Número 82, Opinión, Xavier Latorre
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Carne de meme

Por Xavier Latorre. Viernes, 8 de septiembre de 2017

Xavier Latorre

No tengo ni idea de música, pero, sin embargo, me empeño en ponerme conciertos, algunos largos y tediosos, de orquestas sinfónicas de grandes ciudades alemanas. Soy bastante negado para la música, ¡qué remedio! Lamentablemente a este déficit de sensibilidad le añado la pintura. ¿Por qué en vez de cromos de futbolistas alguien de mi entorno infantil no se apiadó de mí y me compró una enciclopedia de pintores impresionistas franceses? No sé nada de las dificultades de estampar un paisaje en una tela, ni del talento que se necesita para colorear el espejismo mental de un artista colocado por algún porro caducado. Siempre me quedo a cuadros delante de una reconocida obra en algún museo de renombre.

De mayor he tenido que recurrir a Google y a YouTube para ponerme al día, para actualizar mis mínimas nociones en ambas disciplinas artísticas. En ambas webs, a cambio de traficar con nuestras preferencias, temores y gustos al por mayor, nos introducen por el mundo del arte y de la música en general como Pedro por su casa. Pero esos súper portales también inducen a celebrar lo cutre, a reverenciar lo más casposo y a ensalzar el Mal. El hijo de la Tomasa, alias el Cordobés, colgó un video amenazante por encargo y se quedó tan pancho. Todo el día enganchado al PC para ver cuantos seguidores tiene, si alguno de su colegio en Córdoba le recuerda o si le ascienden en el organigrama de Daesh y le hacen asesino de primera. Algunos han consagrado a ese vocero de Isis como un humorista deleznable. Con tanto proselitismo chungo en la red se pierde oberturas geniales, partituras magistrales interpretadas por solistas virtuosos y se olvida de rastrear museos con un solo click. Aunque mejor que no vaya a ninguno de ellos, no sea que le dé por destruir fragmentos de frontispicios o romper piezas de cerámica con algún adorno blasfemo.

Tras el atentado de Barcelona las cosas jamás volverán a ser igual. Cuando se vuelva a producir una atrocidad semejante los dedos acusadores de la gente de a pie apuntarán a las monarquías medievales del golfo, a los soberanos saudíes y a los poderosos emires untados en oro negro que financian imanes destroyers y misóginos. Unos predicadores que cultivan el rencor y que sueñan con fabricar asesinos en serie para dinamitar cualquier proceso digno de integración y de fusión cultural. A partir de ahora cuando veamos atracado el yate de un jeque árabe multimillonario no pensaremos en un potentado vicioso y derrochador. Ahora los imaginaremos sufragando el adiestramiento de yihadistas dispuestos a inmolarse por unas ideas anticuadas y declinadas hace siglos. Los amigos de nuestros reyes, la monarquía saudí, que hace proselitismo del wahabismo, ha abierto numerosas mezquitas/franquicias en países como Gran Bretaña, Alemania o la pobre Mauritania, donde han pasado de 60 en una década a 900. Esos señores feudales financian el capricho de adoctrinar a personas de buena fe que pueden sucumbir a esas retrógradas propuestas ideológicas. Gracias al ejemplo de los lúcidos manifestantes de Barcelona ahora ya sabemos quién está detrás de esas barbaries terroristas. Y, también, quiénes les vendemos las armas. Ya nunca les pasaremos por alto su querencia por el Mal.

El hijo de la Tomasa, que tiene mucha guasa macabra, seguirá lanzando, supongo, proclamas disparatadas en la red. Claro que si juega mucho pueden geolocalizarle, o como se diga, y mandarle un dron personalizado con un explosivo plástico que le volará los sesos. Ese ridículo personaje ha asumido una profesión de alto riesgo. Pobre chaval, se expone a que por la calle algunos infieles le reconozcamos y digamos: “mira el tal Pérez, el salafista payaso de la tele”. El Cordobés barbudo es ya carne de meme. Ganas de dar la nota.

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