Artsenal, Humor Gráfico, Número 81, Opinión, Rosa Regàs
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La posteridad

Por Rosa Regàs / Viñeta: Artsenal. Viernes, 21 de julio de 2017

@rosaregas

Al comienzo de su Historia (69 d.C), Cornelio Tácito nos habla de los políticos de la República y de los del Principado. Los primeros vivían pensando en la Posteridad, aquel ámbito donde entrarían por el valor y la grandeza histórica de sus carreras políticas. A los que los sucedieron, en cambio –según añade al referirse a la situación de Roma capital, al espíritu del Ejército y al estado de las provincias cuando se inició el Principado y Augusto se hizo con el poder–, ya no les interesaba aquella Posteridad que subyacía anulada por la fuerza de la vida real que se limita a transcurrir y que todo lo engulle.

Para una lectora profana como yo en Historia Antigua es difícil entender cabalmente lo que esta aseveración de Tácito desvela. Y sin embargo, es ella la que en un fácil ejercicio de lógica elemental, me permite ver como en un calco lo que igualmente ocurre con las clases privilegiadas de nuestro presente y con los esfuerzos que dedican a que siga viva la memoria de sus hechos.

Me refiero a las clases que detentan el poder, llámense burguesía, terratenientes, nobleza, Iglesia… la burguesía catalana, por ejemplo. Y no la menciono porque la crea peculiar y distinta sino porque es la que conozco mejor y creo que al margen de ciertos matices característicos, viene a ser como las del mundo entero.

En el siglo XIX también esos burgueses creían en la Posteridad, de ahí que en la medida de su saber y de su poder fueran mecenas, colaboraran al desarrollo de su país o fundaran instituciones culturales, sanitarias, de investigación…, convencidos de que era la única forma de seguir vivos una vez muertos, aunque no en la realidad ni en la trascendencia sino en la Historia, en la Posteridad.

Fueron ellos los que construyeron los más modernos edificios, iniciaron la expansión de la ciudad y la situaron en el camino del progreso. Y no es que olvidaran el objetivo principal del capitalismo al que pertenecían su alma y su voluntad, pero al menos lo aprovecharon no solo para hacerse ricos sino también para intentar, como los republicanos de la antigua Roma, desbaratar con sus hechos el olvido del nombre que recibieron al nacer.

A la burguesía de hoy en cambio, la llamemos como la llamemos, ya no le interesa la Posteridad sino sólo la riqueza. De ahí que hayan dejado de existir aquellos prohombres cuyos méritos y creaciones la sociedad sigue reconociendo, aunque ya hayan desaparecido.

Ese comportamiento que recorre el planeta cabalgando sobre la corrupción, tal vez lo explicaría el afianzamiento del capitalismo más poderoso y feroz que invade hoy tantas ideologías proclamando a voces que el dinero y el éxito son los únicos valores, para convencernos de que no hay más forma de gobernar que la que nos explota, ni otra esperanza a la vista que la de enriquecernos al precio que sea.

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@ARTSENALJH

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