Artsenal, Humor Gráfico, Número 79, Opinión, Víctor J. Maicas
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Es la misma historia de siempre: el eterno dominio de las elites de poder

Por Víctor J. Maicas / Viñeta: Artsenal. Viernes, 23 de junio de 2017

Víctor J. Maicas

Es evidente que la historia siempre se repite (no hay más que ir precisamente a los libros de historia para comprobarlo), pues desgraciadamente el ser humano suele repetir periódicamente los mismos errores. Y es probablemente por tal motivo por el que a las élites de poder no les interesa un pueblo culto, crítico e informado, y una clara muestra de lo que estoy diciendo es ese afán de “los de arriba” por ningunear y acabar con determinadas materias académicas como por ejemplo la filosofía. Sí, esa que nos ayuda a pensar y a razonar, tal y como lo hacen el resto de asignaturas de humanidades.

En fin, digo todo esto porque según parece las “grandes cabezas pensantes” que manejan los hilos del gran poder se están saliendo, como casi siempre, con la suya. Es decir, que pese a sus injustos recortes, a su descarada acumulación de la riqueza por parte de unos pocos y a esa inexistente solidaridad para crear una sociedad de bien común, finalmente han conseguido sus propósitos, que no son otros que dividir y manipular a la mayor parte de la sociedad para hacerles creer que todos aquellos que se oponen de forma clara a sus tesis son algo así como unos peligrosos antisistema a los que hay que arrinconar y, a ser posible, incluso eliminar del panorama político de cualquier país. Más o menos lo que digo en el artículo que escribí hace ya unos cinco años y en el que advertía de lo que se nos venía encima. Un artículo, por cierto, escrito cuando todavía no existía Podemos, o sea, esa organización que según parece a día de hoy representa, para algunos, todos los males de la sociedad (de su sociedad, claro está, de la sociedad de los más pudientes). Pero lo curioso del caso es que, tal y como digo precisamente en este artículo escrito hace aproximadamente un lustro, es una gran parte de esa sociedad desfavorecida la que le sigue el juego a las élites de poder, pues si ahora es Podemos el gran demonio, hasta hace apenas unos años eran los sindicatos o todo aquel que pudiera hacerles frente. Pero lean, lean este artículo puesto que, como verán, la historia, desgraciadamente, casi siempre se repite y no precisamente para bien de la gran parte de la sociedad:

O NOS UNIMOS DE UNA VEZ, O NOS MACHACARÁN

¿Quién es realmente el que está poniendo en peligro la calidad de vida de la mayor parte de la ciudadanía? Como en tantas y tantas ocasiones la historia nos ha demostrado, es imposible ganar una batalla si existe desunión entre las filas de un ejército. Esta frase un tanto belicista en boca de un pacifista declarado como yo, puede resultar un poco desconcertante para quien me conoce o ha leído mis escritos, pero debo aclararles que dicha frase es una metáfora para intentar reflexionar acerca de que la única forma de conseguir nuestros derechos es a través de la unión entre la ciudadanía, esa ciudadanía empobrecida durante los últimos años y que constituye aproximadamente el 90% de la población (al menos ese es el porcentaje de españoles que manifiesta “estar angustiado” por la situación económica actual).

Y cuando hago mención a la historia y a las batallas que se perdieron, lo hago de una forma didáctica para comprender que si cada uno va por su parte a la hora de reclamar nuestros derechos sociales, lo único que conseguiremos serán luchas internas entre nosotros tal y como sucedió, por ejemplo, durante la segunda República.

Entonces fue el fascismo el que consiguió acabar con las libertades democráticas y con los derechos sociales  imponiendo un régimen dictatorial que duró casi cuarenta años, pero en la época que vivimos ahora esos regímenes totalitarios se disfrazan a menudo de “mercados” para obtener sus fines, que no son otros que la acumulación de riqueza por parte de unos pocos en detrimento de la gran mayoría.

No obstante, ellos son conscientes de que hoy en día en Europa (al menos de momento) es casi imposible instaurar regímenes totalitarios como ocurrió durante la primera mitad del siglo pasado, de ahí que ahora su estrategia se centre casi exclusivamente en desunir y desprestigiar a sus oponentes y, sobre todo, a las organizaciones que todavía son capaces de tener un gran poder de convocatoria. Bien es sabido que nunca les han gustado movimientos sociales como por ejemplo el 15-M ya que, además de hacer pensar a la población, son capaces también de movilizar a la ciudadanía para exigir sus derechos.

