Humor Gráfico, L'Avi, Número 82, Opinión, Óscar González
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¡Maaadre, lo de Cataluña!

Por Óscar González / Viñeta: L’Avi. Viernes, 8 de septiembre de 2017

@Morgoski

La vuelta al cole nos ha traído otra vez a la primera plana de los medios y la vida política el asunto de la independencia de Cataluña. Unos y otros han llegado, finalmente, al punto que querían. La obstinación palurda, irresponsable y antidemocrática de un Partido Popular bunkerizado en ese caladero de votos que representa el anticatalanismo, ha creado más independentistas que mil Diadas, mientras los mismos responsables de este despropósito se tapaban las vergüenzas con sus respectivos trapos de colorines.

Si analizamos la sucesión de acontecimientos y pretendemos llegar a entender las distintas responsabilidades de cada una de las partes, un buen punto de partida es el año 2006 y el conflicto generado por la aprobación del Estatut de Catalunya. Para muchos, aquella norma presentaba dos características interesantes: suponía un avance hacia la descentralización del Estado, una corriente de la filosofía política y jurídica que, a grandes rasgos, entiende que las políticas públicas, para ser eficaces, deben ser dirigidas por aquellas instituciones más cercanas a los destinatarios últimos de la actividad legislativa: los ciudadanos. La segunda característica reseñable era que suponía la primera piedra de una nueva vía para afrontar la relación con el Estado de las diferentes naciones que lo componen.

El Estatut fue refrendado por el pueblo catalán y aprobado por la mayoría del Congreso de los Diputados. Sin embargo, el Partido Popular, que ya por aquel entonces había identificado un nicho de voto en aquellos que gritaban muy alto contra todo lo que viniera de Cataluña, puso en las calles y en todos los telediarios y portadas una de las campañas más vomitivas que hayamos visto en la historia de nuestra pseudo democracia. La acompañó con un recurso ante el Tribunal Constitucional que acabó recortando algunos de los puntos más importantes en materia competencial, no sin enfrascarse previamente en un debate sobre el término “nación” que habría sonrojado a lingüistas serios como Chomsky o Umberto Eco. El TC español nunca defrauda.

Fue por entonces cuando hizo aparición en nuestras vidas la frase “España se rompe”. Como si España fuese un ente independiente de sus ciudadanos, cuyas opiniones e inquietudes no importan, y aquellos que deseaban una forma distinta de relacionarse con el Estado central fuesen potenciales terroristas a los que lo único que importaba era destruir la gloriosa nación a toda costa.

Y así nos hemos tirado los últimos diez años. Cada vez que en Cataluña se ha intentado profundizar en el debate sobre la forma de relacionarse con el Estado, la máquina del fango del Partido Popular ha enmierdado la opinión pública mediante la falacia, el argumento grueso, la desinformación y la falta de respeto, no solo al sentimiento de nación del pueblo catalán, sino a la inteligencia de los y las que conformamos eso que se llama opinión pública.

Cada vez que esto ha ocurrido, el número de independentistas en Cataluña ha crecido como la espuma de una botella de refresco con un caramelo Mentos en su interior.

Para el Partido Popular, la Constitución se concibe no como una carta de derechos y deberes al servicio de la ciudadanía, sino como una jaula en la que nos hemos quedado atrapados por el mero hecho de haber nacido en la “piel de toro”.

Aunque la mayor parte de la culpa es atribuible al Partido Popular, no está de más recordar que la burguesía catalana, representada especialmente por esa CiU que incluso tuvo que cambiar de nombre para tapar sus miserias (la del 3% y demás chanchullos casposos) ha encontrado en la actitud del gobierno central un parapeto perfecto para entonar aquello del “nosotros malos, pero ellos nos odian por ser catalanes” y desviar la atención de las múltiples manos que se han dedicado a vaciar los bolsillos del pueblo catalán.

Y así, entre bravatas y comparativas de miembro viril para dilucidar quién la tiene más grande (la jeta), hemos llegado hasta hoy, con las posturas más enconadas que nunca y la sensación de que andamos un camino que no lleva a nada bueno. La sensación, para concluir, de que lo último que ha importado a unos y otros (y aquí meto también la tibieza vergonzante de los partidos del cambio) ha sido el interés general del pueblo.

Viendo esto, uno no se explica por qué alguien querría independizarse; con lo sana que está la democracia en España.

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L'Avi

@AviNinotaire

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