El Arruga, El Koko Parrilla, Humor Gráfico, Jose Antequera, Número 75, Opinión
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El gusano

Por José Antequera. Viñeta: El Koko Parrilla y Elarruga. Viernes, 28 de abril de 2017

@jantequera8

Científicos españoles (todavía queda alguno por ahí) han descubierto un gusano que se come el plástico en lo que parece ser el invento último y definitivo para acabar con la contaminación de los derivados del petróleo. Los investigadores, en un alarde de creatividad literaria, han bautizado al voraz animalito como “gusano comeplásticos”, que también hay que ser pobre de imaginación. Aristóteles le echaba mucho más ingenio a la hora de colocarle el latinajo a una especie. Uno, que de ciencia solo sabe las cuatro reglas y poco más, no deja de asombrarse ante los logros de la tecnología. La ciencia es que avanza una barbaridad.

Pero ahora que ya sabemos que un gusano es capaz de meterse entre pecho y espalda toneladas de plástico tóxico deberíamos ir mucho más allá, hasta encontrar un bicho capaz de comerse toda la corrupción que contamina nuestro país. La Justicia, precaria de recursos y politizada por el Gobierno como está, jamás podrá resolver el problema de la basura política por sí sola, pero con un gusano tragón de esos el problema se terminaba en un cuarto de hora. Si nuestras mentes pensantes del CSIC consiguen hallar un gusarapo al que le prive la mugre hedionda de la corrupción, asunto resuelto. Sería mejor que un milagro. Ya lo que decía Henry Miller: si puedes ser un gusano, también puedes ser un dios. Así podríamos coger al bicho formidable y metérselo a Ignacio González en su ático babilónico de Estepona, para que vaya corroyéndole las alfombras persas, las cortinas de seda y las figuras de Lladró, que todo ricacho hortera tiene una en el salón. Más tarde podríamos agarrar al gusano insaciable, introducirlo subrepticiamente en el despacho de la felizmente dimitida Espe Aguirre, y que fuera merendándose, una tras otra, cada rana corrupta que la lideresa tiene metida en el cajón sin que ella sepa nada. Con un buen escuadrón de la muerte formado por esos gusanazos legionarios dispuestos a comérselo todo dejábamos España más limpia y reluciente que el ojo nuevo de cristal de Carlos Fabra, que se ha quitado veinte años y parece un chavalín con ese nuevo look teenager que se gasta ahora. Hay que ver lo que rejuvenece una cárcel española, ni el Balneario de Archena con sus baños turcos, sus hidromasajes de aguas termales y sus sesiones de chocolaterapia. Y ya puestos, si viéramos que la Fiscalía Anticorrupción y la Audiencia Nacional se ven desbordados ante tanto escándalo, tanto juicio y tanto navajero político como hay suelto, podríamos coger un buen puñado de gusanos prodigiosos y comilones y soltarlos por las tuberías del Canal Isabel II, que por allí ya no circula el agua sino billetes de quinientos, y que vayan tragando. O meterlos sin que nadie los vea en el despacho del ministro Catalá, que es una ciénaga pestilente, viscosa y toda emponzoñada de turbiedades, fangos, inmundicias y cochambre política. El despacho canicular del ministro es una cochinada de escándalos, una guarrada, y sería un caldo de cultivo ideal, un hábitat perfecto para nuestros gusanos laboriosos.

Con unas cuantas larvas dándose un festín que ni Chicote entre los escándalos de papel que brotan como setas por donde quiera que pisa Catalá, dejaríamos el despacho del ministro limpio como una patena y los gusanos hasta se quedarían a vivir con él para hacerle compañía, que los grandes hombres siempre están solos y preocupados por que se cierren pronto todos sus “líos”. Sin duda, en el invernadero pútrido del Ministerio de Justicia los gusanos crecerían felices y contentos, unos gusanos hermosos, rollizos, con alimento suficiente de casos para ir haciendo boca durante años. Los gusanos, que son seres inteligentes (por algo son gusanos científicos de laboratorio) pronto se reproducirían y treparían lentamente por los muros de Génova 13, hasta llegar a la planta del jefe Mariano, al que no le vendría nada mal un batallón de esos anélidos glotones para hacer limpieza en el partido. Nos habían hablado tanto de la inteligencia artificial, de los drones y robots, que ya no reparábamos en los pacíficos y funcionariales gusanos de toda la vida, seres de confianza que están en el mundo desde el Jurásico por lo menos, y que son mucho más ecológicos, baratos y eficientes que la UDEV. Uno cree que al paso que avanza la ciencia, más pronto que tarde no harán falta jueces, ni fiscales, ni inspectores de Hacienda, ni periodistas, ni soplones que destapen la corrupción, ni nada. Bastará con soltar unos cuantos de esos gusanitos especializados, tenaces y valientes para terminar con ella de un solo bocado. Con esos gusanos trabajando a destajo, día y noche –gusano animal contra gusano humano–, no harán falta policías ni espías de la UCO para acabar con la plaga. Porque ya lo dice el viejo proverbio español: quien mete la mano le pica el gusano.

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Elarruga

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