Francisco Saura, Número 85, Opinión
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Como contando los pasos

Por Francisco Saura. Viernes, 20 de octubre de 2017

@pacosaura2

Camina como contando los pasos. La mirada perdida allá, en el paisaje borroso. El agua baja rauda, los caballones perpendiculares al mar. Que la escorrentía de la tormenta llegue pronto al fondo fangoso de la orilla, allí donde la rodilla se clava y no sientes suelo firme.

Camina como contando los pasos. Al fondo, levantándose sobre los rizos del mar, las sombras de las islas. Aquella volcánica, la otra con la grasa fondeado en su playa. Han colocado redes, el agua está menos turbia. Sombrillas aquí y allá, arena, cubos, pozos, fortificaciones con torres redondas sin almenas, presas, contrapesas… ¿Y las chapinas?, ¿y los cangrejos?, ¿y los caballitos de mar, ¿y el espíritu del mar y Carmen Conde paseando por la orilla? Dicen que todo eso vive en el horizonte, por donde sale el sol y las brumas.

Camina soñando el pasado. El presente se hizo pesadilla. Y aunque parezca contar los pasos, sabe que ya no es posible recorrer ningún camino que la devuelva al pasado, al vuelo de la birlocha con el hexágono del carrizal, a su colección de chapinas, al paseo del atardecer, al baño y al bocadillo de salchichón, a la luna surgiendo de la oscuridad. Allí hay ahora muchas luces y altos edificios. Los arenales son artificiales y Carvalho no discute ni sobre los ingredientes del caldero ni sobre los misteriosos pájaros de oriente.

Camina como contando los pasos. Los bañistas se protegen del sol debajo de las sombrillas, mesas con viandas, latas de cerveza, una botella de vino a medio consumir. Aquí hubo barracas, allí palmeras, en ningún sitio playas de arena. A finales de agosto, la tormenta arrastra los carromatos y la luna es roja. Hay que recoger, hay que regresar. El mar queda solitario. Solo los pesqueros surcan el mar. El agua se aclara, puede extender la mano y sentir que la vida flota en el ambiente.

Los pasos se hacen más cortos y las distancias son de apenas unos cientos de metros. Llegar hasta el saliente para el que el levante sea más fresco y puro. Hacia el interior, el Cabezo Gordo y la autovía a sus pies. Algunos almendros y gente partiéndose la espalda por un puñado de euros.

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