Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Número 77, Opinión, Víctor J. Maicas
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Periodismo sin ojos ni oídos: ¿eso es lo que quieren?

Por Víctor J. Maicas / Viñeta: Iñaki y Frenchy. Viernes, 26 de mayo de 2017

Víctor J. Maicas

Tal como se hizo en una de las asambleas del movimiento 15M, en la cual se pidió un “Periodismo Ético Ya”, habría que preguntar día tras día a todos aquellos que ocupan “el gran poder” qué clase de periodismo quieren ellos en realidad. Y es que después de comprobar la gran manipulación a la que nos tienen sometidos los grandes medios de comunicación en temas que afectan directamente a nuestra propia vida cotidiana (les invito a leer el artículo titulado Manipulación informativa: ni Goebbels los hubiese superado publicado en esta revista), en lo que se refiere a los conflictos internacionales, esos precisamente que atentan contra la vida de millones de seres humanos que se ven inmersos de repente en una espiral de odio y violencia por la avaricia y ansias de poder de “los de siempre”, podemos comprobar también que desde las más altas instancias lo tienen todo, en cierto modo, “controlado”. Porque al menos por lo que parece, el periodismo de guerra o la información veraz sobre todo aquello que acontece en los conflictos bélicos está, casi definitivamente, aniquilado. Probablemente ha sido una larga lucha por parte de muchos mandatarios mundiales (esos a los que no les interesa mostrar los trapos sucios por miedo a las posibles reacciones de la opinión pública), que finalmente ha tenido la recompensa que ellos buscaban.

En cierto modo, posiblemente todo empezó hace varias décadas en Vietnam, en aquella cruel y sangrienta guerra que los EE.UU perdieron no por la falta de potencial militar, sino por el desgaste mediático de aquellas imágenes del conflicto que originaron entre la población estadounidense un fuerte rechazo al ver impactantes matanzas a la vez que un sinfín de compatriotas muertos por los combates. También, cómo no, impactaron sobremanera a la opinión pública los bombardeos con napalm que la población civil vietnamita sufría en sus propias carnes. Así es, aquella guerra se perdió, pero indudablemente muchos mandatarios mundiales aprendieron, muy probablemente, una lección que por lo que parece están llevando a la práctica en los últimos tiempos: no la lección de que las guerras son siempre injustas con la población civil y que se ha de intentar evitarlas por todos los medios, sino esa lección que dice que una guerra sin apenas muertos… en cierto modo no es una guerra. ¿Pero cómo evitar que apenas haya muertos en una guerra?, se preguntarán algunos. Pues muy fácil, si no se muestran, no los hay, o lo que sería lo mismo, “ojos que no ven, corazón que no siente” (supongo que ya me entienden).

Por lo tanto, ya en la primera guerra de Irak parece ser que se vetó a ciertos reporteros para que no pudiesen filmar qué era realmente lo que sucedía en el frente (en aquel conflicto veíamos principalmente imágenes nocturnas de los bombardeos como si aquella guerra fuera poco más que un simple juego de la playstation), mientras que en la última guerra, también de Irak,  por lo visto se siguió con la misma actitud  no conformándose simplemente con que no se filmaran imágenes desgarradoras de la guerra, sino que de lo que se trataba también era de que ni tan siquiera se tomaran imágenes de los féretros de los soldados estadounidenses caídos en combate. Además, y por desgracia, parece que si a alguien se le ocurría grabar más de lo debido posiblemente se exponía a recibir una contundente respuesta como aquella que recibieron los periodistas hospedados en el Hotel Palestina de Bagdad, donde como consecuencia del bombardeo de un carro de combate estadounidense murió el cámara José Couso, sin que a día de hoy hayan sido castigados de forma contundente los responsables (y por desgracia, ahora en nuestro propio país será más difícil juzgar a los responsables de ese hecho, pues ya se ha encargado el ejecutivo de que así sea a través de esa reciente ley que impide desarrollar totalmente la justicia universal en nuestro propio territorio).