Pero si a día de hoy existe todavía un movimiento que tiene la estructura y organización suficiente para movilizar a una gran parte de la población, ese movimiento sin lugar a dudas es “el movimiento sindical”. Y es por esa razón por lo que históricamente los sindicatos han sido el centro de las iras del gran capital, de ahí que hayan querido acabar con ellos y, sobre todo, con su poder de convocatoria en infinidad de ocasiones (Margaret Thatcher, por ejemplo, consiguió casi aniquilarlos por completo en Inglaterra). No obstante, lo curioso del caso es que hoy en día, y a pesar de esta durísima crisis que está empobreciendo a la población y haciendo más ricos a los que más tienen, esas arengas del gran capital desprestigiando a los sindicatos están dando sus frutos, ya que cada vez son más los ciudadanos que afirman que “para lo que hacen los sindicatos, más vale que desaparezcan”. No es que digan que hay que mejorar los sindicatos o que haya que depurar responsabilidades con determinadas personas que no hacen bien su labor, sino que son tajantes al decir “que desaparezcan”. ¡Pues genial! (supongo que exclamarán las élites dominantes), ya que si aun teniendo el respaldo social del que todavía gozan los sindicatos, los que mandan casi siempre imponen la mayor parte de sus tesis económicas neoliberales, ya me dirán qué serán capaces de hacer estos neoliberales sin ningún tipo de oposición (yo me lo imagino, pero siento escalofríos de sólo pensarlo).

Tal y como dije en uno de mis artículos anteriores, no creo que tenga ningún sentido afirmar que si un juez es corrupto debemos hacer desaparecer el estamento judicial, así como tampoco eliminar los partidos políticos y por lo tanto la democracia porque determinados políticos “se vendan” al mejor postor. Y en este mismo caso estarían, evidentemente, los sindicatos. Estoy convencido que en el sindicalismo actual hay que cambiar muchas cosas, pero resquebrajarlos tal y como ansía el gran capital sólo significaría perder uno de los mayores poderes de movilización ciudadana que existe en este país (sobre todo aspiran a cargarse como sea a los dos sindicatos mayoritarios, puesto que a día de hoy son los únicos que tienen un gran poder de convocatoria). Ojalá con el tiempo el movimiento 15-M (al que públicamente siempre le he dado mi apoyo) y otros movimientos sociales vayan teniendo más fuerza y más poder de convocatoria para defender los derechos de ese 90% que es el que más tiene que perder frente a las tesis neoliberales del gran capital, pero, a día de hoy, y tal y como ese neoliberalismo más radical y salvaje nos está apretando las tuercas, considero que lo primero es lo primero, y no es otra cosa que defendernos unidos de esa avaricia desmedida de los grandes especuladores y de su afán privatizador para quedarse absolutamente con todo (no hace mucho el Estado recibía los grandes beneficios de las empresas públicas relacionadas con la energía, las telecomunicaciones e incluso existía una banca pública, pero lamentablemente el pueblo lo ha perdido todo a través de las sucesivas privatizaciones, quedándose así los beneficios de las grandes empresas en manos de unos pocos) ¿Es que no hemos aprendido nada de lo que nos enseña la historia en este sentido?, me pregunto a menudo.

Así pues, y para no salirme del tema principal de este artículo que es el de que sólo uniéndonos les haremos frente, considero que esa unión es la única forma de empezar a hacer frente al enemigo común que no es otro que la injusticia social, la manipulación informativa de determinados medios y  la avaricia de los mercados que, con la ayuda de determinados políticos muy bien pagados (a mí particularmente algunos me parecen una especie de mercenarios tan sólo en busca de los intereses de determinados lobbies), tratan de arrebatarnos los logros conseguidos por nuestros padres y abuelos en pos de crear un verdadero Estado del Bienestar.

Y claro, claro que desde las filas de la izquierda se tiene que ser muy crítico ante determinadas actitudes de algunos de sus miembros (los cuales a menudo también parecen estar al servicio de algún poderoso lobby). Y cierto es también que todos, sin excepción, deberían ser autocríticos, desde los simpatizantes más moderados hasta los más radicales para así comenzar a encontrar un punto de unión que fuerce al capitalismo a humanizarse de la única forma que puede hacerlo, y que no es otra que la de conservar y fortalecer ese Estado del Bienestar que sí es posible siempre y cuando, claro está, exista por fin una justa redistribución de la riqueza (o sea, ese Estado del Bienestar que ha existido en países como Suecia, Noruega y Dinamarca, entre otros).

Pero como digo, lo primero es defendernos del único enemigo que no va a tener piedad con nosotros, es decir, que no va a tener piedad con el aproximadamente 90% de la población. Y ese enemigo, sí, ¡enemigo!, no es otro que ese “ultraliberalismo más radical” que no respeta los derechos sociales y que es capaz de consentir, por ejemplo, que en un país de la Comunidad Europea como es el caso de Grecia un altísimo porcentaje de los niños vivan por debajo del umbral de la pobreza.

Abogan por el despido libre (aunque lo camuflan llamándolo flexibilidad), por privatizar la educación y la sanidad (aunque en ocasiones tratan de disimularlo diciendo que es “concertado”), también nos insisten en que deberíamos hacernos una pensión privada (evidentemente para que los bancos “se forren” aún más) y algunos hasta tienen la poca vergüenza de querer cargarse definitivamente el derecho a huelga, e incluso suspiran por criminalizar las protestas sociales. ¡Ah!, pero de hacer desaparecer los paraísos fiscales y que las grandes fortunas paguen lo que les debería corresponder, de eso nada de nada.

¿Y todavía hay quien desde la izquierda, o desde cualquier otra posición que no sea el neoliberalismo económico, piensa que los enemigos son los sindicatos? En fin, no sé, como he dicho, evidentemente hay que mejorar muchas cosas (tiempo habrá después para debatir y exigir responsabilidades a quien corresponda, si es que antes no nos ha aniquilado definitivamente el “ultraliberalismo”), pero hagámonos ahora un favor a nosotros mismos y no nos equivoquemos de enemigo, ni menos aún contribuyamos al juego neoliberal  de disfrazar al lobo con piel de cordero, ya que llegado el momento ese sí que nos devorará completamente, ya que si no hay nadie que pueda hacerle frente  convocando a la ciudadanía, nos comerá irremisiblemente puesto que su voracidad está más que demostrada después de ver lo que ha pasado en Grecia y todo lo que ya ha comenzado a ocurrir en nuestro propio país.

Así pues, o nos unimos de una vez, ¡o nos machacarán!

Bien, pues como les decía antes de que leyeran este artículo que escribí y se publicó hace varios años, una vez más las élites dominantes han sido capaces de manipular al resto de la sociedad para que finalmente sus postulados siempre lleguen a buen puerto. Igual les da que su oponente sean los Sindicatos, o el 15-M, o las “mareas” en favor de la sanidad y la educación públicas, o Podemos, o Izquierda Unida, o cualquier otra formación u organización social que pudiera surgir en un futuro. Según ellos, cualquiera que se les enfrente siempre será el malo. Y para dar esa sensación ya tienen a sus grandes medios de comunicación. Y también a determinados personajes muy bien pagados para que, si como ha sucedido recientemente en el PSOE alguien se sale del camino marcado, quede eliminado rápidamente para que todo siga igual que siempre.

En fin, pues tal como vengo diciendo desde las pasadas elecciones era evidente que el PP volvería a gobernar con el apoyo (o abstención, que para el caso es lo mismo) del PSOE. Bueno, para ser más exacto, con el apoyo de los que en realidad manejan ese partido desde la transición. Y es que lo más irritante del caso es que, tal y como ya he dicho en este mismo artículo, si el ser humano no es capaz de pensar y razonar siempre suele cometer el mismo error, y prueba de ello es que en lugar de abrir los ojos ante las evidencias y hacer frente unidos a los desmanes de los más poderosos, ahora resulta que (insisto que como siempre) nos enzarzamos una vez más en peleas estériles que solamente conducen a perpetuar el poder de los más poderosos por tiempo indefinido. Sí, que si Podemos lo único que quiere es ocupar el espacio del PSOE (¿es que dicho espacio le pertenece a alguien en concreto, o a todo aquel que lucha por la justicia social venga de donde venga?), que si los sindicatos no sirven para nada (ya intentó minimizarlos Felipe González), que si Pedro Sánchez es esto, que si Iglesias es aquello, que si unos son de tal forma, que si los otros son de aquella otra, que si… (es decir, hablar mucho de personalismos e incluso de tópicos y muy poco de ideas y políticas de bien común, que a fin de cuentas es lo que verdaderamente nos tendría que preocupar). Así es, luchas y luchas internas y sin apenas contenido de quienes en teoría deberían estar unidos para defender los derechos de la ciudadanía, que en definitiva son sus propios derechos frente a las cúpulas de poder, y mientras tanto los famosos “mercados” y quienes los manejan continúan riéndose de todos nosotros puesto que los únicos que tienen clara la estrategia a seguir son precisamente ellos. Divide y vencerás, y así seguimos por los tiempos de los tiempos. Y que conste que en este caso no estoy hablando solamente de los dirigentes de la izquierda, sino de la ciudadanía en su conjunto, esa precisamente que con su voto podría cambiar el devenir de los acontecimientos si de una vez por todas tuviese claro quién es el verdadero adversario.

Bien, pues mucho me temo que, por más que escribamos o hablemos, desgraciadamente los poderosos se saldrán una vez más con la suya y, como ya viene siendo costumbre, nos volverán a machacar. Y es que la historia, por lo que estamos viendo, cada vez se repite con más frecuencia. Pero no para bien, sino para todo lo contrario. En fin…

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