Marjo Garel, Número 75, Opinión
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Cú-cú, y la rana tiró la corona al canal

Por Marjo Garel. Viernes, 28 de abril de 2017

@Marjo_Garel

De un país multicolor en 1975 se pasó, a finales del 2010, a otro bicolor, casi imitando a Stendhal, solo que en rojo y azul, dominado por la oligarquía, que dominó siempre, pero cuyas luchas intestinas empezaron a sacar los trapos sucios ¡y qué trapos! del partido dominante.

Inútiles ya sus discursos contra ETA, en los últimos años se han exacerbado contra un partido que, siguiendo con los colores, era mezcla del rojo y el azul: el morado. Todo ello sin dejar de achacar los males del país a los que gobernaron antes que ellos, o sea al PSOE. Invectivas con las que, a modo de escudo protector, pretendieron seguir engañando al pueblo y, verdaderamente, no sé si el pueblo se sintió engañado o colaboró a sabiendas con estas gentes que gustan de charreteras, bandas y medallas, cuando no pasan de charranes, y les votaron una y otra vez. A mayores atracos descubiertos, más votos en las urnas, así hasta el día de hoy, cuando también parece estar implicada la empresa que contabilizaba los votos: INDRA. A saber quién ganó realmente las elecciones, el caso es que han estado demasiados años los maestros o magos del mangoneo, de los sobres en B, de las tarjetas black (fíjense alfabéticamente lo que les gusta a estos señores la “B” que hasta el tesorero se lo buscaron con un apellido que empezaba con esa letra). Y es que cuando un “espabilado” coge la carretera, se acaba el camino y el espabilado sigue corriendo en el mismo sentido.

Hartos de insultar la inteligencia de las gentes, de vaciar los bolsillos de los ciudadanos, de esquilmar a la Administración, de poner la mano para recibir dádivas, así, como por detrás y sin que nadie se diera cuenta, bajaron la guardia (con “G” de Gurtel) y se lio parda y Púnica. Bueno, parda y casi sin consecuencias, que en el mal ejercicio de sus derechos como gobernantes aprovecharon los mandatos para expulsar de la Judicatura a aquellos jueces molestos para ellos  que iban descubriendo poco a poco sus tejemanejes y sus líos dinerarios, colocando a su vez, a juristas afines que jamás ven motivo para que se les encause.

Mientras la ya expresidenta del Partido Popular en Madrid se ufanaba de haber descubierto ella la trama Gurtel, tras el ingreso en prisión de uno de sus “monaguillos”, el señor Granados, implicado por la trama Púnica, dimitió de la presidencia del PP en Madrid a primeros de 2016, aunque hubo un tiempo en que lo defendía a capa y espada. Tocó el turno ahora con el caso Lezo, y esta vez defendió al señor González, el del ático aquel malagueño, que al final está a su nombre o de su esposa, previa ingeniería del paso por varios dueños y distintos países.

Pero se le olvidó a la señora mirar en el canalillo de Isabel II de España, donde las ranas disfrutan a modo, cantando las verdades en las noches, donde cualquiera que le apetezca y quiera puede oírlas. Hete aquí que hubo un señor que después de escucharlas se puso a la tarea y descubrió el juego sucio (digo limpio y lavado en el canal) con que se pagaron las obras, siendo ingresado en prisión el señor González. ¡Ay de mi canal! que se desbordó y arrambla con los políticos en cuestión, hasta el punto de llamar a declarar a la reina no coronada de las ranas.

Y tras declarar la condesa consorte del coche albo y cantar esta vez solo con el agua de sus lágrimas cocodrilenses, no un canto como en la muerte del cisne, más bien como vicetiple, como doble canto, presentó su dimisión como portavoz y concejala del PP en el Ayuntamiento de Madrid, “a las cinco en punto de la tarde”, hora torera, ¡ea! A la vocera impenitente contra Manuela Carmena ¡ay! ¡uy! la habían engañado vilmente y ella, que era la mejor enterada de todo lo que ocurría en el PSOE o en Podemos, resulta que estaba in albis de lo que pasaba en su partido y con la gestión de Ignacio González, a quien ella misma colocó como sucesor para los madrileños. Sí señores, menudo pucherazo, esto ni Lhardy lo supera. Ni siquiera saben preparar un cocido con tantos ingredientes. Y de fijo, tan indigesto.

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