Artsenal, Humor Gráfico, Número 76, Opinión, Óscar González
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El Valle donde anidan las gaviotas

Por Óscar González / Ilustración: Artsenal. Viernes, 12 de mayo de 2017

@Morgoski

La proposición no de ley (PNL) presentada por el PSOE para que se retiren de los restos de Franco y Primo de Rivera del Valle de los Caídos ha vuelto a poner sobre la mesa las grandísimas dificultades que encuentra el Partido Popular a la hora de emitir cualquier tipo de condena sobre la dictadura franquista.

No es algo que nos pille por sorpresa. El franquismo corre por las venas del PP como los plasmodios por la sangre de un infectado de malaria. La derecha nacional católica, ese extraño y anacrónico fenómeno patrio que asentó una especie de sociología durante la dictadura, encontró en el nido de charranes (o gaviotas) un sitio muy acogedor para seguir extendiendo su influencia a la vida pública de un estado que en 1978 se dijo aconfesional y democrático, pero decidió que el camino a seguir pasaba por una mal llamada “reconciliación”, en lugar de hacerlo por el aborrecimiento de la dictadura y sus abusos, como hicieron la mayoría de países del entorno que también habían padecido regímenes análogos.

Tal vez por eso la tibia (¿me pueden explicar el artículo 16?) Ley de Memoria Histórica promulgada por el gobierno de Zapatero encontró una fiera oposición en el Partido Popular, que prometió derogarla tan pronto tuviera la ocasión. Tal vez por eso la Fundación Francisco Franco recibe subvenciones del Ministerio de Cultura y el nuevo presidente de Nuevas Generaciones, Diego Gago, afirmaba hace un tiempo que la Guerra Civil tuvo su origen en un “conflicto social”. Quizá, solo quizá, ello explica por qué alcaldes del PP son invitados a homenajes secretos a Primo de Rivera y el Ministerio del Interior nombra jefes de policía a torturadores indultados por Aznar, mientras imbéciles como Pablo Casado o Rafael Hernando se burlan de aquellos que siguen buscando a sus familiares en cunetas y fosas comunes sin ser destituidos de manera fulminante.

Sin embargo, el PP nunca se ha atrevido a derogar la Ley de Memoria Histórica, optando en su lugar por paralizarla mediante la eliminación de las partidas económicas destinadas a apertura y prospección de fosas comunes, porque se ve que los asesinados por Franco y sus perros no merecen la misma dignidad que los asesinados por ETA o el yihadismo; o porque la eliminación de una partida presupuestaria se puede hacer con discreción y, si te pillan, intentar justificarla echando mano de la excusa de la crisis, mientras que una derogación plena pondría el debate sobre el franquismo de nuevo en la calle, justo donde esta pandilla de indeseables no quiere que esté. Me refiero al debate; lo otro seguro que se la pondría tiesa a más de uno.

¿Qué cabe esperar que ocurra de ahora en adelante? Con casi total probabilidad, nada en absoluto. El PSOE ha optado por la PNL, cuya aprobación no resulta vinculante para el ejecutivo, por lo que las posibilidades de que finalmente llegue la exhumación de Franco y Primo de Rivera son entre escasas y nulas, salvo que salga adelante la moción de censura y cambie el ejecutivo. Entre escasas y nulas, lo dicho.

Y si la propia idea de que asesinos y golpistas estén enterrados en obras faraónicas consagradas a su memoria y a la de la gloriosa cruzada nacional resulta repugnante, todavía peor lo es la de que más de 30.000 personas, muchas de ellas anónimas, estén amontonadas en las paredes del Valle de los Caídos, el monumento que los obligaron a levantar los mismos que los asesinarían, los que no tuvieron suficiente con matar y siguieron humillándolos después de muertos, obligados a vigilar para siempre la tierra podrida en que descansan con honores sus verdugos.

Porque fueron, somos. Por eso nos duelen los hombres y mujeres a cuya memoria escupirá el PP una vez más.

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@ARTSENALJH

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