Número 76, Opinión, Rosa Regàs
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Lucia Berlin

Por Rosa Regàs. Viernes, 12 de mayo de 2017

@rosaregas

Entre muchos otros, la lectura tiene el poder de alejarnos, en mayor o menor medida, de problemas y obsesiones que comienzan a desvanecerse en cuanto nos sumergimos en el mundo del pensamiento y la imaginación de un autor o una autora que nos encandilan. Y la tarde se nos hace corta y la noche nos inquieta de tanto pensar y cavilar en lo que hemos estado leyendo y en la realidad literaria que hemos vivido, tan poderosa como la realidad real, que nos hace reír, llorar, reflexionar y fabular. Del mismo modo que nos aporta el conocimiento que nos permite profundizar más y más en una cuestión que habíamos juzgado sin interés ni atractivo. Sin olvidar su capacidad de entretener en el sentido más eficaz y positivo. Y más, mucho más conseguimos con ella.

Sí, así es la lectura, la magia que concita la actividad de los sentidos, de la mente y de la memoria y nos concede la plenitud del alma al ir adivinando los dones de que disponemos gracias a los cuales entendemos, decidimos y actuamos.

Pero en su capacidad de originar tantas emociones, convocar tantos recuerdos y acumular tanta experiencia, también puede convertirse en la provocadora de sentimientos y situaciones del alma cargados de desconcierto y tantas veces de desánimo y soledad. Y no por lo que hemos leído, sino precisamente porque hemos terminado el libro que nos hechizó de la primera página a la última. Y llegan entonces horas o días con el alma vacía añorando el ámbito que abandonamos al leer la última línea y por más que la experiencia nos ha demostrado ya que no tardará demasiado en aparecer con vigor renovado el interés por cualquiera del montón de libros que nos espera en nuestra mesa atiborrada de prodigios, nos parece que ya nunca nos abandonará la soledad.

Así me siento aún hoy, tras dos días de haber terminado Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin, la asombrosa historia de una mujer americana que vivió de 1936 a 2004, narrada a través de breves historias, cuentos si se prefiere, escritos desde voces distintas, miradas opuestas, dando prioridad al paisaje, al ambiente, a la añoranza de recuerdos de infancia, a la lucha contra el alcoholismo, al enternecedor y poderoso amor materno, o a tantas otras visiones que conforman las vidas humanas que nos seducen y nos incitan a ir ordenando lo que nos cuentan hasta que, sumergidos en la alegría innata de un personaje que ha sabido vivir, disfrutar y luchar, acabamos conociendo su vida, sí, pero más aún la nuestra, con sus sufrimientos y contradicciones feroces y las batallas ganadas a los mil tropiezos a los que nos enfrentamos durante todos los años que dura la vida, el gran regalo que recibimos al nacer si somos conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor y sabemos mirar en el interior de nosotras mismas.

Una verdadera maravilla.

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