Ben, Humor Gráfico, Número 85, Opinión, Óscar González
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Dicen por ahí que solo eres propaganda…

Por Óscar González / Viñeta: Ben. Viernes, 20 de octubre de 2017

@Morgoski

En las horas transcurridas entre las seis de la tarde y las doce de la noche del pasado domingo, mi teléfono echaba humo, y no es un juego de palabras. Decenas de amigos y conocidos se interesaban por mi bienestar, a la vista de la dramática situación que se vivía en el entorno de la ciudad de Vigo. Abundaban los mensajes que difundían información sobre la situación en las carreteras, algunos refugios de animales que necesitaban ayuda para poner a salvo a los bichillos ante la proximidad de las llamas y otras alertas importantes. Quién más, quién menos, intentaba combatir la sensación de impotencia y ayudar a la comunidad de algún modo.

Sin embargo, tan pronto cayó la noche, lo que había sido un flujo de información más o menos útil, se convirtió en una experiencia terrorífica de pánico colectivo: a las ocho de la tarde, había explotado una gasolinera. Un cuarto de hora después, las llamas se habían comido la facultad de Ciencias. Al rato, la cosa se agravaba aún más: el hospital Álvaro Cunqueiro, el polémico centro de referencia del área sanitaria de Vigo, estaba siendo desalojado. Menos de una hora después nos enterábamos de que el ayuntamiento cortaría el agua y la luz al llegar la medianoche. A los pocos minutos, el agua ya no era potable (alguien decía haberlo medido) y, en ciertas zonas, “salía ya completamente negra”.

No terminó ahí la psicosis grupal: alrededor de las 22.00 comenzó a circular la matrícula de una moto “que había sido vista abandonando varios de los lugares donde se habían declarado los incendios” e incluso la fotografía de uno de los presuntos incendiarios. Las redes sociales se llenaron de gritos de rabia que llamaban a dar un buen escarmiento a los malditos pirómanos si alguien los veía. En una situación de impotencia, la idea de impartir “justo castigo” a los culpables se propagó a más velocidad que las propias llamas. Pero aún llegaría un último mensaje: los de la moto, yihadistas. En parroquias del entorno, muchos revisaron que la Lupara de Federico estuviera bien engrasada, por si se encontraban a los putos moros.

Resultó que nada de esto era cierto, pero en una ciudad donde nunca suele pasar nada y se encuentra de pronto rodeada de incendios, con un aire difícil de respirar a causa del humo, con ese color rojo del cielo cuando hay un incendio cercano –y al que, tristemente, estamos demasiado habituados los gallegos–, con las sirenas de policía, bomberos y ambulancias sonando a lo lejos como una macabra banda sonora, el campo estaba abonado para una exquisita histeria colectiva.

Mientras ocurría todo esto, la Televisión de Galicia seguía a lo suyo, con su programación inalterada. Algunos amigos salían de sus casas a ayudar a los vecinos a cortar el avance de las llamas, pero esto no era importante para la TVG, que nos ofrecía sus series habituales y la actualidad deportiva. Hacía más de una década que Galicia no registraba una ola de incendios de esta magnitud, pero para los responsables de nuestra televisión autonómica, servicio público que pagamos todas y todos, el resultado del Betis-Valencia era lo que teníamos que ver.

A los gallegos y gallegas no se nos escapa que la TVG (la Telegaita, como le llamamos aquí) cumple más una función propagandística del gobierno de turno de la Xunta que una informativa. Tampoco se nos pasa por alto que la política forestal que se ha jaleado desde la institución ha sido un auténtico despropósito histórico en el que no existen medidas de ordenación del monte. Sabemos que los servicios de prevención, los que deberían vigilar y limpiar nuestros montes durante el invierno para que no sean selvas incontroladas de vegetación pirófita, son como las meigas, que haberlas haylas aunque no se vean, y nos consta que la Xunta de Galicia mandó a su casa a los brigadistas que se contratan todos los veranos como refuerzo el día uno de octubre, “por fin de campaña de verano”, sin importar un carajo que estemos viviendo uno de los otoños más secos de los últimos años y nuestra tierra sea un polvorín. Es evidente que la imagen que se iba a dar de la Xunta de Galicia no iba a ser precisamente buena, especialmente por cosas como su modificación de la Ley de Montes por la vía de la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos, un clásico del hurto a la democracia, así que los directivos de la TVG, estómagos agradecidos y temerosos del patrón, decidieron ignorar lo que estaba ocurriendo hasta cerca de las once de la noche.

En una situación de alarma social como la que se vivió el pasado domingo, el papel de un medio público es vital para que la población sepa qué está ocurriendo y las medidas que se están tomando, para reducir el grado de estrés colectivo y el efecto nocivo de los rumores.

Nada de eso ocurrió en Galicia el pasado domingo. Nuestra televisión pública demostró ser, una vez más, solo la voz de su amo.

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@BenBrutalplanet

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