Alicia García Herrera, Cultura
Deje un comentario

Víctor del Árbol: “La novela no va a desaparecer mientras haya una historia que contar”

Por Alicia García Herrera. Domingo, 14 de mayo de 2017

  Entrevista

Víctor del Árbol nació en Barcelona en 1968. Su vocación de escritor nace en una biblioteca pública, donde solía permanecer cada tarde, junto a sus hermanos, mientras su madre trabajaba. Durante cinco años fue seminarista. Después se matriculó en la Universidad de Barcelona para cursar los estudios de Historia. En 2002 pasa a formar parte de la Policía autonómica de Cataluña, función que desempeña hasta 2012. Durante ese período simultanea su actividad laboral con colaboraciones como locutor de radio en el programa Catalunya sense barreres (Radio Estel y ONCE). En el año 2006 gana el Premio Tiflos de Novela, organizado por la ONCE, con El peso de los muertos. En 2008 fue finalista del Premio Fernando Lara con la novela El abismo de los sueños (inédita). En 2011 publicó La tristeza del samurái (Editorial Alrevés), traducida a una decena de idiomas y best seller en Francia, galardonada con Le Prix du polar Européen 2012 a la mejor novela negra europea que otorga la publicación francesa Le Point en el festival de Novela Negra de Lyon, le Prix QuercyNoir 2013, de Cahors, y el Premio Tormo Negro, otorgado por el Club de novela criminal de la Biblioteca Fermín Caballero, de Cuenca, en 2013. A La tristeza del samurái le siguen, en 2013, Respirar por la herida (Alrevés Editorial) finalista a la mejor novela extranjera en el Festival de cine negro de Beaune, finalista en el II Premio Pata Negra de Salamanca, finalista a la mejor novela negra 2014 que otorga el festival VLNC. Traducida al francés, la prestigiosa editorial Rosenbloom (Scribe) ha adquirido los derechos de edición en inglés para Australia, New Zeland, UK y USA. Igualmente se han vendido derechos de traducción a Polonia (Editorial DRAGGA) y Bulgaria. Un millón de gotas, editorial Destino, obtiene el premio  a la mejor novela escrita en español en 2014, otorgado por la asociación de blogueros en España Creatio Club Literario.  Un Millón de Gotas ha obtenido también el III Premio Pata Negra ciudad de Salamanca 2015 y en septiembre de 2015 Le Gran Prix de Littèrature Policière (modalidad ètrangere). Este prestigioso galardón, decano de las letras francesas, sólo ha sido ganado anteriormente por dos autores españoles, Manuel Vázquez Montalbán en 1979 y Arturo Pérez Reverte en 1998. Un Millón de Gotas, fue elegida Meiller Polar 2015 Prix Lire en su versión francesa (Toutes les Vagues de l’Océan). En 2016 Víctor del Árbol publica La víspera de casi todo, Premio Nadal.

Hablemos un poco de ti. Comienzas a descubrir tu vocación de escritor en una biblioteca pública, La Guineueta, de muy niño, mientras tu madre trabajaba. ¿Qué importancia ha tenido tu madre en tu carrera literaria? ¿Y la vivencia de la biblioteca?

Mi madre ha tenido una importancia capital sobre mi vocación literaria. Ella me contagió el placer por los libros y fue la primera persona que confió en mí. Cuando le dije que quería ser escritor ella no me dijo que me dedicase a otra cosa sino que, si era eso lo que quería, luchara por ello. Todos los hijos hacen las cosas para que sus padres se sientan orgullosos de ellos y para que nos quieran. Por eso, para mí, el “éxito” se traduce en que mi madre se sienta orgullosa de mí. En cuanto a la vivencia de la biblioteca, antes que los libros en sí, me aportó un espacio de tranquilidad. La biblioteca para mí es tierra sagrada, algo parecido a una iglesia. Es un lugar que me transmite orden, silencio, paz, todo aquello que contrastaba con mi mundo exterior, la sensación de seguridad que no tenía en él.

Pasaste de seminarista a historiador, luego a ser miembro de la policía autonómica, después locutor de radio. ¿De qué manera han influido todas estas vivencias en tu obra?

Se trata de mundos dispares que en el fondo tienen un hilo común. El hilo común es que siempre me ha gustado ser protagonista de mi vida. Funciono a través de los retos y en cada una de esas etapas ha habido retos de los que he aprendido. Cuando vives vidas distintas adquieres una experiencia más global sobre la vida. Cada una de las vivencias de esas etapas forma parte de mí y, por supuesto, se reflejan en lo que escribo. La vivencia es la raíz de la creación. De mis etapas vitales la que más me marcó fue la adolescencia. Y lo hizo porque, por circunstancias, tuve que crecer muy rápido. Esa época fue importante para mí porque me demostré que podía construir mi propio camino.

Tus autores de cabecera son Albert Camus y Dostoievski, dos autores universales. También John Steinbeck y Tolstoi. ¿Qué te ha aportado cada uno de ellos como lector y como escritor?

Sobre todo me han aportado verdad. Estos autores, cada uno por cosas diferentes, me han enseñado lo que necesito para escribir, y sobre todo honestidad. Me han regalado amor por la literatura. Y también saber que su experiencia vital está ligada a su escritura. Como ejemplo, El jugador, de Dostoievski, que refleja la adicción del autor al juego.

 Para ti, ¿qué debe tener una obra de arte para ser inmortal?

Debe tocar alguna de las fibras del alma humana. Una obra de arte es inmortal cuando se hace imprescindible. Te voy a poner un ejemplo. Si se extinguiera la humanidad y un día llegara un extraterrestre a nuestro planeta, el único modo de conocer las complejidades del ser humano sería a través de la literatura. Un libro imprescindible para entender la naturaleza del hombre sería sin duda El Quijote. También resultarían imprescindibles El extranjero, de Albert Camus, El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, o El paraíso perdido, de John Milton.

Tus novelas han ganado numerosos premios de gran prestigio, han sido traducidas a varios idiomas, cuentas con el reconocimiento internacional de la crítica y con el respaldo del público. Sin embargo, eres un hombre sencillo y cercano que desayuna cada mañana, si los viajes no lo impiden, en la misma cafetería de siempre. ¿Qué es lo que te ayuda a tener los pies en la tierra, a no dejarte llevar por la vorágine de la fama?

Mi imposibilidad. Saber que no soy aún el escritor que puedo llegar a ser, que lo seré el día en que la distancia entre lo que late en mi interior y lo que plasmo en el papel sea casi inexistente. Si tengo algún tipo de tentación de este tipo, dejarme llevar por la autocomplacencia, simplemente me voy a una librería y miro alrededor. Por otra parte, procuro relacionarme con gente honesta. Tengo pocos amigos escritores pero los pocos que tengo son personas profundamente íntegras que aman la literatura, no la vanidad de ver su nombre impreso.

Tienes al menos un club de fanes en Francia, del que además formo parte. ¿Cómo vives el fenómeno fan?

Intento llevarlo con normalidad y, además, también intento que los admiradores se conviertan en amigos. Me importa más el respeto que la admiración y esto llega sin duda alguna a través de la amistad. Vivimos en la época de la literatura pop, con una importancia exacerbada de las redes, imagen, etcétera. Sin embargo, autores verdaderamente grandes como, por ejemplo, Patrick Modiano, que recibió el premio Nobel  en 2014, no sabe hablar en público y él lo dijo, que no escribe para salir en la tele, y que por no saber hablar elige el silencio de la literatura.

Te estrenas en el ámbito de la novela con la obra El abismo de los sueños, finalista en el prestigioso premio Fernando Lara, edición 2008. Se trata de una obra inédita. ¿La veremos publicada algún día?

No creo. No está la altura. No estoy satisfecho con ella.

La tristeza del samurái, tu segunda novela publicada, se convierte en 2011 en un éxito internacional. En este trabajo hay misterio y hay historia. También un intenso afán de justicia y la necesidad de darle voz a la gente condenada al silencio de la historia. ¿Novela negra, novela histórica, simplemente novela? ¿Cómo definirías tus obras?

¿Qué te parece novela de Víctor del Árbol?

Me parece lo apropiado…

Busco una voz narrativa propia.

El futuro de la novela negra es ¿negro? Quiero decir, ¿se trata para ti, como algunos afirman, de una moda pasajera?

No creo que sea una moda. Es una necesidad que tiene que ver con una crisis de valores. Mientras esa necesidad exista se va a leer novela que se califica como novela negra. Ten en cuenta que la novela negra no es un fenómeno actual. La hay en los años treinta, en los EE.UU; también en Francia, durante los sesenta; en España, con la novela realista de la transición. El problema es convertir la novela negra en un cliché.

Tus novelas se caracterizan por tener tramas sólidas, sorprendentes y bien construidas. Atrapan, como tus personajes. Pero ¿qué debe ser primero? ¿El personaje o la trama?  

Para mí lo fundamental es el personaje, aunque las tramas son necesarias. Son el vehículo que lleva al lector a través de la historia, hay que crearlas bien. Pero yo escribo sobre todo para crear espejos, para que tú te veas reflejado en los personajes.

En tus personajes femeninos hay misterio, seducción, ambivalencia, fuerza y también tragedia. Laura, por ejemplo, en Un millón de gotas. ¿Qué te han enseñado tus “mujeres”?

Mis mujeres me han enseñado acerca de la vida. Mi madre, mis hermanas, mis compañeras, me han enseñado a ser fuerte, a no quejarme y luchar.  A mi ex compañera, Lola, le debo el dar el paso de dejar la policía para hacerme escritor, por lo que le estoy muy agradecido.

¿De cuál de tus mujeres literarias te has llegado a enamorar realmente? ¿Paola?

Sí. Podría haberme llegado a enamorar de Paola, de La víspera de casi todo. Ella tiene todo lo que me gusta de una mujer. Paola es fuerte pero también permeable a la fragilidad. Es una mujer capaz de reinventarse, no tiene prejuicios a la hora de enamorarse (se enamora de un hombre mucho más joven) y carga con su pasado. Me gustan las personas con esa vivencia. Que tengan carácter y se cojan con uñas y dientes a la vida. Paola encarna esa mezcla de fortaleza y fragilidad, tragedia y deseo, inteligencia y sensualidad. Todos mis personajes femeninos son sensuales. La sensualidad es algo que no se puede concretar y te da un sentido mágico de las relaciones. Paola es bastante parecida a Isabel, de La tristeza del samurái, solo que Isabel se ubica en una época distinta.

¿Con qué personaje masculino de tus obras literarias te identificas más?

Con Germinal, de La víspera de casi todo. Es un chico de infancia difícil, una infancia que lo lastra. Él lucha por reinventarse y convertirse en otra persona y persiste en ello. A mis personajes les perdono la derrota pero no que no luchen.

Tratas al menos en tres de tus novelas, Respirar por la herida, La víspera de casi todo y Un millón de gotas, el tema del asesinato de un niño, la pérdida más dolorosa que pueda experimentar un padre. ¿Qué te ha impulsado a hacer del dolor un tema recurrente en tu obra? ¿Qué puede enseñarnos la experiencia del dolor?

El dolor es el elemento central de mi obra. Es la parte de nuestra vida que nos negamos aceptar y la no aceptación de lo que nos duele es la fuente de todas las infelicidades. Se niega el sufrimiento y el sufrimiento está. La cuestión es que el dolor no puede ser una fuerza castradora, sino un motor que nos impulse a avanzar. El dolor me hace gritar, no llorar.

¿Y la enfermedad mental, presente en La víspera de casi todo?

La enfermedad mental es una obsesión en mi vida por razones personales y porque siempre me doy cuenta de lo frágil que es la línea entre la cordura y la locura. Si nos dejáramos llevar por la macrorealidad y no por la microrrealidad, podemos asomarnos a ese abismo. El tipo de locura que me asusta es que la realidad macro duela tanto que uno tenga la tentación de desconectar.

Has escrito algún cuento en alguna ocasión y te has pronunciado también sobre enorme dificultad que te ha supuesto transitar por el mundo de la fantasía. ¿Dónde radica para ti esa dificultad?

Sí, he publicado un cuento en Francia, Les pigeons de Paris. Escribir un cuento es complejo en el sentido de la concisión. Hay que tener, además, una enorme conexión con tu niño interior, lo que no es fácil. La estructura narrativa es distinta también, el principio, el nudo y desenlace, con el final feliz. Pero, aunque he disfrutado mucho de esta experiencia, no soy cuentista.

Has afirmado, dirigiéndote a los más jóvenes, que “leer hoy en día supone militar en la rebeldía”. ¿Cómo ves el pulso entre literatura y pantallas?

Lo veo conjugable. Son discursos narrativos distintos. La pantalla es el estímulo inmediato; el libro es la lentitud, la reflexión. Necesitamos de ambos, de lo uno y lo otro. Literatura y pantallas van a convivir. A pesar de lo que digan los agoreros, la novela no va desaparecer mientras haya una historia que contar.

Eres un hombre utópico. ¿Puede la literatura cambiar el mundo?

Sí, desde luego. Para empezar la literatura ha cambiado mi vida y, si es así, también puede cambiar la vida de los demás. Hay que aprender a ser más ingenuos para cambiar el mundo, más abiertos de mente y espíritu, pensar que es posible. Tener en cuenta que la derrota anticipada no sirve. Todos los revolucionarios han sido también unos visionarios.

La diferencia entre vivir y escribir es…

No hay diferencia.

Has afirmado que, de haber nacido en el siglo XIX, serías un escritor existencialista. ¿Qué quieres decir exactamente?

Quiero decir que los temas que me interesan se tratan desde una visión universal, es decir, la ventaja del narrador omnisciente es que habla para todo el mundo. El narrador en primera persona habla más para sí mismo. Un narrador del siglo XIX expone una realidad y no juzga a los personajes. Por eso mis novelas tienen una vocación universal.

Proyectos a la vista…

En octubre saldrá mi próxima novela y será una exploración que tenía pendiente. En ella trato sobre las expectativas de personas que ya han vivido su vida, es decir, personas que piensan que ya han experimentado todo lo posible pero se dan cuenta de que, en realidad, no es así. A veces, cuando creemos que ya no nos queda nada por descubrir, nos damos cuenta de que es posible experimentar nuevas vivencias, encontrar la ilusión, la pasión.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

Alicia García Herrera

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *