Alicia García Herrera, Literatura
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Antonio Penadés: “Nuestro sistema tiene más de oligarquía, de Gobierno de unos pocos, que de democracia”

Por Alicia García-Herrera. Domingo, 9 de julio de 2017

  Entrevista

“Hay gente interesada en que el sentido crítico y las humanidades mueran y por ello estoy convencido de que es un ataque perfectamente estructurado. Sin ir más lejos, Trump es una consecuencia de todo esto”. Antonio Penadés (Valencia, 1970) es un humanista en el sentido más amplio y griego del término. Un intelectual de corte clásico en una época de decadencia en la que triunfan los líderes de opinión, los youtubers y los abrasivos gurús de la autoayuda. Escritor, licenciado en Periodismo y Derecho y Diploma de Estudios Avanzados en Historia de la Antigüedad, Penadés se ha destacado en los últimos años por su compromiso social como intelectual e incluso ha fundado una asociación, Acción Cívica, que lucha contra la corrupción y que está personada en diversos juicios mediáticos contra políticos implicados en escándalos de todo tipo. Premio Hislibris de honor 2012, entre sus obras figuran la novela El hombre de Esparta (Edhasa), el ensayo El declive de Atenas (Historia National Geographic) y la crónica de viajes Tras las huellas de Heródoto (Almuzara), textos todos ellos que rezuman un amor sincero por los clásicos de la antiguedad, aquellos viejos filósofos que tenían solución para casi todo y que hoy algunos pretenden desterrar de las escuelas públicas. En la actualidad, Penadés dirige el curso de escritura creativa del Museo L’Iber de Valencia e imparte clases de Literatura en la Escuela de Negocios del CEU. También es colaborador en los diarios El País y Ctxt y en revistas como Historia National Geographic, Letra Internacional, Muy Historia y Descubrir el Arte. “Hay demasiadas personas que hablan de lo que no saben, como los políticos y los tertulianos. Sería muy saludable, sin embargo, que otros muchos, los sabios, dieran un paso al frente”, asegura.

Escritor, abogado, periodista, historiador, profesor de literatura, conferenciante… ¿quién es realmente Antonio Penadés?

Soy una persona interesada en la vida, muy consciente de la complejidad del mundo, en el que hay cabida para todo: para la más alta virtud y para la miseria humana más agria. Me apasiona el conocimiento, adentrarme en todas las áreas del saber humano, complementar unas con otras y crear sinergias entre ellas. A menudo lamento mi falta de tiempo para llegar a empaparme de todo lo que querría, lo que me impide a veces disfrutar del todo de la vida. Valoro mucho los amigos –más por la calidad que por la cantidad– y, por supuesto, la familia. Me fascina todo aquello que tiene relación con la naturaleza, con las artes y con la historia. Y uno de los ejes en mi vida es la lectura, por disfrute y porque el saber se adquiere principalmente así, leyendo. Me gusta la gente que vive al pie de la calle, inmersa en la realidad. En parte por eso me fascina Heródoto, por su asombro permanente y su necesidad de conocer nuevas formas de vida, por su empatía. La capacidad de asombro es tanto como estar vivo. Me considero una persona feliz. Disfruto ayudando a los demás, es algo que me resulta muy gratificante. Pero tampoco soy un santo. Si hay una injusticia delante de mí o si me atacan, actúo.

Desde el año 2013 ejerces la acusación popular en el caso Cooperación, en el que fueron desviados alrededor de seis millones de euros de los fondos que la Generalidad Valenciana dedicaba a la solidaridad con países del Tercer Mundo. Hasta ese momento, a pesar de tu formación jurídica, te habías dedicado sobre todo a las letras y a la docencia. ¿Cómo viviste este salto desde el mundo literario al mundo jurídico?