Pero no vayamos a culpar solo a los americanos de hechos como estos, pues en los últimos conflictos hemos podido comprobar que los periodistas no han sido muy queridos ni en el Sahara (por parte del Gobierno marroquí), ni en Palestina (por parte de los mandatarios israelíes), ni en tantos y tantos lugares en donde, por lo que parece, los derechos humanos se vulneran sin el más mínimo pudor (se podría poner un sinfín de ejemplos que no cabrían en un simple artículo). Pero fíjense, ¿ha habido grandes quejas de los mandatarios mundiales por estos hechos y se han tomado medidas eficaces contra los gobiernos responsables? No, ¿verdad que no? Pues bien, resulta que muchos de esos mandatarios mundiales que han pasado por alto sancionar de una forma eficaz este tipo de comportamientos contra los periodistas en conflictos como los del Sahara o Palestina, por poner tan solo unos pocos ejemplos, en cierto modo dieron la impresión de rasgarse las vestiduras de cara a la opinión pública cuando en países como Egipto (en las revueltas contra Mubarak) o en Libia con Gadafi, a los reporteros se les agredía o no se les dejaba hacer sus funciones para informar a la población mundial de lo que estaba sucediendo en esos lugares. Y es entonces cuando a uno le da por pensar… ¿se puede llegar a ser tan hipócrita? Porque… ¿de quién, posiblemente, aprendieron estos tiranos, los cuales estuvieron durante muchos años apoyados por los gobiernos occidentales?

Por cierto, parece que apenas haya habido muertos en las guerras que no interesan demasiado a la opinión pública del llamado primer mundo, porque por ejemplo en la reciente guerra del Congo, la cual desgraciadamente duró varios años, los muertos se cuentan por millones, pero quizá estas víctimas debieron ser de tercera o cuarta categoría puesto que por lo que parece ni tan siquiera han tenido el “el triste honor” de ser recordados día tras día en los informativos de todo el mundo.

Y ya por último, simplemente expresar unas preguntas que desde hace tiempo me rondan por la cabeza: ¿cuántos muertos reales, y no invisibles, habrá habido en Libia? ¿Cuántas vidas se habrán perdido ante esa hipocresía de la comunidad internacional que ha dado la impresión de que estaba jugando al ratón y al gato alargando innecesariamente el conflicto con la correspondiente pérdida de vidas humanas tanto de uno como de otro bando? Y si esta misma pregunta la trasladamos a la cruenta y salvaje guerra de Siria que ya lleva varios años, posiblemente la respuesta nos pueda producir escalofríos. Porque según parece las prisas solo les entran cuando se ha de salvar a la banca, cuando se han de aprobar leyes que impiden la justicia universal o cuando se han de modificar Constituciones para dar prioridad al pago de la deuda.

Así pues, y volviendo al titular de este artículo, ¿es eso lo que quieren, algo así como un periodismo a la carta, sin ojos ni oídos según las circunstancias y sus intereses puntuales dependiendo del conflicto? Bien, pues bajo mi punto de vista, y a pesar de sus excusas y constante hipocresía, sí, eso es lo que al menos da la impresión que muchos quieren. Y mientras tanto, mientras su hipocresía y manipulación van aumentando enteros día a día, por desgracia siguen siendo muchos los periodistas que no pueden realizar libremente su trabajo o, en el peor de los casos, pierden su vida o son secuestrados por intentar cumplir con su cometido. Y es que según nos dan a entender los hechos, a muchos les incomoda que se cuente toda la verdad a través de la mirada y de los oídos de un periodismo libre e independiente. Aunque lo peor de todo es que una considerable parte de la opinión pública mundial, que en definitiva es la ciudadanía que habita este mundo, consiente con su indiferencia este menosprecio al periodismo veraz y objetivo al no exigir vehementemente a todas las partes una contundente rectificación en su actitud aunque solo sea por dignidad y, también, por humanidad y decencia ante un mundo que maltrata día sí y día también a los más débiles y desprotegidos. Algo que, en definitiva, tratan de denunciar a través de sus crónicas muchos de esos periodistas y reporteros de guerra a los que apenas se les deja hacer su labor para intentar mostrar a las claras la verdadera realidad existente en cualquier conflicto.

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IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

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