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Carla Antonelli: “Yo entré en la democracia a hostia limpia de la Policía”

Carla Antonelli, actriz y diputada en la Asamblea de Madrid. Foto: José Ramón Ladra.

Por José Antequera. Viernes, 7 de julio de 2017

  Entrevista

La vida de Carla Antonelli (Güímar, Tenerife, 1959) ha sido todo menos un camino de color de rosas. Hoy la actriz es diputada autonómica por el PSOE en la Asamblea de Madrid y su decisiva labor como activista por los derechos de las personas transexuales –que incluso ha contribuido a la aprobación de las recientes leyes de igualdad–, es reconocida en todos los ámbitos políticos y sociales. Lástima que no siempre fuese así. Carla aún recuerda los años duros de la Transición, su juventud traumatizada y reprimida, los cotilleos e insultos de la gente ignorante del pueblo, de donde tuvo que salir cierto día porque el ambiente era “irrespirable”. Atrás quedan los años oscuros donde tuvo que ganarse la vida como bailaria de la sala Britania, las palizas de la Policía y el miedo a la “Secreta”, la sombra amenazante del calabozo en la Dirección General de Seguridad. “Ya estaréis contentos maricones, ya tenéis democracia”, le espetó un policía aquel verano del 77, cuando tras cuarenta años de dictadura dejaron votar al pueblo. “Al final aprendes a sobrevivir, aprendes que sistemáticamente te conviertes en una persona resiliente, conviertes lo negativo en positivo. Si no, ¿de qué íbamos a estar aquí? Nos hubiéramos quedado por el camino como desgraciadamente le ocurrió a tantísimas personas transexuales y homosexuales víctimas de la oscuridad, de las drogas, de la marginalidad, víctimas de los suicidios, de la incomprensión, del desarraigo familiar y el rechazo social”. Esos dos millones de personas que se echaron a la calle el pasado sábado para cantar, bailar y disfrutar en absoluta libertad durante el Día del Orgullo se lo deben a gente como Carla, personas que sufrieron la más cruel incompresión, la intolerancia y los prejuicios de una sociedad pacata, hipócrita y retrógrada hoy felizmente superada.  Hasta su pueblo natal, ese que un día la obligó a marcharse por su condición de transexual, le ha dado ahora una medalla. Ironías de la vida.

Lo del Orgullo del pasado sábado fue algo histórico. Casi dos millones de asistentes, un día de convivencia pacífica… ¿alguna vez soñaste con que en España pasaría algo así?

Bueno, soñar hace cuarenta años con esto era materialmente imposible, no se puede soñar lo que es impensable. Luego vas viendo el devenir de los años y vas viendo una evolución, pero es que estamos en 2017, y si me apuras, desde finales de los años noventa hasta el dos mil, una realidad como esta no se había vivido. Hace cuatro o cinco años, por la zona de Atocha y Embajadores, se veían chavales jóvenes con las banderas arcoíris y pulseras y yo me decía: esto se ha extendido por todo Madrid, esto es una fiesta, una fiesta que ya no se enmarca solamente en lo que es Chueca u Hortaleza, sino que sigue ascendiendo por la Gran Vía. Y lo de este año ha sido una absoluta explosión de luz, de color.

La sociedad acepta el Día del Orgullo como algo normal…

Sí, ha sido una catarsis total y absoluta. El otro día fui al centro, ya hacía tiempo que no iba a  Sol, y cuando salí del Metro, de pronto, me quedé mirando la sede de la Comunidad Autónoma de Madrid, que antes era la antigua Dirección General de Seguridad, y la vi engalanada con los colores del arcoíris, la vi con el oso y el madroño tuneado y el edificio de al lado, el antiguo Cortefiel, con una bandera de arriba abajo tan grande como el edificio mismo. Me tuve que quedar parada un rato disfrutando de la imagen, hice unas fotos y luego, cuando llegué a casa, puse en las redes sociales una foto en blanco y negro de aquella Dirección General de Seguridad, de aquella Puerta del Sol oscura y gris. Y el día del Orgullo ya no te digo nada, subí hasta arriba por la Gran Vía y hasta el más pintado tenía una bandera…

La cosa fue tan redonda, tan perfecta, que hasta los chicos del PP se sumaron ya a la fiesta… ¿Qué sentiste al verlos tras la pancarta?

Yo opino que si es solo por una foto pues no. Las fotos conllevan además un compromiso, ¿no? Y desgraciadamente estamos mal acostumbrados a muchas fotos que luego no se traducen en nada. Aquí, en Madrid, concretamente estamos a un año y tres meses de la aprobación de la Ley Integral de Transexualidad y de la Ley de LGTBIfobia y aún no se ha reglamentado ni cumplido ni el cincuenta por ciento de la normativa. Día sí, día también, el grupo parlamentario socialista está denunciando el incumplimiento de la ley, y no con fotos. De hecho, a la parte del pregón donde se dice “despatologización trans ya” yo le añadí la coletilla: “Y cumplimiento de las leyes trans, ya”. Porque lo que no puede ser es que se vote la ley, aunque con la abstención del Partido Popular, una ley de obligado cumplimiento que firma la presidenta de la Comunidad de Madrid, y que luego tengamos que darle el Ladrillo Rosa de COGAM [Colectivo de Gais, Lesbianas y Transexuales de Madrid] precisamente por el incumplimiento de esta ley. Y eso mientras un consejero me dice que digo sandeces. Luego las leyes se las pasan por el sombrero, por decirlo finamente. A mí no me sirve de nada una foto. Las fotos están muy bien, pero las fotos tienen que amarrar un compromiso, y para muestra un botón: este sábado Javier Maroto, a la pregunta de una reportera, no quiso reconocer el avance, el mérito de la ley de matrimonio igualitario por la que él se casó, ¡por la que él se casó…! Por cierto, Maroto estaba pregonando los parabienes del Partido Popular mientras Andrea Levy decía que no sabía por qué no habían sido invitados al Orgullo hasta ahora. O sea, que dicen que van a mirar hacia adelante y eso está muy bien. Quieren olvidar el pasado y empezar a escribir otra historia, pero el pasado de la homofobia y la transfobia no vamos a olvidarlo. El pasado de cómo hemos llegado hasta aquí, cuáles han sido las leyes y quiénes las han traído no podemos olvidarlo. Y cuando no hacen un reconocimiento público a la propia ley por la que el señor Maroto puede estar casado hoy pues la verdad que te hace dudar un poco de sus verdaderas intenciones. El tiempo será el encargado de escribir la historia y la verdad.

Foto: José Ramón Ladra.

Claro porque las congas y el buenrollismo, todo esto se tiene que traducir en leyes concretas, si no, no avanzamos, ¿no?

Se tiene que traducir en leyes y se tiene que traducir en cumplir las que ya están en vigor, y Cristina Cifuentes no está cumpliendo las leyes que se han votado el año pasado en la Comunidad de Madrid, esa es la realidad. Y hay una cosa que es el Consejo LGTBI y no han llamado ni a las asociaciones para conformarlo, ni siquiera han descolgado el teléfono, un consejo que se tiene que reunir dos veces al año, que es transversal en su participación con las asociaciones, y resulta que ha pasado un año y dos meses y no han descolgado el teléfono para decir: vamos a quedar que esto hay que conformarlo.

¿Pero se puede defender un autobús transfóbico y al mismo tiempo estar en el Día del Orgullo? Eso es un poco esquizofrénico, ¿no?

En honor a la verdad hay que decir que se votó una PNL en la Asamblea de Madrid contra el autobús transfóbico y que el propio Gobierno autonómico, tanto Garrido como Cifuentes, se manifestó en contra, la verdad sea dicha. Yo no voy a quitarles nada…

Pero algunos miembros del Partido Popular no piensan así…

Eso es harina de otro costal, a mí me gusta ser justa y en este caso concreto ellos sí se manifestaron en contra y votaron a favor de esa PNL, claro que hay otros miembros del Partido Popular que reciben a Hazte Oír en sus ayuntamientos y que nos muestran las grandes contradicciones de ellos mismos, como que haya un diputado que se salga de la Asamblea (o dos) para no votar la ley contra la LGTBIfobia. O el caso del señor de Alcorcón que se niega a poner la bandera arcoíris aun habiendo sido aprobada la moción y que este año, ya para más recochineo, la pone pero dentro del Ayuntamiento. Pues bueno, todo eso nos está diciendo a quiénes tenemos ahí.

