Número 80, Opinión, Rosa Regàs
Deje un comentario

Homenots

Por Rosa Regàs. Viernes, 7 de julio de 2017

@rosaregas

Llofriu es una pedanía de Palafrugell –o un barrio, como le decimos al Empordà– y como tal mantiene una cierta autonomía en la gestión de los campos y del pueblo y en actividades de todo orden. Yo vivo en Llofriu, en una masía no demasiado grande, alejada del pueblo un par de kilómetros. Mis vecinos son pocos y también viven en masías, algunas que veo de lejos, más allá de campos cultivados y entre bosques. La masía mayor es la que está al otro lado del valle, detrás de la que estalla la primera luz del día, y que en invierno le da el sol desde mediodía, por la tarde y hasta que anochece. Cuando comienza a oscurecer encienden la luz de la fachada, que veo desde mi estudio y que me acompaña toda la noche.

Llofriu ha cambiado mucho en los últimos años, y con la obsesión que nos han encomendado por tener la segunda residencia, los ricos de Girona y Barcelona han comprado y rehecho casas, pero se han llevado la vida del pueblo, la de antes al menos, porque son gente que no viven allí más que los fines de semana o en verano, y cuando te acercas lo encuentras como algo desamparado. El pueblo se vació, silencioso, con los postigos cerrados, las calles sin niños que juegan ni perros que toman el sol tumbados en cualquier trozo de tierra, las puertas ya no están abiertas como cuando yo venía a comprar a la única tienda que había o a buscar leña en el patio de la última masía. Y la pequeña y preciosa iglesia ahora sólo se abre de vez en cuando, para entierros y funerales. Los que siguen viviendo todo el año ya son menos y hay muchos que viven en casas a las afueras del pueblo .

No es sólo Llofriu el que está vacío y silencioso sino otros muchos de los más pequeños pueblos de toda Cataluña. Y de España también, supongo que por las políticas aplicadas en el campo que no han contado con ese campesinado que, con dificultades y mucho trabajo, lo ha dejado todo y se ha ido a la ciudad. Y es que, de un modo u otro, todo cambia, y un tiempo, unas costumbres, una forma de vida son sustituidas por otras. Es ley de vida, dicen los sabios, y que esto sea o no sea progreso depende de lo que hacemos, lo que pensamos, de lo mucho o poco que obedecemos al poder.

Ellos sin embargo, los vecinos y los amigos de Llofriu, están decididos a que el pueblo siga vivo y que sea de todos, que recoja las viejas tradiciones y las novedades que ruedan por el mundo que ellos usan con eficacia y originalidad.

El viernes pasado celebraron la fiesta que cada año dedican a las personas mayores de Llofriu. Y a alguien de entre todos ellos que haya hecho algo, que valga la pena premiarlo y celebrarlo, ya sea hombre o mujer, lo llaman Homenot. Un galardón que tiene años, cuyo título rememora las sesenta semejanzas que describió Josep Pla en su masía de Llofriu, muy al borde de donde yo estoy escribiendo ahora mismo. Este año el Homenot ha sido para Jaume Pont, conocido por apoyar las iniciativas más populares.

Sí, Llofriu es un barrio pequeño, pero que vive de lo que le parece más importante, como es la participación de la gente en la vida de la comunidad y la cultura en todas sus manifestaciones que, a su manera, sin aceptar imposiciones ni modas, los vecinos saben gestionar y adaptar al paso del tiempo, conservando la identidad y la esencia de su pequeña y personal historia.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *