niña sufre un coma etílico, no pasa nada: las que beben siempre son las otras. Los que se comportan como acémilas son los otros. Quienes van conformando un perfil de posible acosador en potencia nunca son los míos. Las futuras chicas acosadas siempre son las que se lo merecen. La venda cumple su función; cuando se caiga ya habrá tiempo de buscar culpables.

“Y hay algo en ti que me arrebata, bata
Baby tú me tienes loco, loco”

Y, en fin, así transcurre la semana grande, con barra libre hasta las dos o las cinco de la madrugada, según le dé al concejal de festejos. La lobotomía patrocinada por el ayuntamiento cuenta con el beneplácito de las fuerzas vivas del pueblo, la aprobación de la alcaldesa y la resignación del policía municipal de guardia que se ve impotente ante una ordenanza que nació tarde –hace apenas dos años– y ni se molesta en regular el nivel máximo de decibelios permitido ni la edad de los participantes en el sarao.

“Yo soy tu gatita, tu gatita, así que explota como dinamita”

Palabras rimbombantes como unidad del Estado, Carta Magna, la Constitución que nos hemos dado los españoles, soberanía…  habrán resonado en sus tímpanos estos días. Poco habrán oído hablar, sin embargo, de educación. Precisamente la clave sobre la que debería refundarse un país que es, cada vez más, una región devastada de Europa.

“Cuando ustedes me ven yo sé que tiemblan
Yo estoy ready, twenty four hours”

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