Número 84, Opinión, Víctor J. Maicas
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La tercera vía de Blair o el neoliberalismo con piel de cordero

Por Víctor J. Maicas. Viernes, 6 de octubre de 2017

Víctor J. Maicas

Analizando el gran declive que están sufriendo los grandes partidos en teoría socialdemócratas, como por ejemplo el Partido Laborista en Inglaterra o el Partido Socialista en España, podemos deducir que aquel “gran invento” al que muchos llegaron a denominar como la “tercera vía de Tony Blair” (ni conservadores ni socialistas, sino algo que ahora podríamos considerar como insípido o descafeinado, por no ser demasiado crueles en la expresión) no ha hecho más que demostrar que las ambigüedades, en política, siempre las acaban sufriendo los mismos, es decir, las clases medias y populares (y es que dichas ambigüedades casi siempre suelen favorecer a los más poderosos).

Hace unas pocas décadas en nuestro continente fue Tony Blair (en la actualidad ex primer ministro británico) uno de los que defendió este sistema que finalmente ha supuesto la decadencia de los grandes partidos socialistas en casi toda Europa (Grecia, Francia, Alemania y, por supuesto, también España). Aunque, no obstante, sería justo decir que fue precisamente en nuestro país donde se sentaron también precedentes de ese socialismo desnaturalizado privatizándose grandes empresas del Estado e intentando limitar los derechos de los trabajadores con aquel “contrato basura” que trató de imponernos Felipe González, el mismo que privatizó empresas estatales muy rentables (véase en cualquier hemeroteca las huelgas generales que convocaron los sindicatos durante su mandato como consecuencia de dichas reformas laborales, o las empresas públicas que empezó a privatizar). Por cierto, ya deben saber ustedes que uno de los ministros estrella de Felipe González, su ministro de economía Miguel Boyer, acabó acercándose sin tapujos al PP (¡qué casualidad que fuera ministro de economía!, ¿no?).

No obstante, y antes de seguir analizando este proceso en la Europa de las últimas décadas, hay que aclarar que la denominada “tercera vía” no es algo novedoso de Tony Blair ni de los llamados “socioliberales” de hoy en día, sino que esa inquietud de un acercamiento de los extremos (entiéndase comunismo y capitalismo) viene de lejos. Lógicamente con diferentes puntos de vista, ya nos hablaron de este tema el mismísimo Marx, Rosa Luxemburgo, Lenin, Keynes e incluso el contemporáneo Joseph Stiglitz (aunque es evidente que con una interpretación muy diferente a la de Blair y compañía). Por cierto, cabe recordar que, tal y como nos indican grandes estudiosos de la historia de la economía (consulten de nuevo la hemeroteca o los libros de historia), Marx y sus contemporáneos no tenían ninguna referencia válida para comprobar si el desarrollo de sus teorías, aplicadas a la práctica humana (esa que está repleta de egoísmo, avaricia y ansias desmedidas de poder), desembocarían finalmente en los deseados resultados de bien común (era algo novedoso y no comparable a ningún sistema de gobierno hasta aquel momento). Caso muy diferente a los “socioliberales” de hoy en día, pues tienen infinidad de ejemplos reales en los que se demuestra que sus políticas económicas han empobrecido con el paso del tiempo a la gente en general mientras que a los más ricos los han hecho nadar aún más en la abundancia (pero lejos de rectificar, siguen erre que erre con sus injustas y equivocadas medidas si, realmente como ellos siguen insistiendo, buscan también el bien común; cosa que ya no se sostiene si analizamos los resultados).

Y es que ahora que tanto se habla de socialdemocracia, muchos de los que utilizan esta palabra lo primero que deberían tener en cuenta es que precisamente socialdemocracia y neoliberalismo económico son incompatibles. Es como el agua y el aceite, o se es una cosa u otra. Es decir, que apuestas por redistribuir la riqueza haciendo pagar a los que más tienen como mínimo lo mismo que paga la gente de a pie (ya saben también que las grandes corporaciones proporcionalmente pagan muchos menos impuestos que las pequeñas y medianas empresas), o por el contrario apuestas por esa consabida austeridad en el gasto público para que los ricos ganen aún más dinero mientras con el paso del tiempo el resto de la población se empobrece paulatinamente (huelga decir que si los que más tienen pagaran lo que proporcionalmente les correspondería, no sería necesaria tanta austeridad), tal y como nos demuestran los informes de prestigiosas ONG en las que se constata que el abismo entre ricos y pobres va aumentando día a día (y muchos de los que antes formaban parte de la clase media, ahora ya forman parte del último escalafón). Es decir, que en el fondo el punto medio entre comunismo y capitalismo ya estaba inventado y se llama, precisamente, socialdemocracia o Estado del Bienestar, como le quieran llamar (un sistema intermedio que ha dado una gran calidad de vida a la mayor parte de los ciudadanos en donde se ha instaurado, y para constatar esto no hay más que acudir una vez más a la hemeroteca).

Así pues, y siguiendo con esa interpretación de la tercera vía que han hecho los actuales “socioliberales”, decir de nuevo que tampoco tiene sentido, si uno se considera de verdad socialdemócrata, privatizar lo público como ha estado sucediendo durante las últimas décadas (Telefónica, Endesa, Repsol, Argentaria…). Es más, reconocidos y prestigiosos economistas a nivel mundial como por ejemplo Thomas Piketty, Juan Torres o Vicenç Navarro, entre muchísimos otros, apuestan por esa subida de impuestos a las grandes fortunas que, por lo que parece, no está bien considerada por muchos de esos partidos tradicionales que en teoría deberían defender ese gran principio de la socialdemocracia que no es otro que el de redistribuir la riqueza para llegar a construir una sociedad más justa. Una sociedad, por cierto, en la que seguirían habiendo ricos tal y como existían cuando realmente la socialdemocracia todavía cumplía con su cometido, pues en definitiva no se trata de ir contra los más pudientes, sino que lo fundamental es conseguir que no haya pobres y que todo el mundo pueda tener una mínima calidad de vida (por supuesto la clase media también saldría beneficiada, tal y como hemos visto en los países en los que durante las últimas décadas se ha desarrollado una verdadera política social redistributiva, como ha sido el caso de la mayor parte de los países nórdicos). Algo, desde luego, a lo que también ayudaría si por fin y sin hipocresías los actuales partidos socialdemócratas de todo el mundo se unieran de verdad para intentar hacer desaparecer de una vez por todas esa inmundicia y desvergüenza que significan los paraísos fiscales.

Sí, la llamada “tercera vía” llevada a cabo por Blair y los suyos (o quizá también la podríamos denominar como “socioliberalismo”) se desarrolló fundamentalmente durante varios años de forma esplendorosa, esos precisamente en los que todo iba bien, es decir, cuando no había una gran crisis económica, ya que como es bien sabido a la mayor parte de la gente no les interesa la política y, por lo tanto, cuando van bien dadas tanto les da la tercera vía que la socialdemocracia, e incluso me atrevería a decir que la democracia cristiana incluidos muchos de los que dicen ser de izquierdas de toda la vida. Aunque eso sí, si con el tiempo la gente ve peligrar su futuro y su calidad de vida, entonces comienzan ya a cuestionarse no probablemente el tipo de política económica que se está llevando a cabo (que en definitiva es en gran medida la responsable de lo sucedido), sino a esos políticos que ocupan y han ocupado el poder y que ni con el paso de los años han conseguido todavía sacarlos del atolladero. Así es, una crisis económica que nunca acaba, piensan muchos ciudadanos, aunque en realidad nunca acaba para la clase media y baja, ya que como he dicho repetidamente, los ricos son aún más poderosos que antes.

