Jose Antequera, Número 80, Opinión
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El PP rosa

Por José Antequera. Viernes, 7 de julio de 2017

@jantequera8

Fue un día para la historia, el día que España entera salió del armario, por fin, en una especie de gran exorcismo tribal y colectivo. El arco iris cubrió el país de norte a sur, Grande Marlaska nos contó su represión juvenil, Paco Clavel (ya sin lechugas en la cabeza y sin perchas en las solapas) resucitó de entre los muertos de los ochenta y La Sexta retransmitió íntegramente el World Pride, doce horas en riguroso directo, ríos de carne humana exultante, carrozas, látex, cuero, redecillas, morreos de tornillo, cachondeo y libertad, mucha libertad. Si Rouco Varela, Reig Pla y los de Hazte Oír lo vieron por la tele tragaron saliva sin duda. Y de pronto, sin que nadie supiera cómo ni por qué, allí estaban ellos, Javier Maroto, Borja Sémper y Andrea Levy, los chicos progres del PP, sí, ese mismo partido que en su día se opuso al divorcio, al aborto, al condón, al matrimonio entre personas del mismo sexo, a tantas cosas y derechos que ahora disfrutamos los españoles. El trío calavera se plantó en la cabeza de la manifa, agarrándose al arco iris como si se tratara de la mismísima rojigualda, soltando consignas por los derechos de los homosexuales, lesbianas y transexuales, cantando el ‘A quién le importa lo que yo haga’, por Alaska, y bailando la conga y el trenecito como si les fuera la vida en ello.

Uno tenía que frotarse los ojos para comprobar que no estaba soñando al ver a aquellos cachorrillos descarriados de la derechona patria hablando del amor libre, filosofando sobre los derechos cívicos como avezados activistas de la causa rosa, jurando por los huesos de Federico que ellos habían estado allí siempre, en el bando de los buenos, codo con codo con los apestados. Quién nos lo iba a decir, las buenas gentes de la moral y el orden del partido españolazo disertando como jipis, como peligrosos gurús de la contracultura gay. Maroto estaba entregado, solo le faltó quitarse el Lacoste y rociarse el torso (depilado por supuesto) con aceite de Chueca para parecer más sensible que nadie; Sémper se enfundó una camiseta gótica comprada en el Rastro esa misma mañana y la Levy estaba tan lanzada que parecía Lady Gaga. Los modernos del PP, el mismo partido heredero del glorioso Movimiento Nacional que hasta hace un cuarto de hora perseguía maricones enemigos de la viril raza española y los encerraba en lóbregas cárceles de por vida. Y allá que se fueron los tres, al Orgullo, a darlo todo, descocados, decididos a abjurar de una vez por todas de la cultura macho que les contamina la sangre, dispuestos a entregar todo el arsenal ideológico del cuarentañismo, en plan ETA, o sea el crucifijo lacerante, el yugo y las flechas y el rancio manual falangista que aún desempolvan de cuando en cuando.

Los chicos progres del PP pretenden convencernos ahora de que ellos son civilizados, la derecha racional, cuerda, centrada, nada que ver con el súperhetero y sobrehormonado Rafa Hernando, que como uno de esos mariachis mejicanos cualquier día se pasa de macho y se nos mete en la cabalgata, en plan Priscilla del Desierto, como una reinona más. Quieren hacernos tragar que el pasado ya es pasado, que la Dirección General de Seguridad era un parque infantil, que la Ley de Peligrosidad Social fue solo un mito y Billy El Niño una leyenda urbana de la Transición. Ellos, los del PP rosa, quieren vendernos ahora lo que no fue: Rajoy nunca dijo aquello de que el matrimonio homosexual era una manía de Zapatero para parecer más moderno, Aznar jamás soltó que la unión entre personas del mismo sexo no puede ser llamada matrimonio porque eso ofende a la población y Ana Botella nunca hizo florilegios semánticos imposibles con las peras y las manzanas.

¿Pero cómo pasar página ante tanta represión y tanto dolor sin que hayan pedido perdón? ¿Cómo olvidar que cuando los homosexuales eran perseguidos, marginados y encarcelados como peligrosos maleantes ellos guardaban cómplice silencio? ¿Cómo creerlos cuando para algunos obispos de la Iglesia española los homosexuales y transexuales aún son un grupo de tarados, enfermos y desviados? “Las fotos están muy bien pero tienen que ir acompañadas de leyes de igualdad”, me dice Carla Antonelli, la Juana de Arco del movimiento LGTBI español que en los setenta tuvo que salir de su pueblo con una mano delante y otra detrás porque sus paisanos y la Secreta la corrían a hostias.

El facherío hispano se viste de pluma, se maquilla con impostora purpurina y se sube a las plataformas, pero los lobos con piel de cordero siguen siendo lobos. Nos parece bien que salgan por fin del armario y se unan a la marcha, todos revueltos, mestizaje sexual, peras con manzanas, aquello que tanto asco le daba a la Botella. Mejor verlos ahí, detrás de la pancarta, bajo el rutilante arco iris (aunque todavía algo encorsetados, desubicados y fuera de lugar) que empuñando la mala porra policial, metiendo gente en la cárcel y reprimiendo con su moral pacata la libertad de los ciudadanos. Nunca es tarde si la dicha es buena. Si la “picha” es buena, habría que decir, estos días que estamos de fiestón sexual y se permiten todas las licencias. Ya solo les falta dar el último paso y asistir a las manifestaciones por la memoria histórica. Cualquier día hasta condenan el franquismo y cierran el Valle de los Caídos. Poco a poco, no vaya a darles un ictus. Feliz Orgullo gentes de la derecha retrógrada. Bienvenidos por fin a la libertad.

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