Artsenal, Humor Gráfico, Joaquim Bosch, Número 80, Opinión
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Alzar la voz

Por Joaquim Bosch / Viñeta: Artsenal. Viernes, 7 de julio de 2017

Nos quieren llevar a la resignación permanente. Pero no es obligatorio aguantar una corrupción estructural. No es obligatorio regalar 60.000 millones de euros a los bancos y renunciar a recuperarlos. No es obligatorio que los derechos sociales queden en papel mojado. El ejemplo de las sociedades europeas más avanzadas nos demuestra que todo puede ser muy distinto. Conozco bastante bien los países escandinavos. Y allá es compatible tener economías que están entre las más avanzadas del mundo con disponer de mecanismos de participación ciudadana en todos los niveles. Pero es cierto que son países en los que los políticos rinden cuentas, dimiten ante la más mínima irregularidad y hay elevados mecanismos de transparencia. Lo que nos ocurre no es un desastre natural, sino el resultado de actuaciones humanas que se pueden modificar.

Es fundamental que no nos engañen y que no aceptemos lo inaceptable. Casi todo está por hacer y casi todo es posible. Se pueden hacer muchas cosas. Y una de las más importantes es no aceptar que nos impongan la pasividad resignada. Se nos dice que el préstamo que se hizo a los bancos no se puede devolver; pero yo no veo que en ningún juzgado los bancos perdonen a nadie los créditos concedidos. Se nos dice que la corrupción es inevitable. Y puedo asegurar como persona que trabaja en los juzgados que eso es falso. La prueba es que el fenómeno de la corrupción sistémica no existe en la mayoría de los países de la Unión Europea. Está muy claro que lo justo es tributar lo que corresponde. El artículo 31 de la Constitución lo dice muy claro: “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”.

A la hora de la verdad aquí la clase media y la clase trabajadora tributan porcentualmente casi como sus equivalentes en los países escandinavos. En cambio, aquí las grandes empresas y las grandes fortunas apenas pagan impuestos, mientras que en Dinamarca o Suecia son quienes financian en gran parte el Estado Social. En cuanto a la pasividad de la sociedad que siempre se apunta, me parece que en gran parte se debe al sistema de participación democrática que procede de la Transición. Es un sistema que facilitó muy poco la intervención ciudadana. Y casi todo se dejó en manos de partidos muy jerarquizados, opacos y poco participativos. Creo que también existe un electorado corrupto. Lo veo cuando son reelegidos alcaldes claramente implicados en asuntos de corrupción, por ejemplo. No significa que sean corruptos todos los electores que votan a ese candidato, porque también hay gente que lo apoya de buena fe. Pero no tengo dudas de que hay votantes que apoyan a políticos corruptos sabiendo que lo son. La corrupción teje muchas redes clientelares, nutre bastantes estómagos agradecidos y favorece todo tipo de justificaciones contrarias a la ética más elemental. Las visiones ideológicas son importantes en una sociedad. Pero me parece que hay cuestiones que están por encima de ser de derechas o de izquierdas. En las sociedades europeas más avanzadas está más allá de cualquier discusión que no se pueden tolerar las tramas corruptas o que los derechos sociales más básicos no se tocan. Forma parte de las reglas de funcionamiento de la democracia. Pues tendremos que empezar a reclamar aquí que se escuche a la ciudadanía. Y, en caso contrario, elevar la voz hasta que se nos oiga. El problema es que en nuestro país ya no se sabe ni cuáles son esas reglas. El problema es que en nuestro país hay gobernantes que solo invocan la Constitución ante los problemas territoriales, pero se olvidan de todo lo demás.

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