Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 83, Opinión
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À punt: Volver a empezar

Por Lidia Sanchis / Ilustración: L’Avi. Viernes, 22 de septiembre

@lidia_sanchis

Hay adioses tan dolorosos como la amputación de un miembro o como una ruptura amorosa. Cuando la gangrena hace imposible cualquier esperanza de conservar la pierna o el brazo; cuando somos conscientes de que el amor se ha ido para no volver (“¿Por qué callé aquel día? Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?”), un sentimiento de pérdida pero también de  culpabilidad invade nuestro corazón a oleadas: a veces, estas son calientes y pastosas; otras, frías y furiosas. La separación, obviamente, no ha sido de mutuo acuerdo sino que ha supuesto una batalla entre fuerzas desiguales que ha dejado tras de sí un reguero de heridos. Como en todas las guerras, ha habido vencedores y vencidos, aunque el gusano de la culpa, paradójicamente, no carcome el cerebro de los primeros sino de los últimos. Este adiós del que les hablo está siendo como un volcán dormido y ahora, en septiembre, después de ese espejismo que es el verano, cualquier verano, en el que el tiempo queda suspendido y el peso de la vida se aligera; después de ese paréntesis, miles de nosotros volvemos a formar una fila, a estar alineados en una lista de nombres y méritos: a nuestros 40, a nuestros 50, hay que volver a empezar. Cada uno, como era: valiente, cobarde, amo o esclavo. Toca volverse a enamorar, aunque quizá ya no se crea en el amor. O, al menos, no con la misma pasión. Porque hay una fuerza centrípeta que ha expulsado a los aparceros de la información del paraíso; un paraíso pequeño, circunscrito al siglo XXI, que consiste en tener un sueldo, un plato de lentejas cada día en la mesa y poder pagar a los hijos las clases de inglés. Ese huracán que no tiene nombre de mujer se ha llevado por delante también a jefes y capataces, aunque eso no sea ningún consuelo. Septiembre pesa como esas decisiones aplazadas, esas cartas no contestadas, ese conflicto no resuelto. Es un peso en la conciencia, como el latido de una antigua herida, que se acelera cuando va a llover. La buena gente de esa lista quiere seguir buscando y contando historias, narrando la realidad, filmando las calles y a sus vecinos o rellenando papeles y custodiando puertas de acceso. Cada uno, lo que fuera, porque en esa casa que fue nuestra casa nada es más que nada; nadie es más que nadie. Es la pasión por tener un plato de comida caliente en la mesa lo que nos motiva. Porque hay que volverse a enamorar, un asunto tan vital para algunos de nosotros como las lentejas. A pesar de que seamos más viejos y, aunque sea solo por eso, más sabios. Porque queremos volver todos: jóvenes y viejos, y no por ello más sabios. Y estoy segura de que volveremos todos: el compañero íntegro, el colega sobresaliente, el amigo generoso. También, el odioso jefe, el compañero mediocre, el caporal, el trabajador sometido. Aunque tengan otros rostros y otros nombres. Tampoco aquí, en este lado del río, nada es perfecto.

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L'Avi

@AviNinotaire

 

1 Kommentare

  1. Y aunque tu andadura te condujo a otra senda, ya sea porque siguen minando tu memoria o porque tienes la esperanza de seguir haciendo lo que mejor sabes hacer, brotan los fantasmas dañinos… Aunque ya aprendimos a no temerles.

    Líneas maestras, compañera.

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