Humor Gráfico, Luis Sánchez, Número 75, Opinión, Víctor J. Maicas
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Viva la señora marquesa… ¡Y olé!

Por Víctor J. Maicas.  Viñeta: Luis Sánchez. Viernes, 28 de abril de 2017

Víctor J. Maicas

Según parece, hay un 0,01 por ciento de personas que dominan a su antojo el mundo en términos económicos, pero sin embargo esto no ha originado grandes protestas entre el resto de la población. Y eso que hace un tiempo se dio la noticia de que en Grecia, un país del llamado primer mundo, empiezan a haber niños que se desmayan en el colegio por falta de alimentos.

Aunque en un principio pueda parecer un título demasiado folclórico para un artículo, pienso que tras leerlo muchos comprenderán claramente hacia dónde va dirigida mi indignación e ironía.

A pesar de la modernidad actual y de los constantes avances tecnológicos que se han producido en los últimos años, es curioso comprobar cómo la mentalidad humana, al menos en lo que se refiere a la equidad y a la justicia social, apenas ha avanzado en las últimas décadas.

Supongo que muchos de ustedes habrán leído o, en su defecto, habrán podido visualizar a través del cine esa magnifica obra titulada Los santos inocentes, en la cual el gran Miguel Delibes describía no sólo la miseria de la posguerra, sino también esa prepotencia e inmoralidad que caracterizaba a mucha de la gente con poder y recursos de aquella época.

Pero concretamente, en este artículo quiero resaltar aquella imagen en la que, de alguna manera, se vitoreaba alegremente a la señora marquesa por ofrecer unas monedas a los campesinos como consecuencia de una celebración familiar de los señores. Sí, la señora marquesa era muy generosa, tanto que era capaz de ofrecer al “populacho” unas monedas sin que estos, en ese momento, le ofrecieran nada a cambio. Evidentemente, y si ustedes recuerdan tal secuencia, muchos estarán de acuerdo conmigo en que no eran unas simples monedas de caridad lo que se merecían aquellos “esclavizados” campesinos, sino unos salarios justos en el día a día cotidiano y unas condiciones de vida infinitamente mejores a las que tenían, sobre todo viendo la gran desigualdad social existente entre los señores (que no daban un palo al agua) y ellos mismos (que con su sudor eran realmente los que mantenían con vida los verdaderos engranajes de aquella sociedad).

Pues bien, no hace mucho, quizá algunos de ustedes vieron por televisión un reportaje en el cual algunos ricos de EE.UU decían, en una de esas deslumbrantes fiestas benéficas a las cuales tanto les gusta asistir exhibiendo sus joyas, que ellos donan su dinero a quien quieran, dando a entender, como en innumerables ocasiones han expresado de viva voz, que una de las peores cosas que puede haber en una sociedad es pagar impuestos.

Así es, en pleno siglo XXI parece ser que en el fondo muchas sociedades todavía siguen aceptando la caridad frente a la justicia social, o lo que sería lo mismo, el capricho de un rico para donar unas monedas a cambio de parecer muy generoso, frente a esa obligación moral de justicia en la cual ese donativo que él cree que ya es más que suficiente, se convertiría en realidad en una pequeña parte de lo que por equidad y sentido común le correspondería pagar, pero insisto, no por caridad, sino por lógica y moralidad con respecto a esa sociedad en la que vive y que realmente tanto le ha dado (¡ah!, y aún así, cabe resaltar que pagando esa parte proporcional de impuestos seguiría siendo inmensamente rico, pues no es cuestión de ir contra la gente pudiente, sino que de lo que verdaderamente se trata es de eliminar toda la pobreza posible a través de unos impuestos proporcionalmente justos según los beneficios de cada cual).

Pero curiosamente, no se ven grandes manifestaciones denunciando esto, sino que la apatía o una cierta  indiferencia son las que dominan este tipo de cuestiones. Así pues, hoy en día ya no existe analfabetismo como en aquella época, pero eso no significa que hayamos incrementado la capacidad de pensar y razonar sobre todo aquello que sucede a nuestro alrededor. En la actualidad, y por poner un simple ejemplo, un joven recién licenciado en exactas sabrá mucho de matemáticas, pero si por él mismo no se sigue cultivando e informando para intentar averiguar el porqué de las cosas, descubriremos que cuando llegue a la madurez posiblemente será un gran especialista en una materia en concreto, pero respecto a la realidad existente en el mundo, muy probablemente será una especie de “nuevo analfabeto”.

Sí, estoy convencido de que hay que seguir cultivándose día a día para poder tener el suficiente conocimiento y criterio para de esa forma valorar todo aquello que “los poderosos” nos proponen y para, evidentemente, que no nos den gato por liebre, tal como sucedía en la España franquista y, en cierto modo, tal como sigue sucediendo en la actualidad.

Y es por todo lo dicho, por lo que a veces todavía tengo la impresión de estar viviendo en aquella vieja España de charanga y pandereta que tan bien definió Antonio Machado, o incluso Berlanga en aquella magnífica  película titulada Bienvenido Mister Marshall. Sí, posiblemente con este tipo de apatía y actitud todavía estemos vitoreando metafóricamente a los reyes, condes y marqueses, aunque cambiando lógicamente los títulos nobiliarios de antaño por el gran poder de los títulos bursátiles de hoy en día.

En efecto, ellos son la nueva nobleza, una nobleza disfraza de “mercados” que, de vez en cuando, ofrece algunas limosnas para ocultar su verdadera imagen a la incauta y poco informada ciudadanía de hoy en día.

Por cierto, que no respiren aliviados la mayor parte de los ciudadanos no españoles, puesto que esto es exportable a casi todos los países del mundo (excepción hecha de algún que otro país del norte de Europa… al menos de momento).

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Luis Sánchez

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