Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Número 76, Opinión, Víctor J. Maicas
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‘El capital en el siglo XXI’, según Thomas Piketty

Por Víctor J. Maicas / Viñeta: Iñaki y Frenchy. Viernes, 12 de mayo de 2017

Víctor J. Maicas

“En el fondo no tenemos ninguna razón para creer en el carácter autoequilibrado del crecimiento. Ya es tiempo de reubicar el tema de la desigualdad en el centro del análisis económico y de replantear las cuestiones propuestas en el siglo XIX. Durante demasiado tiempo, el asunto de la distribución de la riqueza fue menospreciado por los economistas”.

Este es uno de los párrafos que aparecen en la introducción de este libro. Así pues, y tal y como he dicho en muchos de mis artículos, el estudio de la historia no solo nos enriquece culturalmente, sino que además, nos incita a pensar y a reflexionar sobre lo ya sucedido para así intentar no caer repetidamente en los mismos errores.

Y esto, de alguna forma, es decir, analizar el pasado y reflexionar de cara al futuro, es lo que ha hecho el ilustre economista Thomas Piketty en su libro El capital en el siglo XXI. Y lo hace no simplemente con teorías, sino con datos concretos  puesto que ha hecho un magnífico estudio sobre el comportamiento del capital y la riqueza desde la Revolución Industrial. Para ello, analiza con estadísticas y cifras este comportamiento acaecido durante los últimos siglos y extrae una conclusión demoledora: en líneas generales, y exceptuando los llamados “Treinta Gloriosos” (aquellas décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial en donde gracias al “Estado del Bienestar” se conjugó crecimiento y mejoras sociales), las grandes desigualdades entre ricos y pobres siempre han estado presentes en nuestras sociedades y por desgracia los mandatarios han hecho muy poco para evitarlas, por más que algunos se empeñen en hacernos creer lo contrario. Algo que, como acabo de decir, no ocurrió durante esos treinta años en el mundo occidental al redistribuirse la riqueza principalmente por el temor de los dirigentes a que la potente Unión Soviética tentase a la población de estos países si se daba el caso de que sus condiciones de vida no mejoraban.

Pero con la caída de la URSS volvieron a acrecentarse las desigualdades sociales alentadas por la revolución conservadora iniciada por Reagan y Thatcher, que a día de hoy ha situado de nuevo a determinados Estados en los niveles de desigualdad de hace un siglo, algo que podrán observar en las muchas gráficas y estadísticas que aparecen en este libro. Un libro, evidentemente, que debería ser de lectura obligada para todo el mundo, o al menos para esa parte de la ciudadanía que, como ya dije en uno de mis  artículos titulado ¿Queremos que se nos tenga en cuenta o ser simples comparsas?, quiere que se le tenga en cuenta y no ser una simple comparsa. Pero para que se entienda mejor la idoneidad de leer esta gran obra (el premio Nobel de economía Paul Krugman la ha calificado como “el mejor libro de economía del año, y quizá de la década”), les transcribo otro párrafo del propio libro (de ahí que lo destaque en negrilla y entrecomillado):

“Me parece que los investigadores en ciencias sociales de todas las disciplinas, los periodistas y los comentaristas de cualquier medio, los militantes sindicales y políticos de todas las tendencias, pero principalmente todos los ciudadanos, deberían interesarse seriamente por el dinero, su comportamiento, los hechos y las evoluciones que lo rodean. Quienes tienen mucho nunca se olvidan de defender sus intereses. Negarse a usar cifras rara vez favorece a los más pobres”.

Sí, Piketty, nos incita a estudiar, a debatir, a reflexionar. Y por último, a sacar conclusiones. Unas conclusiones que él mismo también nos ofrece a nivel particular y que, con todo lo analizado, concluye de la misma forma que lo estamos haciendo muchos desde hace también mucho tiempo a través de nuestros escritos, es decir, que la única forma de tener una sociedad digna y democrática es apostando por el Estado del Bienestar (el “Estado Social” como él le llama), y que mantenerlo está al alcance de todos a través de muchas medidas económicas pero, sobre todo, por medio de un impuesto al gran capital (es decir, a los que más tienen). Y es que incluso los más pudientes se verán también afectados en última instancia si esa brecha entre ricos y pobres no se reduce o, peor aún, si se sigue agrandando debido a las erróneas políticas económicas que se están llevando a cabo.

Por lo tanto, El capital en el siglo XXI va mucho más allá de ser solo un libro de economía pues nos introduce en el mundo de las humanidades y del pensamiento (Piketty ha sido considerado como uno de los cien pensadores globales más influyentes), algo que se puede apreciar claramente en algunos de los párrafos de este libro, y que a continuación les transcribo:

“Durante demasiado tiempo los economistas han tratado de definir su identidad a partir de sus supuestos métodos científicos. En realidad, esos métodos se basan sobre todo en un uso inmoderado de modelos matemáticos que a menudo no son más que una excusa para ocupar terreno y disimular la vacuidad del objetivo”.

“Digámoslo muy claro: la disciplina económica aún no ha abandonado su pasión infantil por las matemáticas y las especulaciones puramente teóricas, y a menudo muy ideológicas, en detrimento de la investigación histórica y de la reconciliación con las demás ciencias sociales. Con mucha frecuencia, los economistas se preocupan ante todo por pequeños problemas matemáticos que solo les interesan a ellos, lo que les permite darse, sin mucha dificultad, apariencias de cientificidad y les evita tener que contestar las preguntas mucho más complicadas que les hace la gente que los rodea. Ser economista universitario en Francia tiene una gran ventaja: los economistas son poco considerados en el seno del mundo intelectual y universitario, al igual que entre las élites políticas y financieras. Eso los obliga a descartar su desprecio hacia las otras disciplinas, y su absurda pretensión de poseer una cientificidad superior, cuando en realidad no saben casi nada sobre ningún tema”.

“Para tratar de ser útiles me parece que los economistas deberían aprender sobre todo a ser más pragmáticos en sus opciones metodológicas, a no escatimar, en cierta forma, y acercarse así a otras disciplinas de la ciencias sociales. Y a la inversa, los demás investigadores en ciencias sociales no deben  dejar el estudio de los hechos económicos a los economistas y echarse a correr en cuanto ven un número”.

“En realidad, la economía jamás tendría que haber intentado separarse de las demás disciplinas de las ciencias sociales, y no puede desarrollarse más que en conjunto con ellas. Se sabe muy poco en las ciencias sociales como para dividirse absurdamente. Para progresar en temas como la dinámica histórica del reparto de las riquezas y la estructura de las clases sociales, es evidente que se debe proceder con pragmatismo y emplear métodos y enfoques utilizados tanto por los historiadores, los sociólogos y los politólogos, como por los economistas”.

“Los investigadores en ciencias sociales, como, por otra parte, todos los intelectuales y principalmente todos los ciudadanos, deben participar en el debate público”.

“Es posible, e incluso indispensable, tener un enfoque a la vez económico y político, salarial y social, patrimonial y cultural”.

“No concibo otro lugar para la economía que como una subdisciplina más de las ciencias sociales, al lado de la historia, la sociología, la antropología, las ciencias políticas y tantas otras”.

En efecto, es un libro de economía que va mucho más allá, pues en cierto modo a través de estas frases del propio autor que les acabo de transcribir, ustedes ya habrán podido comprender que el verdadero motivo de este libro no es solo explicar, por decirlo de alguna forma, las cifras macroeconómicas de nuestra propia historia, sino hacer ver al resto del mundo que el equilibrio solo se mantiene redistribuyendo aunque sea mínimamente la riqueza, tal y como sucedió en esos “Treinta Gloriosos” ya comentados anteriormente.

Así pues, en algunos de mis próximos artículos les seguiré hablando de este libro y de esos temas que nos competen a todos para intentar crear una futura sociedad digna y equilibrada, y para ello les dejo con otra frase que Thomas Piketty plasma precisamente en este libro:

“Para retomar el control del capitalismo, verdaderamente no hay más opción que apostar por la democracia  hasta sus últimas consecuencias”.

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IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

 

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