Lo viví como una necesidad vital. Uno de mis hijos es de Haití, uno de los países donde esta organización criminal estaba actuando, y sentí que era lo tenía que hacer en ese momento. Por entonces solo estaba personada como acusación la Abogacía de la Generalitat Valenciana, además de la Fiscalía Anticorrupción, y para ocuparme de ello tuve que renunciar a escribir, vocación a la que había dedicado todo mi tiempo disponible hasta ese momento. Cuando me personé como acusación popular renuncié a la literatura para leer todo el sumario, un total de 75 tomos y 50.000 folios. Estuve varios años sumergido en él como si se tratara de una novela, intentando utilizar la empatía. Leyendo el sumario de esta forma te das cuenta de quién es quién, qué lugar ocupa cada uno en la trama. Eso es clave. Además tomé notas por espacio de unos cien folios y realicé mis propias investigaciones. Una vez dominé el asunto tuve que preparar escritos y participar en los interrogatorios en fase de instrucción. Llegamos al juicio de la primera pieza y muchos confiaban en que todo iba a quedar en nada. Fue muy llamativo que durante el juicio la defensa de algunos procesados fuese trasladar la culpa a los funcionarios por el desvío de los fondos públicos, en especial a aquellos que en su momento elevaron la voz o se negaron a firmar. Estos funcionarios comparecieron como testigos a pesar de que la banda criminal les tenía amedrentados desde hacía mucho tiempo. En el primer juicio no había mucha prueba documental, fue sobre todo la declaración de estos testigos lo que permitió que se condenara a los culpables. Siete personas fueron condenadas a penas de cárcel y otros dos fueron absueltos por el Tribunal Supremo por cuestiones procedimentales. El proceso judicial ha sido duro. El juicio oral de la primera pieza separada duró tres meses, con sesiones muy desagradables. La vivencia, con todo, ha sido muy interesante. Si hablamos de la condición humana, el verdadero objetivo de la literatura, esta ha sido sin duda una buena ocasión para profundizar en ella. Algo muy gratificante ha sido la sintonía entre las personas que ejercemos la acusación, una unión que nos ha mantenido firmes en nuestro sitio. La profesionalidad y la inteligencia del fiscal anticorrupción, Vicente Torres, fue realmente la clave y, en contra de las previsiones de muchos, el TSJ emitió una sentencia justa. En otoño iremos al segundo juicio, en el que habrá 21 procesados. Esperamos que se vuelva a hacer justicia y acabemos por fin con este desgraciado asunto.

¿Cuáles son, desde tu experiencia como abogado, los principales problemas a los que se enfrenta el sistema judicial actual en los macroprocesos por delitos socioeconómicos?

El principal problema es la falta de medios humanos y materiales. Es necesario crear nuevos juzgados, muchísimos más de los que hay ahora. Especialmente en la Audiencia Nacional. Los políticos lo saben, ahí están las estadísticas y las comparativas con el resto de Europa. No atender esta demanda social supone una deslealtad por su parte, sobre todo porque no pueden alegar motivos presupuestarios, ya que todo el mundo sabe que lo más rentable, la mejor inversión pública, es investigar a los corruptos y recuperar el dinero robado. Por otro lado serían necesarios juzgados especializados en corrupción. Y luego está la fiscalía anticorrupción, una de las instituciones más valiosas de nuestro país, con una dotación ridícula. En Valencia, por ejemplo, solo hay tres fiscales, y los políticos saben bien que serían necesarios muchos más. Más que la persecución penal es necesario poner “una reja en la ventana”, es decir, implantar controles administrativos mucho más efectivos. Se han alcanzado metas sorprendentes en materia de represión penal pero siguen fallando los controles administrativos, que fueron eliminados durante los años 80 y 90. Es una consecuencia más de la excesiva politización del país. Los políticos fueron penetrando más y más en las instituciones, desplazando a los funcionarios en áreas que les son propias. Si no se implantan controles, dentro de unos años estaremos igual.

El caso Cooperación entra en la categoría de casos mediáticos. Sobre la tensión justicia, presunción de inocencia y derecho a la información, ¿cómo han influido los medios en este caso si es que lo han hecho? Y desde una perspectiva personal, ¿cómo te ha afectado esa presión mediática, si es que ha existido?

Yo no he tenido esa presión mediática y tampoco ésta ha influido en el proceso. Los magistrados, los jueces y los fiscales se abstraen de la prensa, son verdaderos profesionales. Aquello es otro mundo. He expresado mi opinión a través de artículos pero jamás he filtrado nada, a pesar de que pienso que, en fases de instrucción largas y tratándose de casos que afectan a su propio dinero, la ciudadanía tiene perfecto derecho a estar informada.

Presides una organización ciudadana, Acción Cívica contra la corrupción, que se funda hace dos años. ¿Qué relación hay entre tu experiencia en el caso Cooperación y la decisión de crear esta asociación?

Terminado el juicio y viendo que una acusación popular despolitizada podía ser de gran ayuda para complementar la labor de la fiscalía y contribuir a esclarecer la verdad, pensé que podría crear una estructura sencilla para que otros abogados pudieran hacer lo mismo que yo he hecho, personarse desde diferentes puntos de España en casos de corrupción, no ya a título individual sino en nombre de la asociación. Propuse como  miembros de la junta directiva a personas con conciencia social y alejadas de cualquier partido político, como Joan Llinares, Irma Ferrer, Mar Monsoriu o Alejandro Noguera.

¿Cómo se organiza Acción Cívica? ¿Cuáles son objetivos? ¿Y sus fuentes de financiación? ¿Funciona o funcionará como una think tank?

Acción Cívica es una estructura novedosa, sobre todo por la ausencia total de motivaciones políticas o ideológicas. La financiación es privada, se nutre de las cuotas de los socios (20 euros al semestre), y con ese dinero pagamos los gastos de abogados y los honorarios de los procuradores, abonamos las fianzas y ocasionalmente desplazamientos a Madrid, donde tenemos una sede. No tenemos subvenciones públicas ni las queremos. No es una think tank ni creo que en el futuro funcione como tal, sino una asociación dirigida al ejercicio de la acción popular en casos de corrupción, además de otros objetivos complementarios como la defensa de las humanidades. Es muy importante que la sociedad civil haga frente a los abusos. En la actualidad, Acción Cívica ejerce cuatro acusaciones populares contra tramas de cualquier signo político, y no porque las hayamos buscado nosotros sino porque nos han llamado. Estamos personados en un caso en Colmenar Viejo, sobre prevaricaciones continuadas; en Lanzarote, en un caso de corrupción urbanística; en el caso Púnica (rama de Murcia) y en el monumental caso Taula de Valencia. Vamos donde nos requieren funcionarios o denunciantes y siempre que haya un abogado dispuesto a ejercer pro bono la dirección letrada, aunque ya hemos alcanzado toda nuestra capacidad. Colaboramos, además, con otras entidades que combaten la corrupción por otras vías, como Transparencia Urbanística (Lanzarote), Transparencia Internacional, Fundación por la Justicia, Fundación Hay Derecho y Pandora Box, productora del documental Corrupción, el organismo nocivo. Es muy importante que los que formamos parte de la sociedad civil y compartimos objetivos estemos siempre dispuestos a ayudarnos.

Uno de los miembros de la junta directiva de Acción Cívica, ahora socio destacado, Joan Llinares, preside desde hace muy poco la Agencia Antifraude. ¿Cómo crees que puede colaborar la Agencia en la lucha contra la corrupción?

Todo dependía de quién fuera el director. Si era una persona politizada o ideologizada era mejor no crear una Agencia, ya que ésta no serviría para nada positivo. Pero habiendo sido Joan Llinares el elegido, esta nueva institución puede ser muy útil. No hay persona más preparada y más honesta para este tipo de funciones. Yo fui propuesto como candidato a ocupar la presidencia por parte de la Fundación por la Justicia pero en mi comparecencia ante las Cortes Valencianas expresé que solo podía ser Joan Llinares y no presenté programa. Él es experto en Derecho Administrativo y ha destapado, además, el caso del Palau de la Música catalana y el del IVAM. Nadie mejor que él para el puesto y por eso fue el candidato que propuso Acción Cívica.

Uno de los objetivos de Acción Cívica es la defensa de la cultura. ¿Qué te sugiere el término humanidades? ¿Y humanismo? ¿Se ha abusado de éste término durante el último siglo?

El término humanidades responde a un interés por aquellas disciplinas que guardan relación con el ser humano, que nos humanizan y nos enriquecen de forma individual y como sociedad. Las humanidades nos permiten hacer frente a los poderosos. Uno hace frente a estos abusos a través de la cultura y de la educación. El ataque a las humanidades es una acción deliberada por parte de la oligarquía encubierta, un término que desarrolla muy bien Pedro Olalla. Hay gente interesada en que el sentido crítico y las humanidades mueran y por ello estoy convencido de que es un ataque perfectamente estructurado. Sin ir más lejos, Trump es una consecuencia de todo esto. En nuestra sociedad las grandes decisiones no están tomadas ni siquiera por los miembros del Gobierno, sino por las grandes corporaciones empresariales, multinacionales del sector energético y financiero, la industria farmacéutica, etcétera. Estos grandes grupos buscan consumidores, no desean gente pensante. Lamento que no se denuncie más este ataque a las humanidades desde la sociedad civil, aunque por fortuna sí hay algunas personas valiosas que dan la cara como Emilio Lledó, Francisco Rodríguez Adrados, Adela Cortina, Javier Gomá, Fernando Savater, Carlos García Gual o representantes de la Sociedad Española de Estudios Clásicos. Por mi parte, intento contribuir en la medida de mis posibilidades. El término humanismo, eso sí, no debe confundirse con “letras” sino que comprende todas las áreas del saber. La división entre letras y ciencias es ficticia: Aristóteles, Empédocles, Pitágoras y tantos otros se llevarían las manos a la cabeza y lo considerarían una aberración.

Sobre Acción Cívica y democracia. La experiencia y la historia nos muestran que la palabra democracia puede tener diferentes grados o quizá encubrir realidades diferentes. ¿Vivimos en este país una democracia de calidad? ¿Cómo tendría que cambiar la sociedad civil española para que la democracia fuera real?

La calidad de la democracia española es lamentable. Esto es una partitocracia, ya que todo el poder lo tienen los partidos, los que viven de la política. Los partidos han invadido los medios de comunicación, la cultura, la Administración, la cooperación, la educación, el deporte, el lenguaje, todas las esferas, hasta las ideas de la gente. Ahora parece que no hay ideas, sólo ideologías en paquetes cerrados. Esto no tiene que ver con la democracia. En Atenas se votaba cada año al strategos, jefe del ejército y representante de la ciudad, mientras que los demás cargos se elegían por sorteo. Era un sistema que se basaba en un nivel educativo alto (paideia) y en la responsabilidad personal, con consecuencias inmediatas para aquel que fuera sorprendido robando o mintiendo. Había debate y una involucración directa del ciudadano en las cuestiones públicas. Pero hoy no hay casi nada de esto. De hecho nuestras instituciones estatales no provienen de Grecia sino de la antigua Roma, y a éstos les espantaba la democracia. Llamemos a las cosas por su nombre o nunca tendremos un diagnóstico claro. Nuestro sistema tiene muchos más elementos propios de la oligarquía, el Gobierno de unos pocos, que de la democracia. Hoy es más necesario que nunca estructurar la sociedad civil, avanzar con las entidades surgidas desde la ciudadanía. La solución a muchos de nuestros problemas pasa por despolitizar el país y promover que la gente de valía se exprese. Comprendo que estas personas valiosas no deseen entrar en política por la dinámica que rige ahí dentro, pero deben intentar elevar la voz y denunciar abusos y mentiras. Cada día escuchamos a ignorantes que hablan y hablan y sin embargo tenemos un gran número de sabios que permanecen demasiado callados, aislados en lo suyo. No es fácil imponerse al ruido pero ganaríamos mucho si los más sensatos retomaran el papel que les corresponde.

¿En qué se basa la afirmación “sobran políticos”, el título de uno de tus artículos de opinión publicado en El País en 2016? ¿Cómo sería para ti el político ideal, si es que existe? ¿Y la sociedad ideal?

Se basa en la constatación de que cada vez que profundizas en los defectos que afectan al país descubres que cuando se politiza un ámbito, el que sea, éste queda muy dañado. Por ejemplo la educación, que no debe estar en manos de los políticos sino de los técnicos, de los que saben, de aquellos que cada día están con los alumnos y conocen las necesidades y prioridades del sistema. Tampoco la cultura, la gestión de museos, la cooperación internacional, etcétera. Cuando las distintas áreas de la sociedad se politizan, se deterioran, y cuando las administraciones se politizan en exceso, se corrompen. El político ideal sería una persona capaz que de forma temporal suspende su actividad profesional para dedicarse a la política durante tres, cuatro o cinco años, pero que cuando se va agotando su ciclo no se agarra al sillón. Una vez cumplida su misión, retorna sin más a su profesión. La sociedad ideal sería una sociedad participativa en la que cada ciudadano hable con libertad de lo que sabe. Hay demasiadas personas que hablan de lo que no saben, como los políticos y los tertulianos. Sería muy saludable, sin embargo, que otros muchos dieran un paso al frente. Como afirma Muñoz Molina en su Todo lo que era sólido, la solución pasa por que cada uno desarrolle lo mejor que sepa su propio oficio y que cada ciudadano haga cuanto esté en sus manos, sea mucho o poco, para mejorar su entorno.

Hablemos ahora de tu actividad literaria. ¿Cómo surge tu interés por la literatura?

He leído todos los días de mi vida desde que aprendí a hacerlo. Recuerdo por ejemplo que con diez años devoré El hobbit y los tres tomos de El señor de los Anillos. La vocación por la escritura surge a los veintidós o veintitrés años. Cuando acabé Periodismo, que simultaneaba con los estudios de Derecho, disponía de algo de tiempo libre. Una mañana me levanté y me dije que iba a empezar a escribir una novela y que lo haría sobre Grecia Antigua, un período que me fascinaba desde la adolescencia (fue entonces cuando descubrí a Heródoto). A partir de ese día dediqué muchos años al estudio de la civilización griega. Y lo sigo haciendo cada día.

El hombre de Esparta, la tragedia de Isómaco, supone tu primera incursión en el mundo de las letras. En ella tratas temas como la justicia, la obcecación, el destino, la protección de la familia… ¿Cómo cambió tu vida tras su publicación?

La publicación de la novela me cogió relativamente joven, con treinta y cuatro años, y la verdad es que lo disfruté. Lo viví como una experiencia enriquecedora que me permitió conocer personas muy valiosas. Alejandro Noguera, Gisbert Haefs, José Luis Corral, Rosa Montero, Santiago Posteguillo, Pedro Olalla, Bernardo Souvirón, Antonio Sarabia, fallecido hace poco, personas todas ellas muy interesantes. Tengo que decir que casi todo lo que he encontrado en el entorno del mundo editorial ha sido muy positivo.

El hombre de Esparta es una novela que puede calificarse como histórica. Sobre la discusión eterna de la novela histórica, fantasía versus rigor, ¿qué puede decir Antonio Penadés como novelista e historiador?

Creo que lo primero es el aspecto literario. Trasladar un argumento interesante y que esté bien contado, mimar cada uno de los detalles y los elementos literarios de la obra. Pero a la vez tengo mucho respeto por la historiografía, por el trabajo que los historiadores profesionales han hecho previamente. Soy consciente de la necesidad de cuidar ambas partes. La parte de la ficción es el carro que tira de todo el conjunto, pero los datos históricos que el autor va suministrando deben ser ciertos. Si nos encontramos con una laguna de la historia puede rellenarse con materiales propios, pero siempre coherentes con lo que sí se sabe. Como cualquier otro, este es un oficio que se debe ejercer con honestidad.

Tras la publicación de El hombre de Esparta comienzas a trabajar preferentemente en el ensayo histórico, El declive de Atenas o Cinco miradas sobre la novela histórica. Como historiador has centrado tu trabajo en la Antigüedad. ¿Cómo surge el interés y la pasión por el mundo griego?

