Aitana Castaño, Artsenal, Humor Gráfico, Número 82, Opinión
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“¡Que se vayan de España!”

Por Aitana Castaño / Viñeta: Artsenal. Viernes, 8 de septiembre de 2017

@Sairutsa

–¡Qué se vayan de España todos! –dijo el hombre apoyado en la pared. La mañana de lunes, el penúltimo lunes de agosto, aventuraba un día caluroso. Nadie le hizo caso. Lo repitió más alto:

–¡Qué se vayan todos de España!

La camarera levantó las cejas, una señora mayor que apuraba el cigarro en la puerta puso los ojos en blanco, yo saqué varias monedas de mi cartera y pagué el café sin decir nada porque no conozco al tipo este y porque no quiero iniciar una discusión, en seco por la mañana y de lunes (el penúltimo lunes de agosto) con un ser desconocido. Camino por el pasillo del bar y veo que me sigue con la mirada. Le pica el niki. Quiere discusión. Se lo noto en la mirada (¡que vive enojada!). Continúa, cada vez habla más alto…

–Todas las opiniones son respetables. Y la mía es esta: ¡Qué se vayan todos de España! Ea, ya lo he dicho. ¡Que se vayan todos! ¡No los queremos aquí! España es una, grande y libre. Ea, ya lo he dicho. ¡Qué se vayan todos de aquí!

Freno a su lado, miro la portada del periódico que tiene sobre la mesa y a la que golpea con furia cada vez que dice “¡Qué se vayan de aquí!”. Pongo una sonrisa de medio lado que se me dan muy bien. Miro para la portada del periódico y lo miro a él:

–¿Pero quiénes? ¿Los catalanes? Ay pobres… Tendrán derecho a decidir en un plebiscito que cumpla con las garantías legales, ¿no?

La camarera soltó una carcajada y la señora del cigarro lo apagó en el cenicero con una sonrisa de medio lado (también se le dan bien).

Y no, no todas las opiniones son respetables.

Un día falté a clase en el instituto y cuando volví, mis compañeros, los muy cabrones, me habían elegido delegada de clase sin yo postularme y sin votación alguna. Bueno, pues ese capítulo de mi adolescencia que algún día detallaré, fue más democrático que lo de ayer del Parlament catalán. Porque si estamos de acuerdo en que los pueblos son soberanos y tienen derecho a elegir su futuro (y su presente), tenemos que estar de acuerdo en que lo de ayer, con Junts pel Sí y la CUP (ese abanico político imposible que va desde la burguesía más rancia hasta el perroflautismo radical) saltándose a la torera las normas que ellos mismos redactaron, es muchas cosas menos demócrata. El pueblo catalán no se merece esto que le han hecho los independentistas. Como tampoco se merece la cerrazón de los que no quieren hablar y se levantan del escaño para dejar el hemiciclo semivacío o la postura cómoda de la abstención que denota tibieza y, para variar, un poco de “voy con los de la plaza y vuelvo con los del mercado”. Lo peor es que si miras alrededor tampoco es que veas a nadie como con pinta de poder solucionarlo. Y de verdad que debería, porque mira que está este mundo complicado ya de per se como para hacerlo más difícil con sentimientos nacionalistas. En fin.

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