Alicia García Herrera, Cultura
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Santiago Álvarez: “No ignoro la basura que se oculta bajo las alfombras de Valencia, pero amo esta ciudad”

Por Alicia García Herrera. Martes, 9 de mayo de 2017

  Entrevista

Santiago Álvarez (Murcia, 1973) es fundador y director de contenidos del Festival Valencia Negra. Se inició en la literatura escribiendo relatos, muchos de los cuales han sido premiados y publicados en diversas antologías. Tras La Ciudad de la Memoria (Almuzara, 2015), novela que sirve de presentación a la quijotesca pareja de Berta y Mejías, El Jardín de Cartón es un nuevo caso de estos investigadores en una Valencia real e imaginada, donde el pasado tiene mucho que decir. Ha escrito, protagonizado y dirigido musicales y obras dramáticas y ha grabado varios discos con distintas formaciones. Colabora habitualmente en programas radiofónicos sobre la historia de Valencia y da charlas y conferencias sobre temas históricos y literarios. Es profesor de música en el Aula de la Experiencia del CEU San Pablo. Asimismo, es el primer profesor en España del software para escritores Scrivener, del cual realiza regularmente talleres presenciales.

Eres ingeniero y músico. Has escrito canciones e incluso tienes cinco musicales que se han estrenado y varias obras de teatro. ¿Qué es lo que te lleva a dar el salto a la escritura?

La parte dramática y relacionada con mis musicales los desarrollé en contacto con la Sociedad Tolkien. Allí participé y gané algunos concursos, lo que me ayudó a entrenar ciertas habilidades narrativas. Luego busqué un taller de escritura y encontré el de L’Iber. Pero fui al taller de narrativa no tanto para mejorar mi escritura como para no estar solo. En el taller me encontré con otras personas afines, como Jordi Llobregat y Bernardo Carrión y con otros miembros de El Cuaderno Rojo (ECR), que para mí sigue vivo. El paso por ese taller me ayudó a terminar un proyecto (tenía cinco novelas en marcha pero no sabía cómo completarlas). Leí en el taller el inicio de un proyecto de novela que se basaba en un personaje nacido de un sueño, Mejías. Vi que era una idea interesante y decidí continuar con ella.

Eres autor de dos novelas protagonizadas por personajes muy cinematográficos, Mejías y Berta. Mejías nace de un sueño nocturno, según tus propias manifestaciones. ¿Qué giro ha dado a tu vida seguir el camino de ese sueño?

Bueno, es que no se trata solo del personaje de Mejías. Lo que más me importa es seguir el camino de escribir y publicar. Cuando nace la criatura, me refiero a tu primera novela, te das cuenta de que es algo de verdad, la gente te dice que eres un escritor, y esas cosas. Este segundo libro me permite tener pasado literario y eso para mí es completamente nuevo. Mi idea de escribir es hacer una carrera literaria, larga y sólida.

Tus dos novelas, La ciudad de la memoria y El jardín de cartón, se sitúan en Valencia. De tus libros se desprende que eres un enamorado de la ciudad. ¿Cómo surge ese amor por Valencia?

Desde Murcia se ve, o se veía, a Valencia como una hermana mayor. Es una ciudad mediterránea, hace buen tiempo, tiene ocho teatros, librerías. En Murcia hay un solo teatro y pocas librerías. Cuando llegué a Valencia vi que, a pesar de los proyectos que nos habían vendido, se trataba de una ciudad arraigada en el pasado, con un barrio histórico fascinante, y pensé que Valencia era inspiradora. Solo tengo una virtud, la vergüenza, siempre quiero hacerlo bien. Por eso me puse a estudiar sobre Valencia y su historia, tanto que ahora me llaman para dar charlas y conferencias sobre la historia de la ciudad. Hay muchos que se quejan de Valencia, de sus defectos y miserias, pero nadie se va y los que llegan se quedan. Yo hago mía la frase que aparece en El jardín de cartón de la película Chantaje en Broadway, que Mejías también podría hacer suya: “Amo esta sucia ciudad”. Es decir, no estoy de acuerdo con muchas cosas que pasan aquí, no ignoro la basura que se oculta tras muchas alfombras pero, de alguna manera, amo esta ciudad.

