Humor Gráfico, Luis Sánchez, Número 80, Opinión, Víctor J. Maicas
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Solidaridad y justicia social

Por Víctor J. Maicas / Viñeta: Luis Sánchez. Viernes, 7 de julio de 2017

Víctor J. Maicas

A menudo el ser humano, en líneas generales, sólo suele hablar de solidaridad y entender lo que significa la justicia social cuando, o bien sufre en sus propias carnes la intolerancia y la injusticia, o bien cuando la ve tan cerca que es entonces cuando apela a la buena voluntad de los demás para que así intenten ponerse en su lugar.

Ponerse en el lugar de los demás, algo que la mayor parte de los seres humanos eluden hacer si no son en cierto modo obligados a ello, puesto que su egoísmo personal los incapacita para tal labor. Un egoísmo personal promovido y alentado precisamente, y no por casualidad, por los que dominan el gran poder para así llevar a cabo ese tipo de economía neoliberal que hoy domina en todo el mundo. Un tipo de economía dominante pero que, paradójicamente, no va en beneficio del bien común como podría llegar a parecer (y aun así no existe un rechazo generalizado por parte de la población). Y digo que es un tipo de economía que no favorece a la gran mayoría puesto que según diversos estudios sólo un veinte por ciento de la población mundial consume el ochenta por ciento de los recursos del planeta, cosa que, lógicamente, provoca que el restante ochenta por ciento de la población del mundo viva en condiciones, por decirlo de alguna manera, poco recomendables y de una forma totalmente injusta. Además, también existen muchos estudios en los que podemos ver que la diferencia entre ricos y pobres se va acrecentando día a día de una forma alarmante. Ya no sólo la diferencia entre países ricos y pobres se va acrecentando, algo que muchos estamos denunciando desde hace años, sino que esa diferencia entre ricos y pobres también se está incrementando a pasos agigantados entre los habitantes de un mismo país, a pesar de que éste pertenezca a los llamados países del primer mundo.

Pero entonces, y a pesar de todos los avances tecnológicos que por sí mismos nos han hecho ganar en calidad de vida, ¿por qué esas diferencias en lugar de aminorarse, se van acrecentando por momentos? Supongo que muchos de ustedes ya sabrán el porqué, ya que a ello ha contribuido sin lugar a dudas ese ultraliberalismo económico y especulativo que en lugar de invertir en economía productiva para mejorar la calidad de vida de las gentes, lo ha hecho en economía especulativa provocando la acumulación de riqueza por parte de tan sólo unos pocos y que, paradójicamente, esos pocos por regla general no contribuyen al bien común, ya que eluden pagar sus impuestos a través de esa mezquindad que significan los paraísos fiscales. Y claro, si los impuestos que ya no pueden pagar los ciudadanos, puesto que muchos ya no tienen ni tan siquiera trabajo, eluden pagarlos los que ahora reciben ese dinero, entonces creo que muchos ya entenderán por qué los neoliberales dicen que no es sostenible el Estado del Bienestar. Un Estado del Bienestar que por cierto sí ha sido sostenible durante los últimos tiempos debido a que la mayor parte del dinero se invertía en economía real (crear fábricas, comercios y demás) y no en especulativa (los famosos “mercados”). Pero esta tendencia ha variado en la actualidad puesto que los que mandan no quieren poner casi ningún tipo de control a esa economía especulativa, cosa que por cierto sí hizo por ejemplo Roosevelt para sacar a los EE.UU de la gran depresión del 29 (últimamente de cada 270 operaciones financieras sólo una se relaciona con la economía productiva).

Pero si he comenzado este artículo hablando de solidaridad y justicia social no lo he hecho simplemente para denunciar la avaricia sin límites y ausencia de valores morales de la mayor parte de los dirigentes de hoy en día (puesto que eso ya está más que demostrado, viendo lo que están haciendo), sino que lo que pretendo denunciar es que pese a los abusos de los que ocupan el gran poder, el verdadero problema de fondo consiste en que la mayor parte de la población tan sólo es capaz de ponerse en el lugar de los demás cuando, en cierto modo, ellos se ven afectados. Sólo así se explica que en este país y en tantos otros, mientras una escasa élite de privilegiados se ha enriquecido a pasos agigantados, más del noventa por ciento de la población se ha sumergido cada vez más en la precariedad. Hecho que, evidentemente, se ha producido en gran medida por no haberse fijado antes la ciudadanía, en general, en el sufrimiento de los demás, ya que, probablemente de haberlo hecho los que mandan hoy en día por medio del brutal neoliberalismo económico no hubiesen conseguido sus objetivos tan fácilmente si realmente esa ciudadanía hubiese creído totalmente en la solidaridad, pero, sobre todo, en la justicia social.

Posiblemente todavía estemos a tiempo de remediar el desaguisado, pues la cosa va cada día a peor, pero para ello deberemos abandonar la pasividad e involucrarnos personalmente para que nuestras reivindicaciones, que en el fondo son las de la gran mayoría, no caigan en saco roto. Así pues, esto es cuestión de todos, por lo que quedarse en casa lamentándose a la espera de que otros den la cara por nosotros, tan sólo favorece a los que están aplicando este tipo de desvarío económico.

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Luis Sánchez

 

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