Germán Gorraiz, Internacional
Deje un comentario

¿Retorno de los golpes militares en América Latina?

Por Germán Gorraiz. Sábado, 3 de junio de 2017

Internacional

El Brexit y el triunfo de Donald Trump marcarán dosis extremas de volatilidad en todo el mundo que afectarán de manera especial a América Latina. Así, asistiremos a la irrupción en el escenario geopolítico de esa zona del mundo de una nueva ola negra involucionista que consistirá en la implementación de “golpes de mano blandos” con el objetivo inequívoco de sustituir a los regímenes insensibles a los dictados de Washington por regímenes militares autocráticos y que afectará a Brasil, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Paraguay, Haití, El Salvador y Panamá.

Cuba y la nueva Crisis de los Misiles

El cese del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, exigido por vigésimo quinto año consecutivo en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas y aprobado de forma abrumadora por 191 votos a favor y 2 abstenciones (EE.UU e Israel), reafirmó la libertad de comercio y navegación ante un bloqueo anacrónico instaurado por Kennedy en 1962 y que habría supuesto para la Isla unas pérdidas directas e indirectas estimadas en 110.000 millones de dólares según el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y más de un billón, según el Gobierno cubano). Así, según Prensa Latina, entre mayo de 2012 y abril de 2013, las pérdidas causadas por el bloqueo a la salud pública cubana fueron de 39 millones de dólares debido a la imperiosa necesidad de adquirir medicamentos e instrumental en mercados lejanos.

Las medidas cosméticas tomadas por la Administración Obama en su Primer Mandato Presidencial siguiendo la estela de la Administración Clinton (relajación de las comunicaciones y el aumento del envío de remesas a la isla así como el inicio de una ronda de conversaciones sobre temas de inmigración), dejaban intacto al bloqueo y no cambiaban sustancialmente la política de Washington, aunque reflejaban el consenso de amplios sectores del pueblo norteamericano a favor de un cambio de política hacia la Isla auspiciado por la decisión del régimen cubano de terminar con el paternalismo estatal y permitir la libre iniciativa y el trabajo por cuenta propia. Sin embargo, la renovación automática por parte de EE.UU por un año más del embargo comercial atentarían contra el vigente sistema financiero y político internacional y podrían suponer para Cuba pérdidas estimadas en cerca de 50.000 millones de dólares, abocando al régimen de Raúl Castro a la asfixia económica. En el supuesto de que Donald Trump mantenga intacto el anacrónico embargo sobre la Isla, surgirá el desapego afectivo del régimen cubano respecto a EE.UU y dicho vacío será aprovechado por el hábil estratega geopolítico Putin para firmar un nuevo tratado de colaboración militar ruso-cubana (rememorando el Pacto Secreto firmado en 1960 en Moscú entre Raúl Castro y Jruschov) que incluiría la instalación de una base de Radares en la abandonada base militar de Lourdes para escuchar cómodamente los susurros de Washington y la instalación de bases dotadas con misiles Iskander, pudiendo revivirse la Crisis de los Misiles Kennedy-Jruschev (octubre, 1962) y la posterior firma con Jrushchov del Acuerdo de Suspensión de Pruebas Nucleares (1962).

Nicaragua y el Gran Canal Interoceánico

Petrocaribe fue creado en 2005 por iniciativa de Venezuela con el objetivo de suministrar combustibles a los países miembros en condiciones ventajosas de pago, como créditos blandos y bajas tasas de interés y estaría integrado por 18 países (incluidos Honduras, Guatemala, Cuba, Nicaragua, República Dominicana, Haití, Belice y una decena de islas del Caribe). Según las autoridades venezolanas, el país exporta 100.000 barriles diarios a los países del bloque que generaban una factura de 4.000 millones de dólares, de la cual una parte se paga en “efectivo” y el resto estaría subsidiado. La nueva estrategia de EE.UU sería estrechar lazos comerciales y militares con los países de Petrocaribe ante el peligro de contagio mimético de los ideales revolucionarios chavistas al depender en exclusiva de la venezolana Petrocaribe para su abastecimiento energético, empezando por el presidente dominicano Danilo Medina. En este contexto, la Administración Obama celebró una Cumbre de Seguridad Energética en el Caribe en la que instó a los países de la región a diversificar sus fuentes de energía, confiar más en las inversiones privadas y reducir así su dependencia de Petrocaribe. Por otra parte, China habría asumido el reto de construir el Gran Canal Interoceánico en Nicaragua para sortear el paso del estrecho de Malaca (dicho estrecho es vital para China al ser la ruta principal para abastecerse de petróleo pero se habría convertido “de facto” en una vía marítima saturada y afectada por ataques de piratas), por lo que EE.UU procederá a desestabilizar el gobierno nicaragüense dentro de su estrategia geopolítica global de secar las fuentes energéticas chinas.

