Humor Gráfico, Luis Sánchez, Número 77, Opinión, Rosa Regàs
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Imparable corrupción

Por Rosa Regàs / Viñeta: Luis Sánchez. Viernes, 26 de mayo de 2017

@rosaregas

En el descubrimiento de la corrupción vamos cada día más lejos. Hace quince días parecía que no podíamos superarnos pero ahora, cada mañana nos despierta el nombre de otro presunto ladrón o un robo más y siempre más inesperado, de alguno de aquellos que ya han demostrado serlo, o un nuevo famoso en política defensor de esconder la evidente corrupción ante la justicia. Y no sólo la de los que sin ninguna conciencia montan complicadísimos negocios internacionales, falsos, para quedarse tranquilamente con el producto de su estafa. Estos son simplemente eso, delincuentes, al fin y al cabo hacen lo que tienen que hacer para ser como quieren ser, simplemente ladrones de guante blanco, o rosa, o negro, pero ladrones al fin, ante lo cual no parece que se avergüencen, se plantan tan frescos ante las pantallas de la televisión, como hacían mientras robaban y no se sabía aún. Mientras tanto nos sermonean sobre nuestra obligación de ser estrictos en el cumplimiento del deber y no estafar al fisco, que a fin y al cabo es estafar a los beneficiarios de los pagos a Hacienda, es decir, a los ciudadanos, a nosotros mismos.

En nuestra casa, Cataluña, nos hemos encontrado con otro espécimen de ladrón de las arcas públicas, aquel que no creyendo que el delito económico lo sea como tal, se ha pasado la vida sermoneando, como si su trabajo como gobernante no fuera más que hacernos ver que teníamos que ser buenos catalanes, buenos a su manera, claro, como dice ahora todo un prohombre convencido de que pasará a la historia como el salvador de la patria.

Pobre, triste, sucia y desgraciada patria, decía nuestro poeta Salvador Espriu, como si cuando escribió estas dolorosas palabras ya supiera lo que nos esperaba, o quizá viendo cómo había quedado la patria después de como la hemos tratado los ciudadanos, y no sólo cuando se trata de banderas y estrelladas. Porque frente a aquel sátrapa que nos ha tocado conocer, soportar y resistir quizás no hemos protestado suficientemente ni hemos denunciado suficientemente aquellos veinte y pico años de Gobierno que todavía hay quien defiende diciendo que, sea como sea, el trabajo que se hizo fue “trabajar por la patria”. Nosotros seguimos haciendo lo que siempre hacemos, callar, tú no te metas, tú a lo tuyo, no sea que tuviera razón aquel pretendido líder que seguía los preceptos que conocemos todos los que hemos vivido la iglesia franquista, y al final resultara que fuera verdad que el delito económico no existe o al menos no fuera tan execrable como el delito sexual que la doctrina católica ha impreso en el ADN de los ciudadanos de los países del Mediterráneo.

Todo eso, hablemos o no hablemos, es lo que ha pasado en Cataluña, y así nos lo hemos tragado. Quiero decir que si no hemos protestado somos también un poco responsables. Y no podemos por menos que preguntarnos: ¿Dónde encontrará la salvación esta nuestra pobre, sucia, triste y desgraciada patria estando una buena parte de la sociedad conformada con el delito cometido durante tantos años, aceptándolo, justificándolo y hasta sacando partido y todo?

Nos haría falta un reconocimiento y un coraje que como sociedad no parece que tengamos, sólo lo veo en unos cuantos que quieren hacerse escuchar, que están dispuestos a luchar, pero que ante sí solo encuentran indiferencia, silencio y nuevos proyectos que nunca podrán ser del todo auténticos y esperanzadores proyectos, hasta que como pueblo no hayamos reconocido este inmenso y familiar robo, no sólo como un problema o una anécdota, sino como una verdadera tragedia que se ha hecho un cómodo lugar de aceptación en la conciencia de una gran parte de la gente de este país. Como si lo que hemos vivido y sufrido, y que dejará una marca difícil de borrar en nuestra identidad, no fuera más que, como dijo el inefable señor Mas, un asunto de orden particular que sólo afecta al señor Pujol. Por suerte, al menos la broma, la ironía, el sarcasmo, juegan últimamente una parte de la función que pertenece a la protesta, a la crítica, a la lucha por un país mejor, por un mundo mejor.

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Luis Sánchez

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