De todas formas en el Orgullo se les vio un poco encorsetados a los muchachos. Quizá la falta de costumbre… Poco a poco irán cogiendo el tono, ¿no?

Costumbre les falta porque nunca han estado. Llevaban dos años que venían a ponerse en la esquina con los medios de comunicación para hacerse el perrito tristón y decir que no les dejaban estar, y que no entendían por qué. Pero esa pancarta requiere compromiso y requiere realidades y no es gratis, lo ha dicho el presidente de la LGTBI, estar ahí no es gratis, estar ahí requiere un compromiso, pero un compromiso de verdad, y esperemos que para las leyes nacionales que se vayan a votar en el Congreso, realmente el haber estado ahí, en el Orgullo, signifique que las van a votar a favor. Repito, la otra parte de la ley es reglamentarla y cumplirla, que no es moco de pavo, esa es la segunda parte…

¿Qué crees que le dirá Rouco Varela a Maroto, Sémper y Levy cuando los vea el domingo por la Iglesia?

Pues que no se puede estar con Dios y con el diablo, aunque aquí sería a la inversa… Yo imagino que se repartirán, unos estarán en un lado y otros dirán que están en el otro. Estará el PP que dice que es progresista y el PP arcaico, pero la realidad es que todo eso está dentro del PP, esa es la realidad. Lo importante es el filtro final, cuando llegue la hora de la verdad, la hora de dar trámite a las iniciativas legislativas a favor del colectivo LGTBI, y ahí tenemos al presidente de la Conferencia Episcopal, que cuando habla sobre la reciente aprobación del matrimonio igualitario en Alemania va y dice que no es un día para celebrar. Aquí en España todavía tenemos una Iglesia profunda que va en desintonía con lo que parece que dice el nuevo papa. Y aquí en Madrid tenemos un ejemplo claro de un lado y de otro: tenemos al obispo de Alcalá y al obispo de Getafe y al mismo tiempo tenemos al arzobispo cardenal de Madrid, a Osoro, que va en una línea distinta a la de ellos. Yo a Osoro le felicité en la medida que se pueden felicitar estas cosas y le dije que era una cuestión de derecho que no se hubiera sumado a las pastorales contra la transfobia primero y contra la LGTBIfobia, segundo, de los obispos de Alcalá y de Getafe. Cuando se votaron las leyes fue notorio, fue público, que se negó a firmar eso que pretendía el obispo de Alcalá, aquello que tanto ruido hizo y que como es habitual además lo sacaron en fechas tan señaladas como la Semana Santa, unas fechas que precisamente tienen una focalización de atención con la transexualidad y donde llaman al incumplimiento de las leyes trans.

¿Estamos dando la educación sexual apropiada en nuestras escuelas para erradicar la homofobia?

Homofobia y transfobia, no estamos hablando solo del colectivo de gays, lesbianas y bisexuales, porque si no la visibilidad de las personas trans queda inexistente. Ahora mismo las dos leyes de la Comunidad de Madrid, la de Transfobia y LGTBIfobia, hablan de protocolos y reglamentaciones que no se han producido. O sea, se ha hecho un programa contra el acoso y el bullying pero no se han hecho las normativas específicas que marcan ambas leyes, o la documentación administrativa para las personas trans que evita en buena medida el acoso y el bullying al ser nombradas con un sexo y con un nombre que no identifican el sexo sentido realmente por esas personas y que se convierten en posibles objetivos del bullying y del acoso LGTBIfóbico.

Foto: José Ramón Ladra

Imagino que todo esto se ve ahora con alegría y libertad pero supongo que cuando echas la vista atrás pensarás: lo que hemos tenido que sufrir tantas generaciones…