El primer impulso es literario, surge a raíz de la idea original de El hombre de Esparta y cuando me documento para dar forma a la obra se agudiza la fascinación por Grecia antigua. Eso sí, Heródoto siempre ha estado ahí, echándome una mano. Recibí un encargo muy exigente de National Geographic, acepté y me enclaustré para escribir El declive de Atenas. Ahí constaté que me gusta ir cambiando de registro, supone una ampliación del horizonte, y descubrí las posibilidades que ofrece recurrir a elementos propios de distintos géneros.

¿Qué puede aportar Grecia y su cultura a una sociedad de masas dominada por la tecnología?

La única diferencia entre la sociedad griega y la nuestra es la tecnología. Ahora y entonces la condición humana es exactamente la misma. Y pienso que, en este mundo en el que estamos rodeados de pantallas, es más importante que nunca profundizar en las humanidades, en la herencia cultural grecorromana. Los clásicos poseen casi todas las claves para resolver los problemas que debemos afrontar como seres humanos. Y además resulta fascinante leerlos.

Publicas Tras las huellas de Heródoto en el año 2015, un libro que revitaliza un género, la literatura de viajes, que tuvo un gran auge durante el romanticismo y del que Patrick Leigh Fermor puede considerarse casi uno de sus últimos exponentes. ¿Cuánto hay de aventurero romántico en Antonio Penadés?

Mucho. Mis referentes son, en efecto, los viajeros románticos, Robert Byron, Patrick Leigh Fermor, Henry Miller… Ellos van a contar su viaje con la intención de profundizar en la naturaleza humana, de adentrarse en el legado clásico, un propósito que comparto. Me interesa aportar al relato de viajes una carga ensayística y de reflexión, siempre de forma amena y con ocasión de lo que me voy encontrando en el recorrido. El viaje es, utilizando un símil, un simple hilo en el que colocar las perlas, que son las referencias a la vida y a los logros de los individuos más sobresalientes de esa civilización griega de la que todos somos deudores. Pienso que el viaje por sí solo carece del suficiente valor como para dedicarle un libro, pero al pisar el mismo suelo que Heródoto tengo ocasión de estructurar todas estas ideas en torno a un eje sugerente, en ocasiones conmovedor. Para mí es importante ver y tocar, respirar las ciudades antiguas y cargarme de sensaciones. Y luego, desde la conmoción por el hecho de estar allí y ver lo que estoy viendo, me interesa profundizar en la condición humana y compartir con el lector mi asombro ante el periodo histórico que constituye nuestra esencia como individuos y como sociedad.

Preparas en este momento la segunda parte de Tras las huellas de Heródoto. En esta ocasión has visitado Macedonia, donde has  vivido experiencias tan diversas como estar en Idomeni con refugiados sirios o vivir en un monasterio en el monte Athos. ¿Qué debería cambiar en el panorama internacional para atajar la crisis humanitaria que supone el conflicto en Siria?

Lo primero que hay que hacer es gestionar el tema. La principal sorpresa que uno se lleva al conocer la situación es que no hay gestión pública alguna. Todo está en manos de los mafiosos, con los traficantes de seres humanos, quienes están encantados con esta situación de caos. Hay también algunos cooperantes que hacen lo que pueden, pero los políticos renunciaron hace tiempo a entrar en el problema. Merkel lo intentó y, al ver que su partido bajaba las encuestas en picado, se retiró. Yo no conozco la fórmula para atacar semejante problema, pero sí sé que existen técnicos especializados en la materia y que habría que escucharles y permitir que actúen para minimizar la catástrofe. Una posible solución, por lo menos parcial, sería conceder a los refugiados sirios un visado temporal, de modo que cuando acabe la guerra vuelvan a su país. Este tema lo traté también en un artículo para Revista Gurb. Habría que justificar por qué se entrega este visado a un sirio y no a un somalí o a un sudanés. Es un tema muy complejo que genera muchas dudas, pero urge darle un tratamiento. Hablamos de seres humanos y no debemos olvidar que España pasó por lo mismo en 1939. Si se opta por alojar a estas personas en centros se les debería dar un trato digno, los que alcanzaron suelo griego están en naves industriales abandonadas. Hay que alimentar, educar, sanar y mantener las condiciones de higiene de todos aquellos que huyen de la guerra, por lo que la industria de la cooperación internacional debería estar volcada con los 60 millones de refugiados que hay ahora mismo en el mundo. Sin embargo, en Idomeni y en los centros de refugiados sirios en Macedonia constaté el abandono en el que se encuentran estas familias. Es necesario actuar ya en este ámbito, y son los gestores de lo público quienes tienen que tomar decisiones.

Los viajes, ¿nos cambian? ¿Qué viajes han cambiado tu vida y en qué sentido?

Sí, determinados viajes nos cambian. Aquellos que nos deslumbran por su naturaleza o por la belleza de las obras humanas; y sobre todo aquellos que suponen una inmersión en otra cultura, en otras costumbres, en una gran civilización del pasado, etcétera… Además de un viaje a Islandia, los dos desplazamientos que más me han cambiado han sido los que hice para preparar los libros sobre Heródoto, el de Turquía y el de Macedonia. Son recorridos muy largos de 15 días en solitario en los que me empapé de las sociedades, de grandes sucesos del pasado y de la evolución humana. Este último viaje, el de Macedonia, ha sido especialmente interesante por la experiencia en los campos de refugiados y por mi estancia en el monte Athos, un estado teocrático donde no hay pueblos ni carreteras. Tampoco mujeres ni animales hembras. Embarcarme hacia Monte Athos, alcanzar a pie un monasterio bizantino y alojarme en una celda, conviviendo con monjes ortodoxos que llevan el mismo tipo de vida que hace mil años, fue una experiencia increíble con un componente cultural y humano brutal.  

Sobre tu actividad como profesor de literatura: Diriges un taller literario en el Museo L’Iber desde hace ya doce años. Tu mayor satisfacción como profesor ha sido o es…

La mayor satisfacción como profesor ha sido comprobar cómo descubre su camino gente que andaba perdida y no confiaba en sus capacidades, o se creía un bicho raro por tener aspiraciones literarias, o quizás sentía una inquietud de tipo artística y no sabía canalizarla. En cada una de las clases vas viendo cómo cada uno aplica de forma individualizada los contenidos del curso, cómo se desvanecen algunas inseguridades y prejuicios y cómo se crean grupos de amigos que perduran en el tiempo. Hay también alumnos que han alcanzado el objetivo de publicar con editoriales tradicionales, algunos con un enorme éxito, y eso me llena de alegría y me proporciona una pequeña dosis de orgullo.

Proyectos de futuro: Ahora que están de modo las trilogías, ¿completarás una sobre Heródoto? Y respecto a la novela histórica, ¿volverás al género? En su caso, ¿seguirás en Grecia o hay algún otro período histórico que te motive?

Completaré la trilogía, pero por necesidad del propio texto. En realidad me da más satisfacción probar, ensayar, buscar nuevos cauces literarios. La trilogía no estaba prevista, ni siquiera pensé al principio en una continuación de Tras las huellas de Heródoto. Pero esta segunda parte, cuyo título (te lo digo en primicia) será De Monte Athos a Termópilas, comienza justo donde acabó la primera (en la frontera entre Turquía y Grecia). El tercer viaje continuará con el recorrido de la expedición de Jerjes y será de Termópilas a Atenas, además de una incursión en Turios, en el sur de Italia, que es donde Heródoto murió. Algún día volveré a la novela pero con un tema actual. De hecho tengo una idea en mente que estoy madurando desde hace tiempo.

Una última pregunta… Un deseo que querrías ver cumplido.

No sé, cuando se tienen hijos se diluyen bastante las ambiciones personales. Si pudiera expresar un deseo sería que a ellos les vaya bien en la vida, que se dediquen a lo que les gusta y que sean honestos y felices. Ojalá no tengan que sufrir ninguna guerra y puedan recoger los anhelos e inquietudes que a mí me han inspirado.

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Alicia García Herrera

 

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