Literatura
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‘La peste del azahar’, la verdad que se oculta tras la sátira

Joan Montañés Xipell, junto al escritor Manuel Vicent, durante la presentación de su libro.

Por José Manuel González de la Cuesta. Jueves, 1 de junio de 2017

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La primera novela de Xipell, La peste del azahar (La pajarita roja, 2017) es un disparate, una astracanada tan inteligente como sus tiras de humor gráfico diarias en el diario Levante de Castellón. Porque para Joan Montañés Xipell, el humor no tiene sentido si no nos provoca una sonrisa sarcástica, de esas que destilan ironía empática con el humorista.

La risa es un viento diabólico, es pecado –clamaba fray Jorge de Burgos en El nombre de la rosa–. A lo que respondía Guillermo de Baskerville cómo los santos se valían del humor para ridiculizar a los enemigos de la fe. Incluso fray Guillermo va más lejos en su discusión con el anciano monje benedictino, apelando al segundo libro de la Poética de Aristóteles, como instrumento de la vedad.

Se preguntarán qué tiene que ver lo anterior con La peste del azahar. Pues todo, porque Xipell, desde el humor, en este caso utilizando la palabra escrita como vehículo, se permite el lujo de reírse de tantos tópicos de la sociedad actual, en general, y valenciana en particular, que no puede impedir que la verdad asome por los resquicios de su novela entre el absurdo bufo de sus personajes.

Una verdad insondable que afecta a la esencia pura de lo que somos: la estupidez y la vanidad. No importa que los personajes parezcan estar sacados de una parada de bufones: el escritor amanuense de otros, que trata de escribir la gran obra de la literatura valenciana; la miss de medidas esculturales, que se debate entre el deseo que despierta en los otros (ellos y ellas) y su deseo de redimir a los negritos de África; la gordita que trata de superar sus kilos de más sacando a pasear una inteligencia sobrecargada de vanidad y envidia por no ser tan deseable como su compañera de adosado y miss; la Molt Honorable, histriónica, que recuerda demasiado a algún personaje real de la vida valenciana; el repartidor que sueña con batir la velocidad del sonido entre el ir y venir de algún reparto, como ya lo hizo su padre; el incompetente líder de la oposición que sueña con desbancar a la Molt Honorable… y toda una galería de personajes menores que en nada desmerecen a los disparatados principales.

Xipell, colaborador habitual de Revista Gurb, utiliza La peste del azahar para desentrañar, a través del humor y del engaño, la verdad de lo majadera que es esta sociedad y quienes la formamos, al igual que Cervantes en su ya famoso Retablo de las Maravillas se mofa de la hipocresía y la falsedad que imperan en su época. Nos tiende una celada, provocándonos a la risa, porque así es más fácil hacernos ver que el mal que provoca la peste del azahar no está sometido a las páginas de su novela, impregnando a toda la sociedad valenciana y quién sabe si española, de sus efectos.

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J. M. González de la Cuesta

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