Pesar me pesa, pero al final aprendes a sobrevivir, aprendes que sistemáticamente te conviertes en una persona resiliente, conviertes lo negativo en positivo. Si no, ¿de qué íbamos a estar aquí? Nos hubiéramos quedado por el camino como desgraciadamente le ocurrió a tantísimas personas, víctimas de la oscuridad, de las drogas, de la marginalidad, víctimas de los suicidios, de la incomprensión, del desarraigo familiar y el rechazo social. Con respecto a las escuelas, no había escuelas, no podías estudiar, empezando por ahí, aunque hubieras iniciado un proceso de transición personal, porque era algo absolutamente impensable. De hecho, a finales de los años setenta todavía seguían en vigor las leyes que nos metían en la cárcel, nadie hizo un proceso de transición personal, como están haciendo ahora cientos de personas en colegios, institutos y universidades. Como todos sabemos, el derecho a la educación y a la enseñanza nos estaba vetado en el sentido de que no podías estudiar, aquello era un infierno grande. Hoy las situaciones de acoso y bullying siguen siendo elevadísimas pero se hace posible, dentro de un orden, poder estudiar y poder terminar una carrera como afortunadamente está haciendo tantísima gente. En aquellos años, las personas transexuales con carreras terminadas iniciaron una transición tardía: profesoras, universitarias, catedráticas, ya fuera en Tenerife o en Madrid, personas que hicieron una transición tardía hacia su sexo con cuarenta y tantos años pero que se vieron obligadas a cursar sus estudios sin haber dado ese paso.

En tu caso, en el año 77, tuviste que salir de tu pueblo, como quien dice, por tu condición sexual…

Era imposible vivir allí, era impensable, a poco que tuvieras dos dedos de frente mirabas a tu alrededor y veías que allí no tenías futuro, no tenías posibilidades, no tenías vida, tu familia no lo iba a entender, no te iba a aceptar, y el pueblo tampoco. Por lo tanto, ¿qué hacías? Tenías que dar un salto al vacío, dar un paso gigante hacia adelante, ser abandonado o huir en este caso a otro sitio, en mi caso a Las Palmas de Gran Canaria…

Y sin embargo, ese mismo pueblo que te asfixiaba, treinta años después te concede una medalla. ¿Ironías de la vida?

(Sonríe). Treinta y tres años después vuelvo al pueblo en plan Janis Joplin, que fue violada en grupo y repudiada y volvió a su pueblo. Yo no volví a mi pueblo, yo fui a ver a mi madre, no para pasear por las calles de mi pueblo, ni para andar por ellas, ni a tomar un café, ni nada. Fue una cosa de llegar e irme. Para mí era un terreno vetado, por mí y por terceros. También tuve que escuchar frases como: “Tú vienes ahora pero nosotros tuvimos que quedarnos”. Y al final te sientes culpable de algo y no sabes de qué, no sabes dónde está el crimen, ni cuándo lo cometiste, ni de qué manera, y al final acabas interiorizando las propias discriminaciones y no hay peor discriminación que la propia discriminación interiorizada. Te lo llegas a creer, te llegas a creer que eres un cero a la izquierda y que no tienes derecho absolutamente a nada, y eso es un saco o una mochila que pesa mucho y que vas cargando y que a veces vas llenando más de piedras hasta que un día te liberas y te dices: “Hasta aquí hemos llegado”. En la cuestión concreta de mi pueblo, hace quince años, de pronto, como surgen las cosas y sin que yo ni siquiera pudiera imaginarlo, alguien me llamó y me dijo: “Vamos a proponer que seas la pregonera de las fiestas”, y a mí me pareció que era una locura tan grande que le respondí: “Ni se te ocurra”. Es lo que te estaba diciendo, la interiorización de las discriminaciones. Entonces surgió lo de Iniciativas Turísticas de Güimar, el premio, y digo: “Voy”. Digo que sí y voy. Intento allanar toda la situación y acudo, y entonces es cuando empiezo a romper ese muro, el techo de cristal, lo destrozas, pero aun así parece que te queda algo y definitivamente estalla en mil pedazos a los nueve meses cuando vuelvo para ser la pregonera de la fiesta mayor, que son las fiestas de San Pedro. Otra vez catarsis, y a partir de ahí yo por mi pueblo voy como Juana por su casa…

Aquellos años de la Transición, la Ley de Peligrosidad Social, la Dirección General de Seguridad, solo el nombre suena aterrador…

Yo las primeras elecciones democráticas en España las recuerdo en el parque de Santa Catalina de Las Palmas recibiendo hostias de un policía que me decía: “Ya estaréis contentos maricones, ya tenéis democracia”. Y recuerdo en ese mismo mes llegar a la Comisaría, donde me pegaron una paliza y me rompieron la nariz. Ese es el recuerdo que yo tengo de la entrada de la democracia en España. Yo entré en la democracia a hostia limpia. Mira, ese es un buen titular: a hostia limpia.

