Ben, Humor Gráfico, Número 83, Opinión, Rosa Regàs
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Lo privado y lo público

Por Rosa Regàs / Viñeta: Ben. Viernes, 22 de septiembre de 2017

@rosaregas

Durante años se nos ha hecho creer que las privatizaciones las llevaban a cabo los gobiernos responsables para que las empresas en cuestión rindieran más ya que, defendían y sistemáticamente intentaban introducir en nuestras mentes, era quien trabajaba para la empresa privada o para sí mismo quien rendía el doble de quien trabajaba para la empresa pública. Porque no se había probado que surtiera efecto económico trabajar con el convencimiento de que el bien común es la primera prioridad de la economía política.

Con los años todo lo que parecía inamovible ha ido perdiendo su fortaleza, y hoy sabemos que la privatización no se hace para que la empresa funcione mejor y dé más y mejores servicios al usuario, sino para que aproveche más a quienes la gestionan, contrariamente a la empresa pública que en principio tiene como objetivo el servicio más adecuado y útil al usuario que, al fin y al cabo es quién financia la empresa, sea de salud, educación o transportes.

Al margen del aprovechamiento que se ha hecho del dinero público que conocemos y llamamos corrupción, también nos hemos dado cuenta de que no solo los trenes británicos que privatizó la señora Thacher funcionaban mil veces mejor antes de tal desaguisado que después, sino que lo mismo ocurre con los nuestros, sean aviones, autobuses o ferrocarriles, entre otros.

Caso distinto es el del Servicio de Correos que si bien no ha sido privatizado actúa como si lo fuera, es decir, con crecientes deficiencias. No es que yo defienda que nuestras cartas y paquetes han de llegar a destino con la celeridad de las que Heidi le dirigía a su abuelo que vivía en lo alto de las montañas, ni que tengamos la seguridad de que un documento ha salido en el correo de las 19 horas ya que hemos perdido el de las 18,15 como ocurría en las historias de Sherlock Holmes, pero no es de recibo que una carta enviada en la estafeta del pueblo de Girona donde vivo llegue a Barcelona, unos 115 kilómetros de distancia, en cinco días.

Como no lo es que no tengamos cartero que nos lleve el correo a casa y haya que contratar un apartado donde por una cuota anual nos dejan el correo “cuando pueden” y en el que si queremos recibir correspondencia no solo a nombre de quien ha pagado esta cuota sino de un invitado, por ejemplo, haya que abonar el doble de lo establecido anualmente. ¡Incomprensible! Ganas de complicarse la vida que jamás revierte ni en la rapidez (a veces he esperado 21 días un paquete enviado urgente desde Madrid a mi pueblo) ni en la facilidad de la gestión, ni en la reducción del gasto.

¿A quién benefician privatizaciones y gestiones que las imitan sino a los gobiernos que las decidieron, y que por ellas presumieron de los buenos resultados económicos de su gestión?

No sabemos en manos de quien estamos. Mejor dicho, no queremos saberlo.

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@BenBrutalplanet

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