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Más de 300.000 niños sufren la brutal represión de la guerra contra los rohingyas en Birmania

Un grupo de refugiados rohingyas en un campo habilitado en Bangladesh.

Por Julia Castro. Foto: Agencias. Domingo, 30 de octubre de 2017

Internacional

Dos meses después del primer estallido de violencia en el estado de Rakhine (Birmania o Myanmar), la afluencia de refugiados rohingya a Bangladesh sigue creciendo: más de 604.000 personas han cruzado la frontera huyendo de la guerra desde entonces. Oenegés como Acción contra el Hambre, presente en el país junto a las poblaciones más vulnerables desde que se hicieron patentes las primeras tensiones, dieron ayer la señal de alarma: campamentos sobrepoblados, condiciones de vida extremadamente precarias y graves riesgos de salud pública. Los más afectados son los niños, que ahora mismo representan el 54% de los refugiados.

Organizaciones humanitarias han reiterado las denuncias sobre las violaciones de los derechos humanos y las ejecuciones sumarias que supuestamente realiza el Ejército birmano contra esta población. La ONU ha expresado su “profunda preocupación” por los informes sobre la violencia perpetrada por las fuerzas de seguridad de Birmania, al tiempo que pide calma para “evitar una catástrofe humanitaria”. Según Amnistía Internacional, desde 1978 los musulmanes rohingyas han sufrido violaciones de sus derechos humanos bajo la Junta birmana, que se opone a la formación de un estado islámico en el país. Esto ha llevado a la creación de grupos armados musulmanes, como el Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA). El conflicto entre la resistencia rohingya y el Estado de Birmania ha terminado en un baño de sangre. Como resultado, cientos de miles de personas de esta etnia han huido a la vecina Bangladesh. Se da la circunstancia de que las autoridades birmanas no reconocen a esta minoría y Bangladesh los considera ciudadanos birmanos. Entre 300.000 y 500.000 rohingyas viven en Bangladesh, de los que solo unos 32.000 tienen estatus de refugiado y viven en diferentes campos en el distrito de Cox’s Bazar. La persecución que sufre este pueblo es una de las más crueles que se registran en la actualidad en el planeta.

“Lo que hemos visto en ambos países es muy alarmante. Los niveles de sufrimiento que han llevado a un desplazamiento tan rápido y masivo de la población son enormes”, señala Isabelle Moussard-Carlsen, portavoz de Acción contra el Hambre. “Se necesita una respuesta de emergencia, pero también debemos incluir soluciones duraderas y sostenibles”.

En cuestión de dos meses, la población rohingya ha sufrido un éxodo absoluto. El número de refugiados que huyen desde que se produjera el estallido de violencia en el estado de Rakhine, en Myanmar, sigue creciendo día tras día. Entre las 604.000 personas desplazadas, se calcula que hay aproximadamente 320.000 niños menores de 18 años. Algunos llegan solos, con hambre y habiendo sufrido graves pérdidas familiares. En los campamentos y asentamientos se observan niveles particularmente altos de desnutrición aguda severa entre los niños pequeños. “En Acción contra el Hambre hemos comprobado la salud nutricional de más de 175.000 niños menores de cinco años y ya hemos admitido alrededor de 22.000 casos de desnutrición aguda severa y moderada”. Estos niños, junto con más de 8.500 mujeres embarazadas y en período de lactancia, han sido admitidos en nuestro programa de nutrición para recibir toda la asistencia necesaria. No obstante, en algunos de los asentamientos que han surgido espontáneamente, no hay acceso a instalaciones de agua y saneamiento, aumentando así el riesgo de epidemias.

Respuesta de la comunidad internacional

El pasado lunes 23 de octubre, la Conferencia de Donantes para el Plan de Respuesta Conjunta para la Crisis de los Refugiados Rohingya en Bangladesh, celebrada en Ginebra, solicitó la donación de 434 millones de dólares para febrero de 2018, en ayudas para los refugiados rohingya. “Desde Acción contra el Hambre recordamos que estas contribuciones esenciales para proporcionar ayuda humanitaria de emergencia deben contar con un compromiso político firme”, aseguran fuentes de la oenegé.

“En una respuesta de emergencia humanitaria con mujeres, niños y hombres traumatizados y exhaustos, tenemos que pensar en evitar errores que hemos cometido en otros contextos, como la creación o formación de mega campamentos, que no son una buena solución, ni a corto ni a medio plazo”, explica Isabelle Moussard-Carlsen.

Se deben revisar las soluciones para el futuro, a fin de ofrecer a los niños rohingya un futuro en el que tengan la oportunidad de aprender, desarrollarse y crecer, y contribuir al desarrollo económico y social de la sociedad en la que viven, insisten las oenegés.

Al menos 87.000 miembros de la comunidad rohingya han llegado a Bangladesh en los últimos días huyendo de la violencia en el noroeste de Birmania (Myanmar), según ha informado una fuente de Naciones Unidas. La oficina de la ONU en Bangladesh ha indicado a Efe que al menos 87.000 rohingyas han llegado al sureste de Bangladesh, de los que 81.000 se encuentran en campos improvisados que han ido levantando según iban llegando. 

El resto han ido asentándose junto a familiares en los campos de refugiados permanentes que existen en el distrito de Cox’s Bazar, al sureste del país. Docenas de rohingyas recién llegados aguardaban en los márgenes de la autopista que une Cox’s Bazar con Teknaf a poder encontrar sitio en alguno de los asentamientos improvisados en la zona.

Con un paraguas en la mano con el que protege a su hija de dos años y un bebé de doce meses, Nur Saba, de 20 años, aguarda en la carretera tras perder contacto con su marido hace una semana.  “Mi esposo me dijo que fuera delante sin esperarle, prefería que estuviéramos seguros. No he podido encontrarle en seis días”, dice a Efe, y explica que durante los últimos días apenas ha podido comer y dormir, caminando junto a un grupo en el que no conocía a nadie.  “Como no he podido comer, no puedo alimentar a mis niños. Incluso ya han dejado de llorar”, asegura Saba.

Miles de personas siguen arribando a la frontera, algunas de ellas heridas de bala, por la situación que se vive en el estado Rakhine, en el noroeste de Birmania desde el pasado 25 de agosto. Ese día se produjo un ataque del insurgente Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA) contra puestos policiales y militares en la zona que causó más de un centenar de muertos (la mayor parte guerrilleros), y que ha producido una nueva campaña militar del Ejército birmano en esa región.

Miembros de la comunidad rohinyá ingresados en el Hospital Clínico de Chittagong (sureste), el segundo más grande de Bangladesh, han denunciado el tiroteo de civiles y el incendio de aldeas por parte del Ejército.

Al menos 32 rohinyás han sido atendidos desde el 25 de agosto en este hospital, según ha indicado a Efe Shilabrata Barua, asistente subinspector del centro, al informar de que uno de los pacientes murió apenas horas después de llegar.  Los heridos no han podido ser acomodados por la falta de espacio en el centro médico y muchos de ellos se encuentran en el suelo del área de emergencias, relata Barua.  Un médico de servicio, que pide no ser identificado por no estar autorizado a hablar, ha explicado a Efe que una ONG y personas a título individual están dando alimentos a los heridos.

Mohmmad Hossain tiene a su hijo Toha, de 16 años, ingresado en el departamento de neurocirugía. Dice que soldados les dispararon dentro de su casa y entonces se trajo a su hijo a Bangladesh.  “El viernes (26 de agosto) el Ejército vino a incendiar mi casa. Cuando huía me dispararon, me dieron en la mano derecha, pero pude llegar hasta Bangladesh en un bote junto a otros”, cuenta Moulavi Shakil, de 45 años y originario del distrito de Maungdaw, cerca de la frontera.

El hombre explica que con la ayuda de un familiar ha podido llegar al hospital, pero llorando asegura que lo único que sabe del resto de su familia es que, según un pariente, el Ejército mató a su hijo mayor. Abu Bakar Siddique, de 24 años y de la misma localidad de Maungdaw, ha recordado cómo decenas de militares entraron en la aldea y prendieron fuego a todas las casas.  En su caso, según su relato, le dispararon en la pierna y salió huyendo hacia Bangladesh, dejando atrás a sus padres.  “No sé qué ha pasado con ellos”, añade.

Otro joven, Saddam Hossain, de 22 años y también habitante de Maungdaw, dijo que le dispararon cuando huía del poblado.  “Al principio me refugié en el campo de refugiados de Kutupalang, pero la herida empeoró y he venido ayudado por mis familiares”, agrega en declaraciones a Efe.

Asimismo, al menos ocho mujeres y 12 niños rohinyás que huían de la violencia en el Rakhine murieron al tratar de cruzar el río que hace de frontera natural entre Birmania y Bangladesh, según informaron fuentes oficiales.

Este nuevo éxodo se produce nueve meses después de que al menos 70.000 rohingyas huyeran de la misma zona en medio de ataques indiscriminados del Ejército tras otro ataque de insurgentes de esa minoría, una campaña militar denunciada por la ONU y varias ONG por la vulneración de los derechos humanos.

Más de un millón de rohingyas viven en Rakhine en una situación de discriminación que ha ido empeorando desde el brote de violencia sectaria de 2012 que causó al menos 160 muertos y dejó a unas 120.000 personas confinadas en 67 campos de desplazados.

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