Detrás de esta lucha de décadas hay dolor y sufrimiento de mucha gente, no todo el mérito es de Zapatero.

Obviamente, este es el mérito de cientos de miles de personas sufriendo cada día en sus propias carnes las cárceles para homosexuales de Tefía, en Fuerteventura, los campos de concentración que eran correccionales, como el de Badajoz, y el que había en el sur, en Andalucía, no recuerdo si era en Cádiz. Lo que se ha logrado es producto de todo esto, del día a día de toda aquella gente, y evidentemente de que haya habido partidos políticos que finalmente atendieran esas demandas, que unificaran las voces de todos los colectivos. Eso llegó de la mano de Pedro Zerolo, la unificación de una sola voz de todos los colectivos. Pero vamos, yo ya lo tenía claro aquel mes de agosto de hace cuarenta años justos, y eso está constatado en medios de comunicación, cuando pedí el voto para el Partido Socialista, el único partido en el que teníamos acogida las personas transexuales y que nos había defendido contra la discriminación que habíamos sufrido. Así lo dije en agosto de 1977 en el Diario Las Palmas, cuando fueron a hacer un reportaje sobre la sala de fiestas Britania, en la que yo había empezado a trabajar y me llamaban la “travesti politizada”…

Foto: Álvaro Herraiz San Martín.

En el años 97 entras en el PSOE, e incluso aportas tu granito de arena al programa electoral sobre el colectivo LGTBI. Supongo que estos avances los sentirás un poco como tuyos…

Fue una labor de todos y todas los que estábamos allí, evidentemente. En el 97 se crea el grupo federal LGTBI del grupo socialista y lo crea Carmen Cerdeña, diputada de Melilla ya fallecida. Y ahí es cuando entra oficialmente Pedro Zerolo en el partido, porque hasta ese momento no estaba. Fue cuando le llamó Trinidad Jiménez para ser concejal y luego entró como miembro de la ejecutiva y entonces, a partir de ese año, empiezo a trabajar en las políticas LGTBI. Luego llegó el vigésimo quinto Congreso, no quiero equivocarme, y fue cuando resultó elegido José Luis Rodríguez Zapatero, que competía contra Bono, Matilde Fernández y creo que también estaba por allí Rosa Díez… Salió Zapatero y en el año 2004 se empieza a hacer el programa electoral, donde se integra el matrimonio igualitario, la ley de Entidad de Género, siempre olvidada y que ahora cumple diez años. Me acuerdo perfectamente de la primera reunión con la directora del Registro Civil, Pilar Blanco Limones. Fuimos Pedro Zerolo y yo y nos hicieron una foto allí, en la puerta, gastando una broma, sacando la pierna cuando entraba la directora. Allí hicimos los primeros contactos con los colectivos, hicimos la primera reunión en Ferraz, fue cuando Zapatero conoció a Zerolo. Yo iba en representación de las personas trans y recuerdo la frase que le dijo Zapatero a Pedro Zerolo: “Me han dicho que es usted muy brillante”. Me acuerdo perfectamente de todo eso. Y luego ya Juan Fernando López Aguilar anunció que no había marcha atrás y yo dije que era el principio del fin de las discriminaciones y el inicio de la ley de identidad de género.

No obstante, te planteaste una huelga de hambre porque la ley no llegaba a ver la luz… Al final has sido una activista: la causa siempre por encima de todo, hasta del partido…

