El Petardo, Humor Gráfico, Número 83, Opinión, Sergio Rodríguez
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Hasta el peluquín de Puigdemont

Por Sergio Rodríguez / Viñeta: El Petardo. Viernes, 22 de septiembre de 2017

Sergio Rodríguez

Yo confieso en día tan señalado: Tenía un amigo del Atlético y un mal día lo perdí por una discusión pero no de fútbol, que nunca me ha apasionado lo más mínimo, sino de política. Hoy me he acordado de él con el lío fiestero ese del Wanda Atlético. De los más allegados es conocida ya mi tendencia a cortar por lo sano, aunque tampoco me considere rencoroso en lo más mínimo, es decir, que una palabra (de disculpa) suya bastaría para salvarnos. Prueba de ello es que mi hijo Alex, cuando ha estado por la zona donde vive mi antaño amigo ha ido a visitarlo. Y ha llegado a decirme: “Pero papá, jolín, yo creo que no se ha dado cuenta siquiera de que te has enfafado”. Así es uno de discreto y de despistado con el género prójimo. Conservé durante una temporada sus mensajes “ofensivos” pero también los he perdido. También tengo un primo que ha sido encargado de obras en ese mega estadio “Wanda Metropolitano”. Y este verano incluso me ha dado una conferencia sobre los pormenores de esa asombrosa obra de ingeniería (esto sí que me apasiona más que el fútbol, es decir el continente más que el contenido). Pero como mi teléfono móvil se ha escacharrado, como una lesión irreversible de futbolista, tambien he perdido las fotos en detalle de los pormenores de esa obra: los tensores elevados por grúas sincronizadas por ordenador, la semicubierta, los pilares… La vida está llena de pérdidas. Y conforme vas cumpliendo años, lógicamente cada vez hay más pérdidas si no te pierdes antes tú mismo.

Le pregunta el Ferreras al Junqueras si espera que lo detengan. Y el Llongueras, digo el Junqueras, ha dicho que él es un buen ciudadano y un buen cristiano. Bueno, no pesado. Razones de peso. El Ferreras, con uniforme de Ferreras, de progre perpetuo y antiguo. El Junqueras como de exseminarista o de frailuco seglar. De Els Segladors.

Reflexiones de telediario. El lenguaje lo delata todo: los palestinos no tienen ni nación, tienen un par de franjas. Pero el Estado de Israel siempre se enfatiza.

Telediario indigesto. Entre un vino del Bierzo a 1.200 euros la botella y una ración en un concurso de paellas en Sueca, mi paladar se ha quedado conmocionado. Lo del ojo del huracán es historia aparte. Ampliada y repetida. Como Rocky.

Y el discurso de los modistas de la pasarela esa de este fin de semana y el de todas es siempre el mismo: ellos diseñan para una mujer segura de sí misma y que sabe lo que quiere. Las inseguras y las que no saben lo que quieren, que se vayan al mercadillo del barrio.

Un torero con una bandera franquista. He aquí las esencias patrias. Manuel Vicent decía aquello de “sangre, arena y orines”.

Es lo que tiene esto de los premios: darle un premio de la cultura a Pablo Motos crea una situación de agravio con los demás premiados, que sí se lo merecen.

Ya estoy sin teléfono móvil. Vino uno de SEUR a recogerlo y se llevó el teléfono y una cerveza que le di. Me dijo que recogía cien cada día. De cervezas no me dijo. Y ahora que lo pienso… ¿Qué es más imprescindible, el móvil o la cerveza? Todo el mundo pensando en una España sin Cataluña y nadie parece pensar en mí sin teléfono móvil.

Yo ya no me pregunto qué va a pasar el 1 de octubre sino si Puigdemont lleva peluquín…

Los 300 de las Termópilas y los 712 de Montserrat. La mare de Deu.

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