Humor Gráfico, Joaquim Bosch, Luis Sánchez, Número 85, Opinión
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No todo es Cataluña

Por Joaquim Bosch / Viñeta: Luis Sánchez. Viernes, 20 de octubre de 2017

@JoaquimBoschGra

Lo que está pasando en Catalunya tiene indudable relevancia. Pero es tan importante o más la lucha contra los elevadísimos niveles de corrupción, la denuncia de la precarización de los derechos sociales, la acción firme contra la violencia machista o la solidaridad con quienes no pueden llegar a fin de mes, entre muchas otras cuestiones. Parece como si nos hubieran escondido lo esencial. No se trata de caer en la paranoia irracional de pensar que el conflicto catalán es un montaje. Se trata más bien de recordar que las maniobras públicas de distracción se basan en problemas reales, que se instrumentalizan emocionalmente cuando eso resulta beneficioso para desviar la atención de lo que causa descontento en la sociedad. Así que más vale que nos centremos de forma ecuánime en todo lo importante.

He vivido un par de años en Barcelona. Y voy a menudo por allá para visitar a gente a la que aprecio. Para mí lo fundamental es que la ciudadanía de Catalunya pueda expresar su opinión, en un procedimiento con garantías, que permita saber lo que se piensa de verdad. Está claro que el 1-0 eso no fue posible y el resultado no fue representativo, a la vista de las circunstancias. Pero el 82% de los catalanes quiere votar en un referéndum legal. La última encuesta se publicó en El País hace unos cuantos domingos. Me parece razón más que suficiente para que se impulsen reformas y se busquen las fórmulas que hagan posible esta consulta.

Eso esencial que se aprecia desde el corazón, como cuenta Saint-Eixupéry en El Principito, es lo que nos dice que hay algo en el conflicto que es como impostado. Mucha dramatización por parte de algunos, demasiada sobreactuación casi teatral en otros casos. Por eso, a menudo, esta situación no nos parece real y es como un sueño. A veces como una angustiante pesadilla.

Determinados conflictos son instrumentalizables. Especialmente cuando pueden provocar beneficios a corto, a medio y a largo plazo. Y me parece que el problema puede ir para largo, sobre todo si el Gobierno aplica el artículo 155 de la Constitución. No me gusta vivir en un país en el que solo se puede hablar de una cosa.

Me parece especialmente grave que se minimice o se esconda la corrupción, sea por las razones que sea. Y está demostrado, con datos empíricos sobre los países europeos, que la transparencia es el mejor antídoto contra las prácticas corruptas. Y que la opacidad es aliada de los corruptos. Por eso es extremadamente peligroso que los casos de corrupción pasen desapercibidos.

Me han llamado bastante la atención muchos cambios de actitud de personas que estaban centradas en una serie de temas, con actitudes muy constructivas. Y, de repente, se han quedado obcecadas solo con el conflicto catalán y con posturas muy viscerales. Hay situaciones extremadamente propicias para anular el carácter analítico. Y las guerras de bandera son de ese estilo, aunque no afectan por igual a todas las personas.

Lo que está sucediendo en Catalunya afecta a la estructura territorial del Estado, a la concepción de país e incluso a nuestro sistema de derechos y libertades. El problema aparece cuando solo se habla de esa cuestión. Y cuando se opta por una gestión del conflicto que no pasa por soluciones a los problemas de fondo. Al contrario, se centra en levantar pasiones que lleven a una escalada sostenida del conflicto, dentro de cierta estabilidad institucional, que acabe monopolizando todo el debate público, como ocurre ahora.

Sobre el tema del referéndum del 1-O. Me preocupa todo lo que está pasando, por los riesgos para la convivencia y por la salud de nuestro maltratado Estado de Derecho. Sé que tengo amistades que piensan que todo vale para que no se celebre el referéndum y sé que también tengo otras que consideran que todo vale para que sí se celebre. Llevo muchos años reflexionando sobre diversidad cultural, realidades plurinacionales y derecho de autodeterminación. Y no me convence ese “todo vale”. Por ejemplo, no se puede prescindir del ordenamiento jurídico. Y, por ejemplo, cuando un ministro ha dicho literalmente que la Fiscalía puede “afinar” actuaciones irregulares en Catalunya, no se pueden aceptar actuaciones del fiscal general que vulneren las garantías, los derechos y las libertades.

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Luis Sánchez

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