Literatura, Pedro Tejada
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Castelló Negre rinde homenaje a Julián Ibáñez, maestro de la novela negra

Por Pedro Tejada*. Martes, 16 de mayo de 2017               

  Literatura

Acaba de terminar la octava edición del Festival Castelló Negre (CSN). Ha habido como otros años cine, teatro, exposiciones, talleres y, sobre todo, novela negra. En la edición de 2017 el plato fuerte era el homenaje al maestro del género Julián Ibáñez, que ha recibido el I Premio Castelló Negre a toda una trayectoria literaria.

La calidad literaria de un festival viene dada indudablemente por sus participantes. Más allá de las múltiples propuestas editoriales que recibimos, muchas veces dominadas por las modas y la tiranía de lo mediático, CSN ha optado siempre por la calidad de sus invitados, tanto la humana como la artística. Y al programa de este año y de las convocatorias anteriores me remito. Llegados a la presente edición se nos ocurrió crear un premio que reconociera no lo puntual o la ocurrencia de un día, sino toda una carrera literaria que estuviera marcada por la originalidad, la coherencia y la calidad. No hubo mucho que discurrir ni mucho que discutir para descubrir que Julián Ibáñez representa esta premisa.

Escritor de culto, lo que en España se traduce en no ser todo lo conocido que se merece y debiera, ni vender tampoco lo que debería vender. Ha sido llamado “miembro de la santísima trinidad autóctona del género negro” (los otros dos serían Andreu Martín y Juan Madrid) y padre del hard boiled español. Yo, intentando no caer en cursilerías, le definiría como el ala poética de la novela negra: se decanta por lo escueto, huye de la verborrea, encuentra lo esencial, nunca lo explica todo, porque sabe que, como en la poesía, se trata de sugerir sin más y que cada uno llegue hasta donde pueda. En su caso, en el de sus novelas, en el de sus personajes, que cada uno pare en el bar que mejor le venga.

Escritores participantes en el Festival Castelló Negre 2017.

Cántabro, hijo de maestros expedientados en la posguerra, tuvo que desplazarse por varios puntos de la geografía nacional hasta afincarse en Madrid. Estudió Ciencias en la Universidad de Valladolid y guion en la Escuela Oficial de Cine de Madrid. Ha residido en diferentes países y actualmente vive en Argés (Toledo). Ha recibido hasta la fecha, entre otros premios, el Moriarty (1983) y L’H Confidencial en 2009.

Su vida cambió cuando leyó a Chandler y prefirió la novela a los guiones. En su producción novelística se dan más de veinte títulos (aparte de sus narraciones para jóvenes) y entre ellas destacan La triple dama (1980), Mi nombre es Novoa (1986), La miel y el cuchillo (2003), El baile ha terminado (2009) y las que vienen protagonizadas por Bellón: El viejo muere, la niña vive (2015), Todas las mujeres son peligrosas (2015), Gatas salvajes (2015), etc. El Festival Castelló Negre, que es el único del género que cuenta con una colección propia de novelas, ha presentado también estos días el número 4, precisamente la novela El invierno oscuro de Julián.

Como puede verse por muchos de sus títulos, las mujeres son fundamentales en la narrativa de nuestro autor: lejanas, misteriosas, fatales, pelirrojas, putas y alguna lesbiana, como la policía Azucena −que Julián me remarca que no se la copió de The wire , pues él la creó antes−, con la que quiere presentar una víctima más del mundo que nos dibuja.

Julián Ibáñez es un escritor de lo periférico, tanto en los escenarios como en los argumentos. Sus personajes se mueven por ciudades dormitorio, por polígonos industriales, por carreteras secundarias y nunca protagonizan grandes titulares de actualidad. Lo que Julián se ahorra en documentación, al no fijarse en esos sucesos que conocemos de sobra por los telediarios, lo invierte en pequeñas historias, pero muy intensas.

En una sociedad donde lo fácil, y casi obligatorio, es estar adocenado, imitar, carecer de personalidad, Julián Ibáñez ha creado un mundo propio y una voz propia. Lo ha hecho con naturalidad y sencillez, es decir, con inteligencia. Mientras algunos se devanan los sesos queriendo explicar todo con pelos y señales o con estilos alambicados, Julián nos presenta con contundencia a Bellón que va siempre en busca del billete (¿qué más dará que se llame euro?), mientras ve pasar un Peugeot o un Seat (¿qué más dará el modelo?), y entra en un bar (eso sí, puede ser El Menta y Canela, El Elefante Blanco, La cepa o El Alhambra). El narrador solo se explaya cuando las cosas interesan la verdad, como las piernas interminables que muestra la pelirroja de la barra mientras mira sus piernas como si no fueran las suyas.

Bellón, por su parte,  mira al camarero y este enseguida se da cuenta de que debe servir un par de botellines para brindar por el ganador del I Premio Castelló Negre a toda una trayectoria literaria: Don Julián Ibáñez.

                               *Pedro Tejada es director literario del Festival Castelló Negre.

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Pedro Tejada

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