Análisis, Artsenal, Becs, Humor Gráfico, Número 85
Deje un comentario

Análisis: El callejón sin salida del 155

Viñeta: Becs / Artsenal. Viernes, 20 de octubre de 2017

    Análisis

Por segunda vez en menos de una semana, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha vuelto a contestar de una forma ambigua, dando una de cal y otra de arena, al requerimiento de Mariano Rajoy para que aclare si se ha proclamado o no la independencia de Cataluña. En esta ocasión, su explicación tampoco ha gustado al Gobierno español, que exigía una respuesta “clara y precisa” a la pregunta. Rajoy pedía un simple “sí” o un “no”, y Puigdemont no se lo ha dado. Todo lo más, se ha limitado a decir que en la pasada sesión del Parlament “no se votó la declaración de independencia”, sin aclarar con rotundidad si hubo proclamación o no, tal como le pedía el Gobierno español. De esta manera, el Estado ha decidido iniciar los trámites para la aplicación del artículo 155 de la Constitución española, que podría activarse el próximo sábado y que prevé medidas políticas y judiciales de diferente rango e intensidad, todas ellas dirigidas a la intervención del autogobierno catalán. La suspensión total de la autonomía no parece probable, pero cualquier cosa puede suceder a partir de ahora.

De poco ha servido el juego de trileros en el que han caído ambos mandatarios y las epístolas fatuas que se han cruzado en los últimos días. Puigdemont, con su doble lenguaje, parece seguir diciendo una cosa y la contraria, jugando con las palabras, quizá para ganar tiempo ante la comunidad internacional, quizá para seguir manteniendo el apoyo de los independentistas más duros de la CUP, y esa posición enrevesada, alambicada, confusa, está abocando al drama a todo un país. La segunda respuesta del presidente catalán ha sido tan “insuficiente” para Rajoy como la primera, de tal manera que el presidente español se ha mostrado inflexible en su negativa a iniciar cualquier tipo de negociación mientras el orden constitucional −roto tras la celebración del referéndum de autodeterminación ilegal del pasado 1 de octubre−, no sea restablecido con plenas garantías. Así las cosas, el futuro de Cataluña y del resto de España queda marcado por la interpretación semántica de unas cuantas palabras proferidas por dos hombres sobre cuyas espaldas recae todo el peso de la historia y que ahora mismo continúan enrocados en sus posiciones.

En esta segunda misiva de Puigdemont, que el presidente catalán ha enviado a Madrid solo un minuto antes de que expirara el ultimátum, es decir, sobre la bocina y agotando al máximo los plazos, se recuerda que “el pueblo de Cataluña, el 1 de octubre, decidió la independencia en un referéndum con el aval de un elevado número de electores”. Sin embargo, en el siguiente párrafo da un nuevo paso atrás y recuerda que el Parlament, en su pleno del día 10, celebró una sesión en la que propuso “dejar en suspenso los efectos de aquel mandato popular”. Además, el jefe del Ejecutivo autonómico insiste en que “esta suspensión continúa vigente”, en la misma línea de lo que ya le dijo a Rajoy en su primera carta enviada el pasado lunes. Según Puigdemont, el Govern catalán ha decidido acordar la suspensión de la proclamación de independencia para “propiciar el diálogo que de manera reiterada nos han hecho llegar, a usted y a mí, instituciones y dirigentes políticos y sociales de toda Europa y el resto del mundo”. El president recrimina al jefe del Gobierno español que su petición para mantener una reunión “todavía no ha sido atendida”, y califica de “represión” de Estado los recientes encarcelamientos de Jordi Sànchez, presidente de la Asamblea Nacional de Catalunya, y Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural.

Con ser ambigua la carta de Puigdemont –ya que no aclara si la República catalana independiente se proclamó con todos los efectos jurídicos, si nunca se llegó a proclamar o si se proclamó solo por un rato, es decir, los ocho segundos que el president tardó en anunciarla y en suspenderla acto seguido– el párrafo que ha provocado un mayor malestar en el Gobierno de Rajoy es el último, donde el líder catalán amenaza con que, si finalmente se aplica el artículo 155 de la Constitución y continúa la “represión”, el Parlament de Cataluña procederá a votar la declaración unilateral de independencia (DUI), que no sometió a votación de la cámara autonómica el pasado día 10 de octubre. Ese Pleno de secesión podría celebrarse en los próximos días, de hecho, los antisistema de la CUP, socios de Gobierno de Puigdemont en la aventura independentista, ya presionan al president para que proclame la independencia cuanto antes.

El controvertido último párrafo contenido en la segunda carta de Carles Puigdemont ha sido interpretado en fuentes del gabinete de Mariano Rajoy como una “amenaza” y un “chantaje” intolerable al Estado de Derecho. En efecto, no había transcurrido ni media hora desde la recepción de la carta en el Palacio de la Moncloa cuando el Gobierno español se pronunciaba con rotundidad. La respuesta no se hacía esperar; era como si Madrid tuviera el guion escrito de antemano. En una nota oficial de prensa emitida por el Ministerio de Presidencia, se constata que “a las 10 horas de esta mañana, último plazo establecido”, se ha producido “la negativa del presidente de la Generalitat de Cataluña” a restituir el orden constitucional alterado. “En consecuencia, el Gobierno de España continuará con los trámites previstos en el artículo 155 de la Constitución para restaurar la legalidad”, asegura la nota. Además, Madrid denuncia la actitud mantenida por los responsables de la Generalitat de “buscar, deliberada y sistemáticamente, el enfrentamiento institucional a pesar del grave daño que se está causando a la convivencia y la estructura económica de Cataluña” y añade que pondrá todos los medios a su alcance para “restaurar cuanto antes la legalidad y el orden constitucional, recuperar la convivencia pacífica entre ciudadanos y frenar el deterioro económico que la inseguridad jurídica está causando”.

