Número 82, Opinión, Rosa Palo
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La hucha

Por Rosa Palo. Viernes, 8 de septiembre de 2017

@Ebaezan

Miren lo que les digo: cada una tiene sus métodos para sobrevivir. Me cuenta M. que, cuando está fatal, se acuerda de los negritos del África. “Esos están mucho peor que yo”, me dice. Yo, en cambio, pienso en ellos y me viene a la mente la imagen de la hucha del Domund. La de la cabeza del negrito, sí. Y la del chinito. Y me pongo más triste aún.

Mis métodos de supervivencia por comparación son distintos a los de M. Más prosaicos, si quieren. Más pedestres, que también. Más cutres, vale. A saber: cuando creo que mi hijo está viviendo la adolescencia más granulosa y contestona del hemisferio occidental y que maldita la hora en que no me ligué las trompas, pienso en los hijos de la Pantoja. Cuando compruebo que me estoy poniendo hecha un tordo, pienso en Carmen Borrego y en sus fotos en bañador este verano. Cuando tengo problemas en el curro, pienso en Will Smith intentando impedir que los extraterrestres destruyan la Casa Blanca. Cuando desconfío de mis capacidades como columnista, leo el blog de Fran Rivera en ¡HOLA! Cuando la lío y meto la pata hasta el fondo fondísimo y me siento la mujer más desgraciada del mundo y estoy a punto de tirar la toalla, me acuerdo de iFamily, la última serie de Antonio Resines (y de la “Escuela de Actores” de Juan Ramón Lucas, y del Operación Triunfo de Pilar Rubio, y de la versión española de Cheers, y de Aquí paz y después gloria –y sí, en estas dos últimas también sale Antonio Resines–). Y así voy, en una espiral de comparativas en la que siempre encuentro a alguien que está peor que yo. Es la única forma, a veces, de sobrevivir a un martes por la mañana, o a un jueves a última hora, o a un viernes que no es el preludio de un fin de semana, sino de un desastre nuclear.

Ahora, en cambio, cuando estoy hecha un higo, pienso en Cataluña y se me pasa todo: me imagino a los independentistas pidiendo diners para pagar la multa del 9-N llevando una hucha del Domund con la cabeza de Artur Mas. Y me descojono.

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