Francisco Saura, Número 75, Opinión
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La gran fosa

Por Francisco Saura. Viernes, 28 de abril de 2017

@pacosaura2

Al cruzar los siglos, las generaciones, las décadas, e incluso los años, siempre hubo gente que tenía razón o quería tenerla, querámoslo reconocer o no. Esa convicción de tener razón fue acompañada muchas veces del error y otras del horror. A lo largo de la historia, los vencidos pudieron demostrar sus razones en la inmensa variedad de cadalsos que silenciaron sus voces para la eternidad. Pero siempre pervivió la razón de la derrota transmitida oralmente o mediante escritos que con el tiempo terminaron viendo la luz. La derrota era uno de los síntomas que conducía a la razón. La mano que sostenía la antorcha, el hacha o ejecutaba los mecanismos de la horca, la guillotina o el garrote vil, por citar algunas de las herramientas para matar, sostenía también la espada, la cruz, la menorá o llamaba a la oración desde el minarete. Pero a estas alturas resulta aburrido hablar de los derrotados: sus huesos se pudren en los meandros de la historia y solo queda que el limo de las riadas acabe por subsumirlos en el vacío absoluto del olvido. En realidad, la historia de la Humanidad debería ser la crónica de las derrotas de la gente que persistió en el error de creer que la forma de organizar las cosas de este mundo no era razonable. Ni razonable ni aceptable. El cultivo de ideas heterodoxas en el páramo de la desigualdad social no obtuvo buenas cosechas durante siglos. Cuando parecía que una flor era fecundada y prometía un fruto sabroso e igualador, un huracán de bombas, torturas y destrucción la marchitaba inexorablemente.

Del árbol florido de cierta historia, se podaron ramas secas de las que colgaban cientos de cadáveres que erraron por los siglos porfiando su herejía. Perdedores o derrotados se les llamó. Ni siquiera cuando sus ideas triunfaron siglos después se les reivindicó. No hubo un de Vries que rescatara del olvido a Mendel. La ciencia se permite lujos que la miseria humana nunca deseará como propia: la decencia.

La gran fosa común del Siglo XX superó miles de veces las excavadas en los siglos y milenios anteriores. Europa es el continente de las cicatrices. Tal vez no haya un kilómetro cuadrado del continente en el que, en algún momento de su historia, no se haya derramado sangre. Vasili Grossman escribió, refiriéndose al exterminio del pueblo judío, que “los SS del Reich procedieron en el campo de concentración polaco (se refería a Treblinka) exactamente como si se tratara del cultivo de coliflores o de patatas”. En un momento concreto, cuando la Gran Guerra se convirtió en una picadora humana y los siervos del Imperio Ruso no pudieron soportar la muerte en vida, las ideas de emancipación social germinadas siglos atrás se abrieron paso entre la violencia permanente, y supuestamente llegaron, enarbolando banderas rojas y llamamientos al internacionalismo y al socialismo, al poder. Un sueño que terminó en terror. No hay lectura más estremecedora que Vida y destino de Grossman. Una novela que parece escrita en susurros, en las que los diálogos son susurros o simplemente silencio. Una novela en la que el miedo, la resignación, el cansancio absoluto llena sus páginas. Si hay dos países gemelos en sus padecimientos intelectuales, éticos, morales, son la Unión Soviética de Stalin y la España de Franco. Leyendo a Grossman uno se puede imaginar los interiores de las casas de los años cuarenta y cincuenta de España. Si el comunismo soviético quiso crear el hombre nuevo y solo obtuvo muerte, miedo y silencio, el franquismo erradicó hasta su raíz la europeización de un país gobernado por una casta medieval. Basta leer La Gallina Ciega de Max Aub para entender que no se trata solamente de abrir todas las fosas comunes para cicatrizar las heridas. Hay que quitar también los candados que se pusieron a los corazones, a la razón, a la palabra.  Todavía hoy en día el “oír, ver y callar” se escucha con frecuencia. Tal vez alguna vez dejemos de escuchar opiniones que insultan a la razón y que sin embargo nos parecen razonables, tal vez alguna vez el pensamiento medieval no sea lectura de mesilla de noche de los creadores de opinión de este país. Vasili Grossman es un escritor español. Lean si no Vida y Destino. Llamen Pérez o Martínez a sus protagonistas y sepan lo que fue el franquismo.

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