La verdad es que siempre me ha hecho gracia que durante estos últimos años los dos grandes partidos mayoritarios se hayan tirado los trastos a la cabeza acusándose mutuamente de ser los responsables de la crisis, cuando en realidad la política económica (que no social, eso lo tengo claro) de unos y otros ha sido casi exactamente la misma: el neoliberalismo económico. Algo que curiosamente tiene muy claro la gran patronal, pues ya no lo disimulan y públicamente dicen que lo ideal no sería, paradójicamente, una gran coalición puesto que de fracasar un gobierno con ambos partidos tradicionales, si uno de ellos dos no estuviera en la oposición esa política económica cambiaría, es decir, que quieren a perpetuidad más de lo mismo de eso que hemos tenido durante los últimos años con el bipartidismo; o lo que sería lo mismo, en realidad quieren una gran coalición pero encubierta, con un gran partido ocupando el gobierno y el otro comandando la oposición (así, todo seguiría atado y bien atado para sus intereses).

En fin, pues para ir resumiendo, simplemente constatar que probablemente estas son las consecuencias de la “tercera vía socioliberal”, ese distanciamiento de los actuales partidos socialistas europeos con lo que siempre ha defendido la socialdemocracia y que, como consecuencia de ello, los partidos conservadores han campado a sus anchas para imponer ese ultra liberalismo económico cuyo máximo exponente es la brutal austeridad a la que todavía hoy en día nos están sometiendo. No es extraño, pues, que estos partidos en otrora considerados realmente de izquierdas, estén hoy en día cayendo en picado mientras otras opciones van subiendo por haber dejado desamparados ideológicamente a muchos de sus antiguos votantes, esos precisamente que sí están convencidos de lo que significa verdaderamente la palabra “socialdemocracia”. Y es que en el fondo a todas esas personas que apuestan por una sociedad más justa y equilibrada, igual les da que las siglas del partido que lleve a cabo precisamente esas ideas de la socialdemocracia se llame PSOE, PODEMOS, TENGAMOS, GRITEMOS o como les venga en gana. Es más, les importa un bledo que el presidente del gobierno que ponga en marcha esas verdaderas medidas socialdemócratas se llame Pedro, Pablo, Pepe, Isidoro, Juanito o Jaimito, pues en definitiva lo único que quieren es que se solucionen de verdad sus problemas y no les engañen más. Es decir, que no engañen más a la gente diciendo, por ejemplo, que se va a subir el salario base y finalmente dicho salario se suba un uno por ciento (unos seis euros al mes) como aparecía en el pacto con CIUDADANOS, pues ya no es solo que se esté engañando a la gente, sino que también se está insultando a su inteligencia. Pero, sobre todo, lo que significa es una burla y desconsideración hacia todas esas personas que, como es lógico, no pueden llegar a final de mes con esos seiscientos y pico euros.

Así pues, señor Tony Blair y compañía, déjense ya de inventos,  pues como decimos en este país, “los inventos con gaseosa” y no precisamente con el sufrimiento de los más vulnerables. Así que ya pueden quitarse esa piel de cordero puesto que, como también decimos por estas tierras, son cada vez más los que ya “les han visto el plumero”.

En fin, pues siguiendo con el refranero popular para acabar así con un poco de optimismo, decir que “nunca es tarde para bien hacer”, por lo que si los dirigentes del PSOE que aún recuerdan sus orígenes y conservan su ideario de izquierdas son capaces de reconducir la situación frente al núcleo más conservador de su organización, quizá este histórico partido pueda salir de ese oscuro túnel en el que lo han metido. Aunque eso sí, en primer lugar deberían empezar por respetar y evitar las descalificaciones hacia todos aquellos que actualmente están a su izquierda y que, tal y como indican las encuestas, cada vez son más numerosos. Porque en definitiva, el único rival a batir es ese liberalismo económico disfrazado de austeridad. Y digo disfrazado puesto que a los más pudientes, como por ejemplo la banca, en lugar de aplicarles ese cuento lo que han hecho es regalarles miles y miles de millones de dinero público.

Bien, pues que los dirigentes socialistas que todavía conservan su verdadera ideología de izquierdas tengan suerte y consigan por fin cambiar más pronto que tarde el rumbo de esa organización política tan importante como es, y sobre todo ha sido, el partido socialista. ¡Lo digo de corazón!

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