Humor Gráfico, L'Avi, Número 84, Opinión, Xavier Latorre
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¡Majestad, quédese en Palacio!

Por Xavier Latorre / Ilustración: L’Avi. Viernes, 6 de octubre de 2017

Xavier Latorre

Don Felipe era uno de mis influencers favoritos. Sus náuticas, su pose al timón de un competitivo velero, sus exclusivos polos, su barba perfilada al detalle, su interés intelectual en los Premios Cervantes y esa familia tan sonriente, vestida de rebajas de Zara, era todo un ejemplo para mí. Sobre todo ella, la reina, plebeya como todos los de mi pueblo, periodista como yo y divorciada como buena parte de mi familia. Yo les seguía a todas partes desde mi cuenta de Instagram. Aunque el otro día el pobre patinó solemnemente, como estamos haciendo muchos españoles de un tiempo hasta esta parte. El Rey de los Ultras se manifestó a los españolitos y yo, desconsolado, me he tenido que dar de baja de mi cuenta regia. La monarquía de unos cuantos se ha reinstaurado por sí sola.

Herida en el amor patrio, una amiga, que milita en un puñado de ONG y que ejerce la solidaridad 24 horas al día, me envió la lista de la compra de productos que no debo adquirir para joder a esos catalanes de mierda que no sé qué se han creído. Los actos de desafección se suceden justo cuando debía ser al revés. Tendríamos que comprarles de todo para que no se vayan. Luego ya les haremos boicots y lo que se nos ocurra. Somos como Rajoy quiere que seamos: unos exaltados. Ahora entiendo lo que habrán pasado los catalanes durante una década jugando al deporte nacional de la dichosa recogida de firmas contra su Estatut, la guerra del cava, la indiferencia o los pitidos a Piqué, otra manifestación de intolerancia masiva (los mismos que se ensañaron con Casillas). ¿Cómo puedo criticar el fanatismo de muchos independentistas si los de este lado del mapa lo hacemos igual o peor?

No hay palabras de cariño hacia ellos. Solo hay palabras gruesas para empujarles a hacer lo que no queremos. ¡Seremos tarugos e incongruentes! Queremos que se queden con nosotros a la fuerza, después de despreciarles con caricaturas y chistes sin gracia, propios de energúmenos mentales. Ellos que hagan lo que les venga en gana, igual se han pasado de frenada, pero los españoles de siempre, los “auténticos”, estamos haciendo el ridículo, agarrados solo a cuatro preceptos legales que nos han repetido hasta la saciedad cada viernes tras los consejos de ministros. Cansinos. Al parecer, no hay más argumentos que un papel, rubricado en los 70. Muchos éramos ilegales en la época de Franco y antes de que la Constitución consagrara su marco de libertades. ¡Vamos mal! El mundo de los afectos se ha esfumado por completo.

