Alaminos, Humor Gráfico, Número 82
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Análisis: Turismofobia, una plaga de la globalización

Por Redacción de Gurb / Ilustración: Jorge Alaminos. Viernes, 8 de septiembre de 2017

   Análisis

La campaña que grupos radicales han emprendido contra el turismo masivo en Cataluña y en otras partes del país no es una buena noticia y lejos de solucionar el problema solo contribuirá a agravarlo. La ‘turismofobia‘, un término que sin duda es consecuencia de la globalización, debe ser condenada, como se condena la homofobia, la islamofobia y cualquier otro tipo de xenofobia. El odio al otro, en este caso al extranjero vacacional, jamás puede ser la solución al conflicto. Echar a patadas de un autobús a los turistas, amenazarlos, expulsarlos de playas y urbanizaciones mediante el recurso del terror, son métodos injustificables en una sociedad democrática y avanzada porque atentan contra los derechos más básicos de las personas, como el derecho a la libertad de movimientos, a no ser coaccionado y a la integridad personal. Sin embargo, pese a que en este caso las formas desacreditan por completo a los grupos activistas que promueven la movilización, no puede negarse que las denuncias que llevan a cabo se sustentan en argumentos justos y razonables. Hace ya tiempo que los cascos antiguos de nuestras grandes ciudades se han convertido en parques temáticos para que miles de turistas se lo pasen bien a toda costa sin importar el daño que puedan ocasionar a terceros. La mayoría de los visitantes o ‘guiris’ son gente educada y cívica pero con ellos llegan también los gamberros, los exaltados cerveceros, los hooligans, vándalos y hasta delincuentes que no respetan nada ni a nadie.

Son los vecinos de los barrios quienes sufren en sus propias carnes las molestias que ocasionan estos auténticos terroristas de la litrona que van dejando tras de sí una estela contaminante de ruido, mala educación, actos de sabotaje y suciedad. Hay que terminar con esa plaga, como también es preciso regular los alquileres de apartamentos de temporada y las empresas tipo Airbnb que los gestionan y que se han convertido no solo en un cáncer para nuestro floreciente sector hostelero sino en un permanente foco de conflictos entre turistas y vecinos. Todas las administraciones públicas deben implicarse a fondo en la solución de un problema que amenaza con liquidar la gallina de los huevos de oro y principal empresa nacional: el turismo. Si estamos condenados a ser un país de servicios, para bien o para mal, al menos hagámoslo con rigor y profesionalidad. Nuestras ciudades milenarias no pueden quedar reducidas a simples abrevaderos de alcohol donde, como sucedía en el Far West, los forasteros, borrachos y pistoleros terminen imponiendo su ley. En este caso, la ley del desmadre.

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