Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Número 80, Opinión, Óscar González
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Qué divina la moderna moda moderada…

Por Óscar González / Viñeta: Iñaki y Frenchy. Viernes, 7 de julio de 2017

@Morgoski

Todavía me dura el subidón del pasado fin de semana. Yo siempre había sido de los que creen que la ignorancia es la felicidad, o al menos de los que se lo repetían con frecuencia para sublimar la depresión cuasi crónica de la vida moderna con la idea de que mi infelicidad deriva de lo mucho que sé. Pero ya no. Y como no quepo en mí de la emoción y soy un fulano cojonudo, voy a compartir con ustedes la receta.

Antes yo era un tipo frustrado porque mi economía era muy precaria. Por ello, no tenía más remedio que negarme lo que yo entendía como los placeres de la vida: tomar un café con los amigos, salir a cenar una vez al mes, ir al cine, una escapada de fin de semana… Mi concepto de ocio había mutado hasta no contemplar nada más que aquellas cosas que podía hacer en mi propia casa y sin que me costaran un solo euro extra: leer, ver la televisión, pasar el rato con el ordenador o echarme a dormir y esperar que esas 48 horas del fin de semana pasasen lo más rápido posible. Mi contacto con el exterior se limitaba a mis actualizaciones de estado en las redes sociales, donde compartía textos de Kant, Harvey o Kapuscinski, para que quedase claro que yo prefería la cultura al ocio de masas. Sin embargo, tenía la sensación de que me estaba perdiendo la vida solo por no tener la cartera lo bastante llena para, ya no digo sacarle todo el jugo, pero al menos algunas gotas.

Ahora sé que estaba equivocado. He descubierto que en realidad no soy pobre, es que soy un modernito. Resulta que mi economía no es una puta mierda, lo que ocurre es que, sin saberlo, estoy practicando nesting, una tendencia que está super-de-moda entre la gente guapa y consiste en no moverse de casa en todo el fin de semana. Así de simple.

Descubrirlo ha tenido un efecto casi inmediato en mí. Las ganas de saltarme la tapa de los sesos con una pistola de agua han dejado paso a una sensación cercana al esnobismo, porque ahora sé que lo mismo que hago yo lo está haciendo el famoseo y la gente guay, así que ya no tengo que sentirme mal por quedarme al margen de los usos sociales. En realidad lo que ocurre es que soy un tipo demasiado avanzado, uno de esos que en márkenting se denominan “primeros adaptantes”.

Pero no se queda ahí la cosa, verán. He descubierto también que lo de bajar antes de que pase el camión de la basura a ver qué han tirado hoy los del súper, cosa que hago cuando me sobra mes al final del sueldo y que siempre me había avergonzado bastante, es también una tendencia a nivel mundial, así que no es que yo sea pobre: es que me he vuelto frigano. Y de pronto, me siento genial, posmoderno, conectado. Y yo amargándome sin motivo.

La epifanía siguió cuando me enteré de que mi pareja no quiere tener hijos no por algún defecto en su genética femenina ni tampoco debido al asco que da el mundo en que vivimos. Lo que ocurre es que, sin ella saberlo, se ha sumado al movimiento de las mujeres NoMo (siete veces más fuertes que tú y muy veloces). Les confieso que descubrir esto me causó un cierto desasosiego: si ella es una NoMo porque no quiere ser mother, yo debo ser un SiDa(d), y no me gusta mucho estar en un colectivo con un nombre tan poco comercial, la verdad.

Sin embargo, el bajón me duró poco, porque aún me esperaba otra alegría: la de saber que eso de compar una prenda, ponérmela una vez y devolverla no es otra cosa que wardrobing, otra tendencia mundial en auge y que nada tiene que ver con la pobreza, sino con estar a la última, con ser cool.

Con todas estas revelaciones en menos de cuarenta y ocho horas, el lunes cuando llegué a mi trabajo de una hora al día, era un hombre nuevo. Había entendido que no tenía motivos para sentirme mal, porque hasta en mi minijob estoy a la última. Así que decidí dejar de darle vueltas y de amargarme por todo, cogí mis libros de McLuhan, Foucault o Sampedro y los coloqué al lado del brasero para alimentarlo con ellos cuando llegue el invierno y no pueda encender la calefacción.

Ahora que soy un trendy, ya no me interesan esas chorradas sobre la manipulación mediante el uso del lenguaje. O la pollez esa de que se normaliza la pobreza para que nadie pegue un golpe en la mesa. Ahora que he abierto los ojos, no volveré a acercarme al Capital; en su lugar, abrazaré los libros de autoayuda, porque ahora sé que la clave de todo está en mí. Y en ustedes.

De nada.

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IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

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