Aitana Castaño, Número 76, Opinión
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Las 160 horas que usé cofia

Por Aitana Castaño. Viernes, 12 de mayo de 2017

@Sairutsa

Si lo pienso creo que llevo trabajando toda la vida. Es lo que tiene venir de una familia de ganaderos, que curras durante media infancia y toda la adolescencia aunque no te das cuenta de ello hasta pasada la treintena (pero esa es otra historia).

Mi primer trabajo, digamos, “en firme” fue en un restaurante de Llanes. Fue en compañía de mi primo Juanma y fue un debut en Champions. Porque debuté en la zona más turística de Asturias en los días más turísticos del año: Semana Santa. A lo grande…

Me ofrecieron un contrato, un sueldo y una habitación encima del restaurante para dormir con el resto de trabajadoras (mujeres) del susodicho restaurate (había otra habitación solo para los tíos que curraban en el local. Una habitación masculina en la que yo acabé durmiendo… pero esa es otra historia).

Acepté las condiciones. Cogí una pequeña maleta con ropa que nunca puse e hice por parecer una mujer adulta y responsable.

Trabajé 10 días.

Trabajé 16 horas al día.

En las labores a realizar durante nuestra jornada a las mujeres, y solo a nosotras, se nos incluía la limpieza de las habitaciones de TODOS los trabajadores y también la limpieza íntegra de una pensión que era propiedad de los mismos del restaurante.

Por todo, en un sobre blanco, el último día cobré 40.000 pesetas (unos 240 euros). Exactamente lo mismo que los tíos del restaurante (aunque ellos no fueron a limpiar la pensión).

El sueldo no fue lo peor. En mi hoja laboral figura que estuve contratada en ese mi primer trabajo tan solo 8 horas de aquella Semana Santa.

Ocho horas contratada de 160 horas que trabajé y en las que no paramos ni un segundo para respirar.

160 horas en las que siempre llevé puestos una cofia y un mandil de puntilla muy monos.

También una falda lila y una camisa blanca impoluta.

Y también una sonrisa que se me fue apagando (no por nada, más bien por el cansancio, porque las 8 horas que sobraban no las dedicamos a dormir, precisamente. Aunque esa es otra historia).

Todo –la cofia, la falda, el mandil y hasta mi cansancio– era muy de sitio serio y de sitio con charmé.

¿Me entendéis?

Todo tenía mucho charmé en el local, menos la dignidad de los trabajadores.

18 años hizo ya del día del sobre con las 40.000 pesetas.

Fue mi primer empleo y mi primera humillación laboral (vinieron después otras, pero son otras historias).

Nunca volví a pisar el restaurante ni como trabajadora ni como cliente. Ni siquiera volví mucho a aquel restaurante con mi pensamiento. ¿Total para qué?

Estos días en los que la marabunta mediática la ha tomado contra los chefs por la situación en la que tienen a sus trabajadores me ha venido a la mente aquella Semana Santa.

Y como soy de conexiones cerebrales y una cosa lleva a la otra y encima en mi familia el sector hostelero lo tenemos “dominado”, no pude dejar de pensar en las miles de personas que en este país viven de la hostelería (sin estrellas, sin tenedores, sin horarios…). Que sufren lo que yo sufrí durante aquellos primeros 10 días de mi debut laboral.

España es un país que tiene en el turismo –asi lo dicen los políticos de todo signo– una de sus principales “vetas” económicas. Seguramente la principal la mitad del año.

Y sin embargo, como país hemos sido incapaces de hacer que este sector que da riqueza sea también un sector que cuide y mime a sus plantillas, que les de formación y, sobretodo, buenos sueldos.

Que la fuente de riqueza de este país se esté nutriendo de la precaridad laboral de muchos es un despropósito de pocos. Que da la impresión que no es que se maten por cambiarlo, que a nadie le apetece “meter mano” a los dueños del sector, a los que parten la pana turística y hostelera, a los que pagan 240 euros de mierda por 160 horas de trabajo… Porque se ve que esa es otra historia…. Miles de historias.

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1 Kommentare

  1. Ginés Angel Paredes Paredes dicen

    Aunque, por honor a la verdad, casi ningún sector (al menos en el privado) se escapa de todos estos abusos. Yo he trabajado en varios sectores y todo va a peor. El porqué votamos a los de siempre sigue siendo un misterio para mi. Parece como que en España nunca pasa nada.
    Yo voy a cumplir 45 años, con un niño desde hace un año, y me he propuesto intentar vivir con lo mínimo, no contribuir a esta locura que nos están montando y que nosotros aceptamos sin apenas rechistar.
    Es complicado, lo sé, pero resulta asombroso la cantidad de cosas que son prescindibles. Lo difícil es tener miedo al rechazo de los más cercanos. Empezando por la familia.
    Pero bueno, esa es otra historia,jaja.
    PD: mi primer trabajo “serio” tambien fue en un restaurante. Y tambien en semana santa. Tenía 17 años, la cuestión es que uno de los primeros días tuvimos una cena de madrugada. No sé ni cuantas horas echamos, lo que más recuerdo es el dolor de piés de tanto estar sin parar.
    No me acuerdo cuánto cobré, pero creo que no me hice rico.

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