Número 83, Opinión, Víctor J. Maicas
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La insaciable y ciega avaricia del neoliberalismo

Por Víctor J. Maicas. Viernes, 22 de septiembre de 2017

Víctor J. Maicas

En algunos de mis anteriores artículos hablé de lo que la historia nos enseña, indicándoles por ejemplo qué es aquello que hizo Roosevelt para salir de la gran depresión del veintinueve, es decir, inversión de dinero público para crear riqueza y gravar a las grandes fortunas con los impuestos que por sus grandes beneficios deberían pagar (ilustres economistas no neoliberales llevan insistiendo en esto desde el principio de esta descomunal debacle). Algo que curiosamente, y una vez liquidado gran parte del Estado del Bienestar que en definitiva ha sido el verdadero objetivo de los ultraliberales, algunos otros neoliberales ya empiezan a admitir, es decir, que la solución para salir de este descalabro en el que ellos mismos nos han metido pasa por ahí ya que austeridad sin inversión tan solo nos lleva al colapso total.

Pero aun así la mayor parte de los neoliberales, que son en gran medida los grandes responsables de esta gran crisis que vivimos en la actualidad, lejos de reconocer sus errores están llevando a la sociedad a un callejón sin salida, pues su sistema económico se está convirtiendo en una especie de anarquía, en una ausencia de determinadas reglas para favorecer, como siempre, a los que más tienen. Con la anunciada quita a los depósitos en Chipre (esos precisamente que tenían la garantía del Estado si no superaban los cien mil euros), este ultraliberalismo económico estuvo incluso dispuesto a dinamitar hasta las bases de su propio sistema, pues en cierto modo la propiedad privada deja de existir como tal (al menos para los menos pudientes). Porque esa quita era un claro “robo” a las pertenencias de las clases medias y bajas, a los pequeños ahorradores, ya que las grandes fortunas tienen a buen recaudo su dinero en determinados paraísos fiscales. Y es entonces cuando de repente muchos empezamos a pensar: ¿para cuándo irán casa por casa confiscando el oro como por ejemplo las alianzas de los casados, las medallitas de la primera comunión de los niños e, incluso, las huchas de los más pequeños repletas de calderilla? Con estas y otras medidas a nivel económico estamos volviendo a la edad media, por lo que finalmente tan solo nos faltará plantearnos si en pleno siglo XXI será capaz de aparecer un nuevo Robín Hood que libre al 98% de la población de la avaricia de los que más tienen.

Muy probablemente si hubiese una verdadera responsabilidad humana, la anarquía en todas sus formas sería el mejor de los sistemas, pero teniendo en cuenta cómo y de qué forma actúa el ser humano, una anarquía total desembocaría posiblemente en que ni en nuestra propia casa estaríamos seguros, mientras que una anarquía económica o sin casi ningún control y poder del Estado desemboca en este injusto e insostenible sistema de mercado que acentúa de forma más que preocupante esa brecha entre ricos y pobres. Porque esto, a todas luces, se está convirtiendo en una auténtica anarquía económica en la que tan solo salen favorecidos los más poderosos. Una anarquía económica diseñada por ellos y que es capaz de contradecir muchas de sus propias normas, pues a pesar de que no quieren la intervención del Estado, para socializar sus propias pérdidas sí que han consentido precisamente esa intervención del Estado con el dinero público. Y ahora, sin ir más lejos, han llegado a plantearse contradecir ese respeto que decían tener por la propiedad privada para usurpar a los pequeños ahorradores ese dinero que a lo largo de toda una vida de esfuerzo han conseguido ahorrar para tener una vejez digna (pero claro, esto solo iba a afectar a los depósitos de los menos pudientes, esos que no pueden tener su dinero en los grandes paraísos fiscales).

Nos escandalizamos, evidentemente con razón, con corruptelas como las de los casos Bárcenas, Urdangarín y muchos otros que a fin de cuentas pueden suponer para el Estado unas pérdidas de veinte, treinta o quizá cien millones de euros. Pero… ¿qué pasa con las corrupciones legales? Sí, esa especie de anarquía por la ausencia de normas de bien común en cuanto a esos miles y miles de millones que el Estado, es decir todos nosotros, estamos perdiendo por haber consentido que empresas tan importantes como Telefónica, Argentaria, Endesa y muchas otras ya no den sus grandes beneficios al Estado, sino tan solo a unos pocos. Porque en esta u otras cuestiones, es decir, para crear una sociedad más equilibrada tal y como intentó Roosevelt en la década de los años treinta, algunas normas que existían se han abolido como por ejemplo la ley Glass-Steagall, esa precisamente que separaba la banca de ahorro y la de inversión para así no propiciar otro crack como el del 29 (una ley que controlaba la especulación y que con su derogación, en tan solo pocos años hemos vuelto a vivir de nuevo aquel crack). Así es, a “ellos” no les interesan determinadas normas, sino una especie de anarquía económica en la que puedan hacer y deshacer a su antojo.

Por lo tanto, en tan solo treinta años el neoliberalismo económico ha conseguido llegar probablemente a un punto sin retorno, pues día tras día está traspasando unas líneas rojas que nos llevarán a todos, incluso a ellos mismos, a vivir una convulsa época en la que las manifestaciones pacíficas desembocarán desgraciadamente en dramáticos disturbios que nadie desea. Los que planificaron este sistema económico sabían muy bien las consecuencias que dicho sistema podría traer (ya hicieron experimentos de este tipo en varios países y fue una auténtica debacle para las clases medias y bajas), pero su avaricia es tal, que los hace ciegos ante ese sufrimiento de una gran parte de la sociedad que con el paso del tiempo está cada vez más desesperada, y eso, por cierto, tiene unas consecuencias que de una u otra forma nos afectará a todos sin excepción, incluso a ellos mismos, puesto que ahora el problema no es solo de unos cuantos países, sino a nivel global, por lo que las consecuencias pueden ser impredecibles.

Pero como siempre, y para deducir esa insostenibilidad del sistema y el caos que se nos viene encima, tan solo hay que dar un vistazo a todo aquello que la historia nos enseña y, también, a todo aquello que los economistas no neoliberales nos están diciendo desde hace tiempo a pesar de que su voz traten de difuminarla esos grandes medios de comunicación dominados por los grandes lobbies económicos del poder.

Sí, no estaría de más que ustedes mismos se informaran a nivel económico de lo que nos dicen economistas como Vicenç Navarro, Juan Torres, Joseph Stiglitz y sobre todo Thomas Piketty a través de su magnífico libro El capital en el siglo XXI (un libro, por cierto, recomendado por el mismísimo premio Nobel de economía Paul Krugman). Aunque eso sí, no esperen oír sus teorías en nuestros “sesudos medios de comunicación” (a no ser que sea a las dos o a las tres de la madrugada como decían Les Luthiers, es decir, en horas en las que apenas hay audiencia para así decir que ellos, nuestros prestigiosos medios de “desinformación”, no vetan a nadie).

En fin, pues ironías aparte, intenten informarse de lo que realmente nos dicen este tipo de economistas puesto que, nuestro futuro a no muy largo plazo (sanidad, educación y pensiones), está más que en serio peligro de seguir este desvarío económico que según parece muy pocos de los que nos gobiernan quieren poner fin.

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