Evidentemente, se puede pertenecer a un partido pero luego tienes tus ideas y tienes tus principios y en este caso la situación fue que después del matrimonio igualitario, con medio millón de personas en la calle, se debió de pensar que la ley de Identidad de Género para las personas transexuales iba a suponer otro tipo de situación que no fue, que no se dio. Al final el Foro de la Familia “feliz” y toda esta gente se tenían bien aprendido el discursito del matrimonio. Lo más miserable para ellos eran los homosexuales… Luego llegó Ratzinger, que instauró y acuñó el término “ideología de género” en sus pastorales famosas, y como estos lo repiten todo como loros, empezaron su fobia pública mundial contra las personas transexuales, que no existíamos por cierto para la Iglesia. Por lo tanto, al ver que se cumplían los plazos y esta ley no salía, pensé que estábamos ante un muro, que no había ninguna salida, y decidí dar ese paso adelante y anunciar que si no se aprobaba la ley empezaría una huelga de hambre; por mí misma, yo sola, no habría conseguido nada, no habría logrado absolutamente nada de no haber sido por el acompañamiento del noventa y nueve por ciento de los colectivos transexuales de este país, que anunciaron a través de sus presidentas y presidentes que iniciaban una huelga de hambre el mismo día que la iniciaba yo. La lectura de fondo es que al final sí se escuchó la reivindicación y se llevó a trámite, creo que fue un cinco de junio, justamente a la mañana siguiente de la noche en que murió Rocío Jurado. La vicepresidenta del Gobierno anunció que el Consejo de Ministros había llevado a trámite la ley. Y después de que fuese aprobada y firmada por Zapatero y por el rey, yo di otro salto personal en mi vida y me fui a la serie de televisión El síndrome de Ulises, donde estuve tres temporadas.

¿Te siguen llegando amenazas de muerte?

Eso es una cosa que la tienes siempre ahí delante. Las amenazas y los insultos. Pero las que denuncié recientemente no me habían sucedido nunca, eran bastante serias. Con pistolas, con cabezas cortadas, me enviaban imágenes de personas asesinadas a través de las redes sociales… Eso cobró otra dimensión. Sin contar con los insultos que vas viendo y que vas bloqueando sistemáticamente. Denuncié a Twitter y me dijeron que no era motivo de bloqueo de una cuenta. Lo volví a denunciar públicamente, se creó una alarma social, la Policía se puso en contacto conmigo esa misma noche, me mandaron un privado, y fui a Comisaría a denunciar. Todo eso se encuentra en los juzgados de Plaza Castilla, en manos de un juez, en trámites de averiguación. Luego se vio que la mayor parte de ellas eran cuentas que venían de Latinoamérica, de México concretamente. Empecé a investigar por mí misma y lo que hice, aparte de las capturas de pantalla, fue empezar sistemáticamente a banear y a banear, debí hacer un buen barrido porque vi que se trataba de un circuito en red donde esa gente se ufanaba si salía en los medios de comunicación. Era como un juego medio diabólico. Pero entremedias nadie te garantizaba que no pudiera haber algo real, fehaciente, detrás de aquello. Lo que sí me preocupó fue convertirme en objeto de diana de terceros, que al ser una cuestión pública aquello diera ideas en cualquier otra situación cotidiana, como en el Metro, por la calle, etcétera, ya que como te digo había sido convertida en centro de la diana. Eso me llegó a preocupar más seriamente.

Foto: Sylvain Cherkaoui.

¿Crees que el Gobierno hace lo suficiente para castigarlas o seguimos siendo blandos y tolerantes con este asunto?

Son duros con lo que les viene bien y con los que no son de su cuerda. Ahí tienes los insultos a Pilar Manjón. Graves no, lo siguiente. Y no se dio trámite hasta hace nada. Y estamos hablando de muchos años, desde los atentados de Atocha. Palabras muy gordas las que ha recibido esta mujer, muy gordas, muy gordas, y hasta que no han empezado a atender a cosas que eran más afines a ellos no se ha hecho nada. Yo puse una denuncia contra Xavier Horcajo, de Intereconomía, que volvió a las andadas en 2011 cuando me comparó con un enfermo de sida y me llamo “Carlo, Carlita” etcétera. Y lo hice tras la reforma del nuevo Código Penal en el 2015 porque el artículo 510 se refiere a distintas situaciones y habla por primera vez de la identidad sexual, no solamente de la orientación. Lo denuncié porque en noviembre del año pasado Horcajo volvió a arremeter contra mí diciéndome que yo era el travestido de Tomás Gómez. Fui a Plaza Castilla a poner una denuncia amparándome en el nuevo Código Penal y la jueza me dijo que eso era libertad de expresión. O sea que incitar al odio, al menosprecio de una persona, y además a causa específicamente de su identidad sexual, es libertad de expresión. ¿Entonces para qué hacemos reformas de códigos si luego todo queda a la interpretación? La libertad de expresión debe prevalecer siempre, evidentemente, pero la libertad de expresión termina cuando se vulnera el derecho a la intimidad de las personas. Por eso a veces se te escapa a qué cosas se dan trámite y son punibles y qué cosas quedan a interpretación del juez.