A estas horas, la aplicación del artículo 155 parece inevitable. Lo que se debate es qué medidas se adoptarán y en qué grado. En principio hay acuerdo entre los partidos constitucionalistas –PP, Ciudadanos y PSOE–, para la puesta en marcha de la intervención de la autonomía catalana, pero mientras los populares y el partido de Albert Rivera creen que se debe llegar hasta donde haga falta para restablecer el orden constitucional, los socialistas piden que esta medida excepcional se aplique con moderación y solo el tiempo estrictamente necesario para restablecer la legalidad, causando el menor daño posible a las instituciones catalanas. Todo el mundo se pregunta hasta dónde está dispuesto a llegar Rajoy en la aplicación del 155, un Rajoy que por cierto ha recibido la carta de Puigdemont en Bruselas, donde esta tarde mantendrá una reunión bilateral con el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron. Todas las posibilidades están abiertas: la intervención de las cuentas catalanas y la centralización del funcionamiento de los servicios públicos básicos; la sustitución de los Mossos d’Esquadra (la policía autonómica) por agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional; o incluso la celebración de elecciones regionales, que algunos ven como la única salida posible al conflicto. Tratar de determinar qué alcance y consecuencias tendrá el artículo 155 es algo imposible en estos momentos. Además, algunas de estas medidas no se pueden adoptar de ninguna manera sin el empleo de cierto grado de fuerza por parte de los cuerpos de seguridad del Estado. En las últimas horas, la Guardia Civil ha entrado en un cuartel de los Mossos d’Esquadra en Lleida para obtener las grabaciones de audio que probarían la supuesta pasividad de la policía autonómica catalana durante el referéndum del 1-O. La tensión entre ambos cuerpos policiales, que ya han tenido algunos roces, aumenta cada día.

Lo único que parece seguro a fecha de hoy es que la aplicación del 155 provocará un nuevo estallido de descontento popular en las calles. Se da por seguro en las organizaciones civiles independentistas que miles de personas saldrán a manifestarse contra el “Estado represor” (el discurso ya ha calado hondo), lo que originaría una respuesta inmediata por parte de la policía española. Las escenas de antidisturbios cargando contra ciudadanos podrían repetirse nuevamente

A estas alturas, la situación de Cataluña es tan surrealista que puede darse el caso de que si en los próximos días asistimos a una declaración unilateral de independencia se instauraría una doble legalidad: la española y la secesionista. ¿Dónde tendrían que pagar sus impuestos los trabajadores autónomos, en la Hacienda pública catalana o en la central? ¿Quién se haría cargo de las nóminas de los funcionarios, de los maestros de escuela, de los médicos, policías y bomberos? ¿Qué administración gestionaría los aeropuertos, puertos marítimos, autopistas y carreteras? A nadie parece importarle la realidad, el día a día del pueblo catalán. Estamos en una nueva fase del conflicto. Ambos bandos han entrado en un juego ciego de cartas y misivas confusas que no lleva a ninguna parte, pasiones viscerales, discursos guerracivilistas y pesimismo generalizado. Según el ministro de Economía, Luis de Guindos, Cataluña se encamina a su “suicidio económico”. Sin crédito de los acreedores europeos, con los depósitos de los ahorradores en riesgo, con la sombra de fuertes aranceles a las exportaciones si Cataluña sale de la UE y con un más que probable corralito financiero, ¿qué futuro inmediato espera a los catalanes? Para Guindos, la fuga de Cataluña de cientos de empresas –un promedio de 20 cada hora, más de setecientas en los últimos días− y de los principales bancos, aterrorizados ante lo que está por venir, “solo es un aperitivo de lo que puede pasar”.

Nada de todo eso parece inquietar al núcleo duro de los independentistas antisistema de la CUP –que siguen sustentando a Puigdemont pese a encontrarse en las antípodas ideológicas del pensamiento económico liberal del líder del PDeCat al que apoyan–. La ruina económica del país es un escenario con el que ya contaban los radicales, puesto que la estrategia que han puesto en marcha desde el principio ha sido tensar la cuerda al máximo, empeorando la situación, hasta que Europa sufra las consecuencias de la crisis y decida intervenir avalando la independencia. Así las cosas, no parece haber salida. El 155 es una derrota del Estado. La DUI una ensoñación que no podrá aplicarse en la práctica y una tragedia que implica la ruptura definitiva y la fractura social. Pero unos y otros se abrazan a esos clavos ardientes que nada resuelven. Es como si todos en España, arrastrados por un destino fatídico inevitable, se hubiesen aferrado ya a aquella célebre frase que Rajoy pronunció durante uno de sus célebres dislates: “Cuanto peor mejor para todos en su beneficio político”.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

@ARTSENALJH

@BecsHumor

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *