El Arruga, El Koko Parrilla, Humor Gráfico, Número 77, Opinión, Xavier Latorre
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Ecuador

Por Xavier Latorre / Viñeta: El Koko Parrilla y Elarruga. Viernes, 26 de mayo de 2017

Xavier Latorre

A mitad de legislatura, el PP siempre pone sus trapos sucios a remojo, siempre enciende la lavadora para enjuagar sus pecados. Ellos, los hombres y mujeres de Rajoy, explotan adrede la burbuja de la corrupción y la onda expansiva alcanza a muchos de sus hasta ahora prohombres. Tanto daño hace esa deflagración que muchos intocables fallecen –políticamente hablando– como consecuencia de la metralla. Es tan fuerte la explosión que el presidente del Gobierno debe viajar a países lejanos para ponerse a salvo de sus posibles daños colaterales. Lo resguardan de todo aquello que le pueda salpicar. Provocan una teledirigida tormenta perfecta.

El Partido Popular, justo en el ecuador de la legislatura, pulsa el botón del pánico y arrasa con algunos de sus líderes. Los sepulta en el lodo de los titulares de prensa, de las grabaciones aciagas y de las amistades peligrosas. Es una técnica dolorosa, que entraña cierto peligro, pero muy rentable si se maneja bien. Cuando se convoquen nuevos comicios se notarán los beneficios de esta medida traumática, las expectativas de voto de los populares volverán a crecer. Entonces aflorarán dos o tres pequeños casos del resto del partidos que, convenientemente aireados, hará que la sospecha de la corrupción generalizada se asocie a todos por igual. La población civil entera será sospechosa de actitudes y conductas poco edificantes. Todos seremos vulnerables a las comisiones, los sobornos y los hechos delictivos. ¿Quién se acordará de Granados, de Rato, del presidente murciano, del dueño del ático de Marbella, del caso Púnica, de la podredumbre del Canal de Isabel II, de Esperancita o de todas las redes de favor descubiertas ahora? Ahora priman los obituarios políticos. Están a tiempo de rectificar. Ahora los sondeos les tratarán mal, pero quien ríe el último reirá mejor. Posiblemente, de eso se trata.

Ahora algunas decisiones en torno a la administración de Justicia levantan serias dudas de parcialidad. Da igual. Más adelante sacarán una batería de medidas de lucha contra la corrupción, vendidas bajo mil titulares distintos, y prometerán acabar con las malas prácticas, con el despilfarro o con los tratos de favor. Habrán dado la vuelta a la tortilla. Serán los héroes, los que nos van a solucionar los estropicios de algunos políticos desalmados que ellos mismos han alimentado durante años.

Rebasado el ecuador de la legislatura de las municipales, y con algunos indicadores económicos de cara, el PP buscará candidatos “normales”: gente con el piso sin pagar, propietarios de coches de más de diez años –a poder ser comprados de segunda mano–, que tengan familiares directos en el paro, alguno en el extranjero –ejerciendo de inmigrante– o alguno con una discapacidad severa. Hay que dar pena, mucha pena. Los nuevos candidatos serán unos muertos de hambre que disimularán los empachos pasados de sus dirigentes. Se tratará una nueva remesa de concejales, alcaldes y diputados limpios de polvo y paja. Para entonces, para cuando llegue la hora de la verdad, el nuevo relato será el de un Mariano Rajoy convertido en el Macron español: el necesario líder europeísta capaz de sacar a flote la economía española. El hombre dialogante, amante de los pactos.

Por desgracia, la memoria colectiva es corta. No da más de sí. En 2019 y en 2020 habremos olvidado el rebaño de ovejas negras, de manzanas podridas que han hecho carrera a la sombra de las siglas del PP. Olvidamos demasiado, y muy pronto; ellos, los que controlan la opinión pública, lo saben; los que construyen el relato, como se dice ahora, ya están manos a la obra, y por ello obran en consecuencia.

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