Ada Colau, Número 77, Opinión
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Maternidad, un derecho inalienable

Por Ada Colau. Viernes, 26 de mayo de 2017

@AdaColau

Hace ya casi un mes que nació nuestro segundo hijo, Gael. Quiero que mi primer post de regreso sea para agradecer las miles de felicitaciones y los mensajes de buenos deseos que he recibido. Pero, sobre todo, para dar las gracias a los médicos, enfermeras y comadronas del Hospital del Mar que nos han acompañado en un momento tan importante y emocionante. A pesar de los recortes, el nivel y el compromiso de los profesionales de nuestra sanidad pública hace que ésta no tenga rival y nos obliga a defenderla con orgullo ante los múltiples ataques que recibe.

He sido siempre usuaria de la educación y la sanidad públicas, y ahora que soy alcaldesa y madre por segunda vez, aún lo soy más convencida y agradecida. Siendo un cargo público y una cara conocida, experiencias tan personales e íntimas como un embarazo y un parto no son sencillas de gestionar. Como toda mujer, a lo largo del embarazo he tenido momentos de incertidumbre, de inseguridad, de dolor físico… Una fragilidad que se agudiza en el momento del parto.

Sabía que después del parto (que en mi caso fue por cesárea) no podría descansar, porque dormiría poco, tendría dolor y la prioridad sería que Gael se agarrara bien al pecho y empezara a recuperar peso… En medio de ese torbellino de hormonas y sentimientos, lo último que me apetecía era que mi situación se conviertiera en un tema mediático, pero fue inevitable y en los días previos al parto la prensa llamaba constantemente para saber si había parido ya o en qué habitación estaba. No es que sea grave, pero lo cierto es que no ayuda a relajarse. Por eso estoy doblemente agradecida al Hospital del Mar, que además de cuidarme mucho, y muy bien, como cuidan a todo el mundo, me ayudaron a proteger mi intimidad, guardando discreción sobre mi situación.

Al salir me encontré con que ya estaban circulando rumores falsos –algo que pasa cada vez más a menudo–, como que habían cerrado toda la planta de maternidad por mí (!), alterando el funcionamiento normal del centro. Rumores absurdos, impulsados por medios digitales y perfiles en redes sociales asociados a la derecha, pero que son tan eficaces que incluso amigas mías dudaron y me preguntaron “¿es verdad que han cerrado el hospital durante tu estancia?”. En fin. Para que quede claro, el único trato “especial” que recibí fue que me colocaron en la última habitación de la planta, la más alejada de la puerta principal. Y la verdad es que se lo agradezco, porque cuando una tiene una cicatriz que le impide moverse, está con una sonda y un catéter, un bebé recién nacido y, además, despeinada y ojerosa, lo último que necesita es estar sufriendo por si se cuela alguien en la habitación con una cámara.

Me cuesta entender que haya medios que se presten a la difamación sin respetar algo tan privado como un parto, que difundan rumores falsos sin contrastar para intentar desprestigiar a cualquier precio. Pero supongo que hay quienes aún no soportan que gente común llegáramos a la alcaldía de Barcelona, y soportan aún menos que seamos coherentes y defendamos los servicios públicos que ellos prefieren debilitar y privatizar. Que sepan que seguiré siendo usuaria convencida de mi CAP de referencia, de los hospitales públicos y de la escuela pública para mis hijos. Convencida y agradecida. Y por supuesto disfrutando de mi segunda maternidad, durmiendo poco pero muy feliz. Desde aquí aprovecho para mandar un fuerte abrazo a todas las madres, mujeres valientes e imprescindibles, ya que sin ellas, su esfuerzo y sus cuidados, la vida no se abriría camino.

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