El monarca español ha dilapidado un gran capital suyo y de todos con un subidón repentino de mala uva, con un calentón patriota. Toda la vida estudiando catalán a regañadientes con un instructor personal para no hablarlo siquiera unos minutitos el día que más lo necesitaba su reino. Nos hubiéramos podido ahorrar ese profesor particular. ¿Qué se ha creído esa chusma que osa sublevarse? Un montón de años aguantando silbidos al himno en la final de la Copa del Rey, para, en un sermón televisado dictado por algún inconsciente, promover una gigantesca desafección y justificar más pitos venideros. Justo después del día del apaleamiento generalizado, de la caza de urnas peligrosas, su majestad solo habla de legalismos, pero…. ¿y ahora qué? Cuando Puigdemont no esté a Don Felipe le vetarán, por soplagaitas, su entrada a muchos municipios catalanes. Flaco favor le ha hecho a su hija la princesa de Girona. Tendrá que viajar allí de tapadillo. Ha hipotecado a toda la dinastía de por vida. A partir de ahora deberá chuparse muchos actos sin ganas para tratar de recuperar algo del crédito perdido. A Hernani y Gernika se le unen ahora un montón de poblaciones catalanas que ya no podrá visitar tranquilamente. ¿Rey de todos? Pues vaya. Ha caído, como muchos, en la garras emocionales de un puñado de descerebrados que quieren forzar la situación, doblegar a los catalanes porque sí, para su propio interés. Que conste que lo que hagan los catalanes no me sirve, porque no vivo allí, me atañe poco. Como si quieren quemar más banderas. Me la sopla. Los que nos vamos a quedar en España sí o sí, tenemos el deber moral de evitar la marcha de Cataluña por las buenas. Si se van que no sea por los garrotazos ni por el desprecio sentimental de un rey ni por la cantinela rabiosa que nos han inoculado unos medios de comunicación irresponsables. Felipe debió ser el rey de todos hasta el último día. Al no brindarles ninguna palabra de afecto, ningún guiño cómplice de cariño y arremeter exclusivamente contra su clase política lo ha puesto todo más difícil. Justo en el peor momento, en el momento en que muchos de sus todavía súbditos de allí andan mareados sin saber qué hacer.

Vamos a ejercitarnos en el tú más, en el descrédito, en el bulo hiriente, en la mofa de nuestros vecinos. El trazo grueso de los insultos es justo lo que quieren los radicales del otro bando y les estamos dando munición por un tubo. No en mi nombre, es una buena frase de Pablo Iglesias para colgarla en mi balcón. Como dijo el socialista Iceta, el líder de los socialistas catalanes, al reprochar al portavoz parlamentario del PP un exabrupto: “Rafa, quédate en casa”, yo podría decir también como republicano, acabadito de salir del horno, crujiente todavía: “Majestad, quédese en Palacio”. Para un discurso solemne que tiene que pronunciar cada no sé cuántos años va y lo hace el día más inoportuno y de la forma más estridente y más excluyente posible. Un Rey debe estar fuera de la coyuntura interesada y electoralista de algunos políticos que se irán y le dejarán a usted, Su Majestad, más solo que la una con la hemeroteca pringando su manto bordado de los domingos.

¡Catalanes, iros antes de que os hagamos más daño! Seguro que tenéis unos gobernantes sinvergüenzas, unos políticos corruptos, todo lo que queráis, pero aquí no os quedéis. Igual sois mala gente de verdad. Me da igual. Ya os apañaréis. Solo sé que aquí en España supuramos odio, oé, oé, oé. Una amiga visceral pretende solucionarlo todo domiciliando su nómina en otro banco porque el suyo tiene la sede en Barcelona. ¡Mira qué bien! Tendiendo puentes, ja, ja. Ya estáis tardando: ¡marchaos! Un señor normal reclamaba ayer en la peluquería que la Legión os invadiera. Mis vecinos os quieren mal. Las armas de manipulación masiva ametrallan odio indiscriminadamente sobre la indefensa población civil a todas horas. Mañana podré ser yo el objetivo de esa ira desmedida por no votar al PP. Espero que no. Estamos rabiosos. Marchaos cuanto antes, ¡bye, bye! No os soportamos. De mil ayuntamientos catalanes solo tenéis un alcalde del PP y ninguno de Ciudadanos, ¿qué os habéis creído? Nos hemos vuelto unos sectarios y unos fanáticos. Adéu siau! Vuestro problema ha sacado a la superficie lo peor de nosotros. No hemos hecho nada por reteneros con nosotros. Os odiamos. No veis que así no podemos negociar nada. Hemos obrado con torpeza. No hay vuelta atrás. Se nos ha indigestado Cataluña. Hemos enfermado, se nos ha agriado el carácter. Necesitamos curarnos, desintoxicarnos, jugar más a la pocha con los colegas, como los de la selección, y ser menos ultras. ¡A ver si lo conseguimos!

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L'Avi

@AviNinotaire

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