Número 79, Opinión
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Hablando de carrozas

Por Jesús Galeote / Viñeta: Iñaki y Frenchy. Viernes, 23 de junio de 2017

Tener que hablar de carrozas y de maltrato a las minorías en democracia; qué aburrimiento. Tener que hablar de que RTVE retransmita un evento al que por la vía de la propia exigencia se pretende equiparar con la naturaleza pública y circense de una corrida de toros o de un partido de fútbol, eventos ambos que molestan como una raspa en el ojo a todo aquél que cultivar cierto intelecto persigue. Firmaría en change.org las veces que fueran necesarias para que la retransmisión de la Cabalgata del Orgullo Gay se llevara a cabo sin por ello asegurar el encendido de mi televisor a la citada hora del citado día. Lo haría si con ello beneficiase a mi conciencia con la tranquilidad ciudadana de luchar por la equiparación de unos derechos que siento como míos. No es tal el caso. En su lugar firmo por la plena retirada de la parrilla de corridas,  fútboles o cabalgatas del orgullo, pues dichas manifestaciones promueven intereses privados de empresas cuyas materias primas son los valores colectivos (por tanto falsos) y su producto final la marca comercial que fabrican con ellas. En ninguno de los casos entiendo que pertenezcan al ámbito de lo público y por tanto desestimo su cobertura en contra de lo que los sectores que los organizan reclaman.

Interesante sería, como nuevo ejercicio, centrar los esfuerzos en menguar la crítica o en callar un debate que no hace más que volver a situar al colectivo allí donde entran en conflicto las iras de unos y de otros, sabiendo lo que se pierde en dichos lares, y recapacitar sobre la verdadera desconfianza que hacia el colectivo demuestran otros entes privados que SÍ lideran la cuota de pantalla publicitando a sus gays con falseadas libertades comerciales y que SÍ pujan millonadas por retransmitir cualquier otro evento público en prime time.

Como consumidor intelectual de telebasura me aburre sobremanera no poder atender a mi cita semanal con la locura de Alba Carrillo (en una cadena que vive de mostrárnosla) por el hecho inapelable de que el Madrid esa noche se juegue algún título. De ser ganado en partido, además, hemos de asistir forzosa y públicamente a la consecuente celebración en una Plaza de Cibeles rebosante de cervezas, de gritos y de ciertas versiones del ser humano que deslumbran por una simpleza acojonante. Aburre, y mucho, que los directivos de las plataformas más importantes nos engañen con jorgejavieres y paraísos –como si de súper caramelos ‘progre’ se tratasen– para luego apartarlos de un golazo cuando de captar cazurros vaya el asunto.

La responsabilidad y la conciencia social no han de ser aspectos que deban primar en exclusiva en la calidad audiovisual de la cadena pública; eso sí que es cosa de todos. RTVE no debería emitir la misa cristiana del mismo modo que no le compete emitir un desfile donde Soraya Arnelas canta rarezas subida a una carroza. Para comenzar a construir una identidad igualitaria donde la discriminación, o estos debates, no tengan cabida, todos los sectores con verdadero impacto divulgativo han de estar dirigidos desde una pureza tan blanca que aún no se conoce en una península que irremediablemente siempre sale negra. Surgen graves problemas de educación y de comunicación que se materializan en una carencia comprensiva, mucho menos empática, hacia cualquier minoría que pretende ser identificada por medio de la comunicación.

Basta con abrir cualquier periódico o sintonizar la cadena que se desee para adivinar el tono de desprestigio que aún acompaña a ciertas informaciones. Ni hablar de la radio, donde la menor exposición frontal de la imagen otorga al parecer una valentía suficiente para decir auténticas barbaridades en horas muy vespertinas. “Buenos días España, el marido del presidente homosexual de Luxemburgo, uno más en el plan de chicas de Estado…” En ninguno de los medios se tratan las informaciones del colectivo LGTB de una forma blanca o igualitaria al resto de temas noticiables.

RTVE está pagando el pato de su propia gestión nefasta, sin duda. Una institución que, dirigida con fines propagandísticos, va a la deriva de su propia labor y que carece de dineros y de medios para auspiciar la motivación necesaria en aquello de las buenas ideas. Una institución que, se nos olvida, ha de albergar labor institucional en lugar de competir con los gigantes privados y liberales. Gigantes donde, y para millones de espectadores, igual se discrimina de forma positiva a homosexuales de éxito que se permite a diario que una periodista lesbiana de larga trayectoria sea objeto de insultos homofóbicos y de una mofa constante que acojona de la misma forma que los simples garrulos de Cibeles. Es un espectáculo de consumo rápido donde se sigue burlando la diferencia y perpetuando la clásica diversión española. ¿Es esa la televisión pública que necesitamos? Actuar contra eso, precisamente, es lo que debería copar la mayoría de nuestros esfuerzos.

Telecinco o Antena 3, cadenas que en el imaginario común se antojan libres y modernas, están en realidad asentadas en el mismo status ideológico que pueda estarlo RTVE, con la diferencia de saber cubrirlo de purpurina hasta el extremo y vender como normalidad aquello que tratan como circo. Hablando de carrozas.

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IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

 

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