El jardín de cartón transcurre durante las Fallas y nos lleva a un período de nuestra historia, finales del siglo XIX, en que se consolida una burguesía poderosa. ¿Qué herencia nos han dejado esas redes clientelares que comienzan a tejerse en aquella época? ¿Siguen influyéndonos? 

Hay muchas cosas de entonces que siguen hoy vigentes. En aquella época pasamos de la aristocracia a la burguesía. Los negocios han cambiado, sin duda, pero no hay tanta diferencia. Se trata de clases sociales distintas que están al margen del pueblo, donde los roles femeninos quizá se han mantenido hasta nuestros días. En ciertas calles de nuestra ciudad podemos ver hoy en día esos retazos de la Valencia burguesa de hace más de un siglo.

Has definido El jardín de cartón como un cuento de hadas noir. ¿Qué significa exactamente esa frase?

Es una de las cosas que he aprendido de Tolkien, la creación de mundos secundarios. Yo, en El jardín de cartón, construyo un mundo nuevo tomando como base elementos del mundo real, de la Valencia real. Las acciones de Mejías, poco habituales, necesitan un mundo especial en el que todo vaya en la misma onda. Un ejemplo es la polarización de las dos fallas que aparecen en la novela, la falla pobre frente a la poderosa, ambas muy caricaturizadas. Yo planteo un juego y tú puedes entrar en él o no hacerlo. Se trata, en todo caso, de intentar crear algo nuevo.

Háblanos del enamoramiento de Berta… 

El enamoramiento de Berta la enfrenta a sus dudas y complejos. Me gusta que el personaje afronte sus propios miedos y los supere.

Por lo que yo sé eres fan de J.R.R. Tolkien. En qué faceta artística te ha influido más Tolkien, ¿en la musical o en la literaria?

En el arte de narrar historias. En la sociedad Tolkien he ganado premios literarios pero he realizado adaptaciones de textos y temática tolkenianas para obras de teatro, canciones, musicales… Creo que, sobre todo, eso me ha servido en los diálogos y en lo que he aprendido sobre dramaturgia a la hora de dirigir a los actores.

Hace unos meses tuve ocasión de intercambiar unos correos con Mejías, que se quejaba haber sido maltratado por su autor. Me gustaría escuchar tu versión de los hechos.

No lo trato mal, lo que pasa es que solo bajo grandes presiones se ve de qué estamos hechos. Cuando pones a tus personajes al límite surgen sus debilidades.

¿Qué significado tiene para ti la frase “los héroes del celuloide nunca mueren”?

Mejías quiere vivir en ese mundo alternativo, donde la realidad es una película de blanco y negro, es un refugio donde él quiere estar. Ser un personaje cinematográfico es garantía para la eternidad, para evitar sufrimiento y dolor. Mejías tiene una herida, está desgajado del mundo. Él piensa que si fuera un héroe del celuloide estaría a salvo de eso. Quizá por eso se refugie allí.

Un sueño por cumplir…

Seguir escribiendo y que dentro de diez años tenga otras cuatro o cinco novelas publicadas, con independencia del éxito. El éxito es un concepto engañoso.

Una última pregunta: has pasado por los talleres literarios del L’Iber, Museo de los soldaditos de plomo, junto a Santiago Posteguillo y Antonio Penadés. ¿Qué puede aportar a un escritor en ciernes o a un lector empedernido el paso por ese taller que no aporten otros?

Es un taller que en el que Antonio Penadés transmite su pasión por la lectura y hay un buen equipo de colaboradores, especialmente los que tienen menos pelo (bromea). Puede ser un buen curso para alguien que quiera iniciarse en la escritura.

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Alicia García Herrera

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