¿Maduro tiene los días contados?

En Venezuela, la decisión de Maduro de confiscar la planta de General Motors, será vista por la Administración Trump como un atentado contra los intereses de las multinacionales estadounidenses, escenario que será aprovechado por el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, antiguo presidente y consejero delegado de Exxon Mobil cuando fue nacionalizada en el 2007 por Hugo Chávez, para intentar un golpe de mano contra Maduro. Exxon Mobil formaría parte de la Cuarta Rama del Gobierno de EE.UU, verdadero poder en la sombra que toma las decisiones en política exterior y a instancias de Tillerson. La revolución chavista ya fue declarada “enemiga peligrosa de EE.UU”. Además, el acuerdo chino-venezolano por el que la empresa petroquímica estatal china Sinopec invertirá 14.000 millones de dólares para lograr una producción diaria de petróleo en 200.000 barriles diarios de crudo en la Faja Petrolífera del Orinoco (considerado el yacimiento petrolero más abundante del mundo) sería un misil en la línea de flotación de la geopolítica global de EE.UU (cuyo objetivo inequívoco sería secar las fuentes energéticas de China), por lo que tras una sistemática e intensa campaña desestabilizadora que incluirá el desabastecimiento selectivos de artículos de primera necesidad, la amplificación en los medios de la creciente inseguridad ciudadana y la posterior petición al Ejército para que se erija en “salvador de la Patria”, plan diseñado por la CIA y que contando con la inestimable ayuda logística de Colombia, convertida en el portaaviones continental de EE.UU) podríamos asistir a un golpe de mano para finiquitar el legado chavista en Venezuela.

¿Nuevo Gobierno militar en Brasil?

Brasil forma parte de los llamados países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y aunque se descarta que dichos países formen una alianza política como la UE o la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN), tienen el potencial de formar un bloque económico con un estatus mayor que del actual G-8 (se estima que en el horizonte del 2050 tendrán más del 40% de la población mundial y un PIB combinado de 34.951 billones de dólares). El objetivo inequívoco de Putin era neutralizar la expansión de EE.UU en el cono sur americano, evitando la posible asunción por Brasil del papel de “gendarme de los neoliberales” en Sudamérica, pues el país carioca juega un rol fundamental en el nuevo tablero geopolítico diseñado por Washington para América Latina, ya que le considera como un potencial aliado en la escena global al que podría apoyar para su ingreso en el Consejo de Seguridad de la ONU como miembro permanente, con el consiguiente aumento del peso específico de Brasil en la geopolítica mundial.

Sin embargo, la decisión de la presidenta brasileña Dilma Rousseff de posponer su visita de Estado a Washington (decisión avalada por los principales asesores de Rousseff, entre ellos su antecesor y mentor Lula da Silva), entrañó el riesgo de una peligrosa confrontación entre las dos grandes potencias del continente americano, pues según Lula “los americanos no soportan el hecho de que Brasil se haya convertido en un actor global y en el fondo, lo máximo que ellos aceptan es que Brasilia sea subalterno, como ya lo fue”. Así, Rousseff, tras afirmar que “el espionaje ilegal representa una violación de soberanía incompatible con la convivencia democrática entre países amigos”, exigió a Estados Unidos explicaciones convincentes de las razones de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) para presuntamente violar las redes de computadoras de la petrolera estatal Petrobras y tras su enérgico discurso en la apertura de la 68 Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), se habría granjeado la enemistad de la Administración Obama, que procedió a la implementación del “caos constructivo” en Brasil para desestabilizar su mandato presidencial (impeachement). Sin embargo, tras el caos surgido en una sociedad brasileña corroída por la corrupción y que afectaría al actual presidente Temer no es descartable un golpe de mano militar que implementará una severa represión contra los partidos izquierdistas y que se ensañará de manera especial con el Partido Comunista (PCdoB) y el Partido Socialista (PSB), lo que significará de facto el final de la democracia brasileña, quedando tan sólo Ecuador, Nicaragua y Bolivia como países díscolos a las tesis de EE.UU, pero que terminarán siendo fagocitados mediante la política del Big Stick o “Gran Garrote”, siguiendo la Doctrina Monroe de “América para los americanos”.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

Germán Gorraiz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *