Internacional, Julia Castro
Deje un comentario

Yihadismo en Filipinas: niños como escudos humanos en la isla de Marawi

Un soldado filipino levanta a un niño durante la evacuación. Foto: Reuters / Agencias

Por Julia Castro / Efe. Viernes, 9 de junio de 2017

Internacional

Los yihadistas del Ejército Islámico (EI) están lanzando una ofensiva por todo el mundo, también en las pequeñas islas filipinas. Los enfrentamientos entre el Ejército de aquel país y el grupo Maute, próximo al Estado Islámico, en la ciudad de Marawi, han provocado el desplazamiento del noventa por ciento de su población y se lucha casa por casa, cuerpo a cuerpo. A estas horas Marawi es una ciudad fantasma. Falta agua potable, medicamentos, refugios, mantas, colchonetas y mosquiteras, entre otras cosas, y la oenegé Acción contra el Hambre se está movilizando para proporcionar ayuda a más de 18.400 personas. “La mayoría de los desplazados no dispone de ingresos para mantenerse por sí mismos y necesitan asistencia urgente”, asegura esta organización internacional que sigue presente en la zona.

Los yihadistas que resisten en la sureña ciudad de Marawi usan mujeres y niños como escudos humanos, denunció el Ejército de Filipinas, que reconoció haber sufrido en las últimas horas diez bajas por “fuego amigo” en un asedio que ya ha segado la vida de al menos 174 personas.

El Grupo Maute, afín al Estado Islámico (EI), “coloca a mujeres y niños en las posiciones de sus francotiradores en la parte alta de los edificios” para disuadir los ataques de las Fuerzas Armadas, indicó el teniente Jo-ar Herrera, portavoz de la Primera División de Infantería, en el décimo día de enfrentamientos.

El uniformado explicó a Efe en Marawi que el uso de rehenes civiles por parte de los yihadistas “está suponiendo un importante obstáculo para el avance” de los soldados, que parece haberse estancado ante la imposibilidad de desalojar a los islamistas de la zona que todavía controlan.

Unos 2.000 civiles se encuentran atrapados en los tres barangays (barrios) bajo el mando de los rebeldes en pleno centro de la capital de la provincia de Lanao del Sur, en la Región Autónoma del Mindanao Musulmán.

Calles desiertas en Marawi tras la ofensiva yihadista.

Los islamistas, aseguró Herrera, están usando como cuarteles y puestos de francotiradores las mezquitas y escuela coránicas de Marawi, una ciudad en la que más del 90 por ciento de los residentes practica el Islam en un país mayoritariamente cristiano.

Según el último recuento oficial, han muerto al menos 174 personas (120 yihadistas, 35 soldados y policías, y 19 civiles) en los combates iniciados el martes 23 cuando el Grupo Maute se levantó en armas tras una redada de las Fuerzas Armadas en la ciudad.

Diez soldados filipinos murieron por un ataque aéreo de su propio Ejército, un incidente que las Fuerzas Armadas están investigando para determinar causas y responsabilidades. El avance más destacado de los últimos días es la toma por parte de las Fuerzas Armadas de tres puentes sobre el río Agus, que sigue trazando la inamovible franja que separa el frente de batalla desde hace casi una semana.

El Ejército reiteró hace unos días que lucha contra un grupo de entre 40 y 50 yihadistas, la misma cifra presumida al inicio de los combates, aunque desde entonces han sido abatidos más de un centenar de combatientes, según los datos oficiales. “Es difícil ofrecer una estimación certera, ya que los terroristas reclutan forzosamente a civiles y también se unen a sus filas delincuentes locales”, explicó el portavoz Herrera, en relación a la confusión de números imperante durante los diez días de guerra en Marawi.

Las fuerzas gubernamentales también aseguran haber cortado el suministro de víveres y armas hacia las zonas controladas por el Grupo Maute, en las que “reina la confusión y el hambre”, según el representante del Ejército. Mientras, en el resto de Marawi las calles se encuentran desiertas, con los comercios cerrados a cal y canto, agujeros de bala en los muros de algunas casas y animales abandonados que merodean buscando comida, mientras circulan de forma ocasional vehículos cargados de soldados.

De los 200.000 habitantes de la ciudad más de 180.000 la han abandonado ya, y de estos últimos casi 100.000 han sido evacuados a refugios en Iligan, a unos 25 kilómetros de distancia. El resto ha huido por su cuenta a localidades cercanas.

“He pasado mucha hambre y estoy desconcertada, no sé qué va a pasar”, declaró a Efe Amina Rajamuda, de 51 años, a la que evacuaron junto a sus dos hermanas pequeñas tras diez días atrincherada en casa bajo el sonido de balas y morteros.

La crisis de Marawi comenzó el día 23 cuando los yihadistas lanzaron una ofensiva en la que prendieron fuego a una comisaría, un colegio, una cárcel y una iglesia, donde secuestraron a un cura y 13 feligreses que mantienen cautivos. El EI ha reclamado sin aportar pruebas la acción del Grupo Maute, que según el Ejército protege en la ciudad a un destacado terrorista, Isnilon Hapilon, por cuya cabeza Estados Unidos ofrece 5 millones de dólares (4,55 millones de euros).

“Desde que el día 23 de mayo estallara la violencia, se ha producido un éxodo masivo de personas en vehículos públicos o privados, incluso a pie, para recorrer los 30 kilómetros que separan Marawi de Iligan”, relata Javad Amoozegar, director de Acción contra el Hambre en Filipinas. “Los refugios temporales en la ciudad de Iligan, que asume el grueso de desplazados internos, apenas tienen capacidad para todas las personas y las provisiones de alimentos se podrían agotar en las próximas semanas”. La catástrofe humanitaria se acerca cada vez más.

De los más de 227.000 desplazados internos, al menos 17.000 han tenido que refugiarse en treinta centros de evacuación temporales de Lanao del Norte y Lanao del Sur, como polideportivos o centros escolares, que cuentan con instalaciones sanitarias muy deficientes. Otras fuentes locales elevan esta cifra a los 38.000.  Se estima que el 70% de las familias evacuadas carecen de ingresos para mantenerse y dependen de la ayuda humanitaria.

“El estallido repentino de la violencia en Marawi ha sido un hecho sin precedentes que ha sorprendido a la población y la ha cogido desprevenida. La mayoría ha huido de sus casas con lo puesto, no tienen elementos de higiene ni mantas para pasar la noche”, destaca Amoozegar. Acción contra el Hambre ha sido una de las primeras organizaciones internacionales que ha estado presente sobre el terreno, desde los momentos iniciales de la crisis, para analizar las necesidades más inmediatas de la población desplazada. La organización está movilizando a sus equipos para distribuir productos básicos como jabón, pasta de dientes, pañales para bebés y otros materiales como mosquiteras y utensilios para cocinar.

La otra cara de la moneda es la población que ha quedado sitiada por la violencia en Marawi. Se calcula que unas 3.700 personas podrían estar atrapadas por el conflicto y 27.000 han sido evacuadas a refugios temporales, lo cual preocupa también a los propios desplazados que han dejado atrás a sus familiares. La falta de suministros y alimentos dentro de la ciudad comienza a hacer mella y los expertos humanitarios alertan de que podría desembocar en una situación crítica. “Parte de la población que ha quedado atrapada tenía alimentos almacenados para el Ramadán, pero si la situación se prolonga durante mucho más tiempo las provisiones se podrían acabar”, alerta Amoozegar.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *