Diego Carcedo, Humor Gráfico, Igepzio, Número 74, Opinión
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PSOE recobra la unidad perdida

Por Diego Carcedo / Viñeta: Igepzio. Viernes, 14 de abril de 2017

Diego Carcedo

Si en el PSOE creyesen en poderes sobrenaturales hoy estarían presumiendo del milagro póstumo obrado por Carme Chacón. Su muerte precoz y repentina ha conseguido que los socialistas recobrasen la unidad perdida desde hace algunos meses. Bien es verdad que de momento; sólo ha sido por unas horas y en circunstancias inadecuadas para expresar alegrías: tuvieron que reunirse en torno al féretro de una compañera querida y valorada aunque, también hay que decirlo, no siempre comprendida ni respaldada en sus legítimas ambiciones, para reflexionar sobre sus guerras absurdas y comprender que la unidad es difícil pero posible.

Quizás cumpliéndose esa triste expresión popular de que no hay mal que por bien no venga, la muerte de Carme Chacón ha dejado como herencia a sus sucesores esa imagen de su velatorio que les demuestra que la unidad que últimamente muchos viven empeñados en destruir es, además de posible, necesaria: necesaria primero para España, y segundo, siempre en segundo lugar, para el propio Partido. Esto pienso que conviene recordarlo de vez en cuando porque cada vez más la mayor parte de las organizaciones políticas lo olvidan. Basta seguir de cerca sus debates internos y sus empeños y ambiciones personales para observarlo.

Cada vez los partidos pierden más tiempo en sus luchas internas en detrimento del que deberían emplear en analizar y debatir los problemas que afectan a la sociedad, en conocer sus necesidades y en buscar las soluciones para luego proponerlas a la consideración general. En España, y lo hemos visto en las últimas convocatorias electorales, hace mucho tiempo que no vemos o escuchamos una propuesta política llamativa, un objetivo de mejora social digno de entusiasmar ni un plan para afrontar cuestiones importantes para el bienestar de las personas y para el futuro de las nuevas generaciones. Tal parece que lo único que importe es si Podemos será liderado por Iglesias o Errejón o quién será el próximo secretario general del PSOE o las relaciones entre Cospedal y Santa María en el PP.

Mientras tanto, otros siguen enfangados en la corrupción, de la que nadie se libra aunque también con unos márgenes de desigualdad, habilidad y persistencia en la apropiación de lo ajeno elevados. La corrupción que tanto afecta a algunos partidos ha generado una imagen pésima de la honrosa actividad política que la llena de oprobio ante la opinión pública y la encarrila por la senda fácil de la delación y la reyerta del “y tú más” con que los partidos la abordan. Está bien, desde luego, que los partidos vigilen la honradez colectiva, incluidos sus adversarios, pero sobra que la conviertan en su manera exclusiva de disputarse votos. Mejor sería conseguirlo con argumentos.

La corrupción, que según el CIS cada vez preocupa más a la gente, cosa lógica, debería ser abordada por el Tribunal de Cuentas, por las policías, las fiscalías y los jueces sin interferencias ajenas, sin tener que someterse a dependencias o gratitudes, bajo el ojo atento de las cámaras legislativas y la atención de los medios de comunicación para denunciarla. Y, mientras tanto, los partidos, por supuesto sin bajar la guardia sobre la actuación de los demás y la situación propia, a pensar, analizar, generar ideas, crear propuestas, aportar soluciones y voluntad de alcanzarlas. Carme Chacón ha dado ejemplo. Sus compañeros se lo han reconocido con un destello, de momento fugaz, de la unidad que necesitan para trabajar juntos.

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