Que seas la única mujer transexual diputada en España, ¿demuestra que se ha logrado mucho o que aún falta mucho camino por recorrer?

Demuestra algo empírico: la absoluta discriminación hasta ese momento. El ser la primera no quiere decir otra cosa que antes no había habido ninguna y si antes no ha habido ninguna evidentemente no es por falta de aptitudes o capacidades de las personas, porque las personas transexuales no somos ni más ni menos de lo que somos el resto de la población, con capacidad o no, preparadas o no preparadas, ya lo estamos viendo en noticias de todo el mundo, como la coreana que fue premio nobel de Física y en tantas otras profesiones… Por tanto, que seas la primera solo quiere decir que había discriminaciones, prejuicios hacia el colectivo trans. Al mismo tiempo significa que hemos dado un paso más allá, consiguiendo una primera mujer diputada, pero como antes fue la primera mujer transexual guardia civil, Alba Romero, a la que querían pagar un sueldo de por vida con tal de que se machara del Cuerpo…

Conozco el caso, fui yo quien lo destapó cuando trabajaba como periodista en Castellón…

¡Y yo fui quien la asesoró en todo su proceso! (Ríe) Yo fui quien la aconsejó que fuera a las agencias de noticias, te lo puede decir ella… Entonces fuiste tú quien lo destapó en Castellón y luego el caso se propagó por toda España…

Así fue, estamos unidos por el caso de Alba…

(Risas) Abrimos una negociación con el Gobierno con la intermediación de Pedro Zerolo, que era quien tenía el contacto directo con Bono, y fue Bono, el señor ministro, quien al final dio esa orden. De hecho, ella tenía que asistir al tribunal militar donde le decían que era un caso perdido y fue cuando ella quiso ir porque sabía que la decisión iba a ser otra. Fue cuando dijo que no se iba de la Guardia Civil ni con agua caliente porque era su trabajo y su vida. Así que siempre ha habido la primera militar, la primera profesora, la primera monja, tantas y tantas primeras que de lo único que estamos hablando es de que ha habido un claro veto y una clara discriminación hacia el colectivo, por prejuicios, por falta de información, por falta de pedagogía necesaria. Afortunadamente los sindicatos están trabajando en esto también. El próximo día 5 voy a una presentación de una guía de Comisiones Obreras, UGT ha editado otra, porque lo que hay que hacer es concienciación. Porque al final de cuentas lo que se necesita para un trabajo es que tengas capacidad para el mismo.

Y la última: ¿Es cierto que el PP quiso ficharte en cierta ocasión?

En aquel momento eso salió en El Mundo. Dentro del respeto que hay que tener con estas cosas yo me dije que si he sido capaz de enfrentarme con el propio Gobierno de mi partido cómo no iba a serlo con un partido con el que no coincido de la A a la Z. Sí te puedo decir que con el tiempo, cuando pasaron los años, yo tenía una asignatura pendiente con Zapatero y en 2015, en el décimo aniversario del matrimonio homosexual, tuve la oportunidad de darle las gracias públicamente por todo el proceso. Entonces él reconoció que la ley para las personas transexuales debería haber sido prioritaria, una ley que de una forma clara iba a paliar unas discriminaciones sangrantes. De hecho, en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos que se celebró en la Universidad Complutense vino a decir estas palabras más o menos literales que yo las puse en Ttwitter: “Si hay algún colectivo que necesita de nuestra ayuda y nuestro apoyo es el colectivo de las personas transexuales”. Por lo tanto, al final el tiempo pone las cosas en su sitio. Yo en el fondo tenía un conflicto con mi partido, con un presidente al que admiraba, pero al final la relación con José Luis no ha podido ser más maravillosa, más estupenda. Por activa y por pasiva ha enarbolado la bandera del colectivo trans.

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