Ada Colau, Número 82, Opinión
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Héroes anónimos

Por Ada Colau. Viernes, 8 de septiembre de 2017

@AdaColau

Ayer fui a la Comisaría de la Guardia Urbana en Ciutat Vella, ubicada en la Rambla. En los días posteriores al atentado ya tuve ocasión de agradecer y felicitar su excelente actuación, a través de declaraciones públicas o en breves encuentros con sus mandos. Sin embargo, ayer fue diferente. A pocos días del terrible atentado, pudimos sentarnos con una veintena de agentes en una sala de la comisaría, y durante casi dos horas pude escuchar directamente cómo habían vivido y actuado estos héroes anónimos durante el atentado.

Guardia Urbana, como policía local y de proximidad, es el cuerpo que patrulla por las Ramblas diariamente. Fue la primera en llegar e incluso correr tras la furgoneta, arriesgando su vida para salvar la de otros. La primera en dar la voz de alarma con un aviso que decía, literalmente “Atenció! Atenció! ¡Una furgoneta arrollando a la gente! ¡En las Ramblas! ¡En las rambles! 109 ¡Ataque terrorista! ¡Ataque terrorista!…” Un aviso que todos tienen grabado en la memoria y no pueden olvidar.

Guardia Urbana fue la primera en atender a los heridos, la primera en consolar o dar instrucciones a personas que huían presas del pánico. Y lo hicieron sin pensar en sí mismos, superando el instinto natural de alejarse como hacía todo el mundo, y acercándose al lugar de los hechos arriesgando literalmente su vida, porque en los primeros momentos no se sabía si habría explosivos en la furgoneta, o si habría personas armadas. Pero no dudaron y actuaron conscientes de que ése era su deber.

Ayer escuché a agentes todavía conmocionados que me explicaron cómo en los primeros minutos se pierde la noción del tiempo, todo transcurre como a cámara lenta, el sonido se convierte en silencio y sólo hay imágenes. Cómo tuvieron que tomar decisiones a vida o muerte. Cómo intentaron reanimar a víctimas que murieron en sus brazos, consolar a niños y niñas que no encontraban a sus padres. Incluso buscaron medios de transporte propios antes de que llegaran las ambulancias para intentar salvar vidas, como la de un niño de tres años, al que trasladaron al hospital después de intentar reanimarlo, sin rendirse a pesar de su extrema gravedad.

Escribo esto todavía emocionada por sus testimonios.

Pese a lo que han vivido, todos afirman que no hubieran querido estar en otro lugar, y no tienen ninguna duda de que estaban donde tenían que estar. Como alcaldesa y máxima responsable de la Guardia Urbana de Barcelona, no podía dejar de dedicarles este escrito, como reconocimiento a su valentía. Pero lo hago también como barcelonesa orgullosa y agradecida. Escucharlos fue revivir con ellos esos momentos. Y, creedme, su valor y su sentido del deber son dignos de admiración.

Bajo el impacto me contaron, como profesionales pero también como personas, que a muchos les cuesta dormir y que tienen continuamente flashes de las imágenes de los momentos más duros.. que muchos se preguntan si podrían haber hecho más. Desde aquí, y en nombre de la ciudad, les digo que fueron valientes, que actuaron con la máxima profesionalidad, sensibilidad y humanidad, y que pueden sentirse orgullosos. Tanto como Barcelona lo está de sus agentes de seguridad más próximos y cercanos en uno de los días más tristes y dolorosos que ha vivido esta ciudad.

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