Humor Gráfico, L'Avi, Número 77, Opinión, Sergio Rodríguez
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Sociatas de restaurantes caros

Por Sergio Rodríguez / Viñeta: L’Avi. Viernes, 26 de mayo de 2017

Sergio Rodríguez

Recordando…

Modesto Seara Vázquez. Este hombre era uno de los grandes del PSOE histórico, el que estaba en el exilio. Luego llegaron los fuleros sevillanos y el guapito González de turno y se cargaron todo aquello llamándole a su invento PSOE-renovado: Desplazaron a los históricos, hicieron unas tortillas en el campo, un congresito en Suresnes, aprendieron a usar la pala de pescado en restaurantes caros y a engañar a la gente obrera para quitarles también votos al PCE.

Con este hombre tuve ocasión de hablar una vez que vino a dar un mitin a mi pueblo, cuando yo tenía 16 años. Conocí también a don Celso Montero, que había sido cura y periodista y más tarde senador. Celso dio el primer mitin de la Democracia en el balcon de la sastrería de mi padre un día de feria, con la plaza repleta y el cacique con su negocio enfrente. Nos vimos algunas veces más en el Café Latino de Ourense, donde tomaba “unha tila con doble auga” (mi amigo José Manuel Bouzo puede dar fe de aquellas tertulias en las que también participó).

Los primeros pasos de Felipe en tierras orensanas los dio gracias a la hospitalidad de don Alfonso Sobrado Palomares (en cuya casa llegó a pernoctar). Palomares fue más tarde director de Efe, y me recibió un día en el despacho más grande que yo había visto en mi vida. Marido de doña Ana Tutor, delegada del Gobierno en Madrid, creo que la primera. Y Felipe llegó a dormir también en el antiguo Seminario, cosa que no es de extrañar, pues recibió educación cristiana en la católica Universidad de Lovaina.

Aquellos socialistas históricos que venían de México y de Francia tenían todavía la bandera del yunque y la pluma, antes de que viniera la mano, más que el puño, agarrando un capullo. Empezaba a florecer el moderno socialismo descafeinado. Luego, en la facultad, me dijo el hijo de un comisario que en todas las comisarías de Madrid había una foto de Felipito con instrucciones precisas para que ningún gris le tocara un pelo ni le pusiera la cara morada, para que diera bien en la tele. Desde entonces, y de modo progresivo, ya se ha ido poniendo él morado con todos sus secuaces del falso socialismo de la tortilla y la pala de pescado.

Y así hemos llegado, han llegado hasta hoy.

Y ahora me voy a dormir. Un día igual comienzo unas memorias.

Ahí he dejado a la SER, clasificando grupos, tendencias, clanes, aliancillas… Habla de “tomasistas” y “pedristas”… Como si fueran ideologías de verdad. Y esta mañana, lo único de verdad es mi constipado, que es como un mal congreso de virus, todo lo contrario de lo que desea don Flipe: un buen congreso a su medida. Y encima viene Carmona. Tenía que haberme quedado en cama.

El Ferreras lleva uniforme de Ferreras. Siempre.

Para reír un chiste con corrección de género hay que poner: Jajá y jojó.

Hay un presunto experto en terrorismo en el telediario diciendo obviedades. Es la bomba.

Odio el catarro. Aunque casi no me deja ni fuerzas para odiar, es odioso. Se lo estoy diciendo a alguien que también lo odia. Pero yo más.

Gusana Díaz: Tiempo entre costuras.

La fotografía imita a la naturaleza. La naturaleza imita al arte, que a su vez se subasta. Y el constipado imita y reproduce fielmente al infierno. Y no sirve para nada. Total, que esta tarde estoy viviendo no por amor al arte sino por obligación del mal.

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